Abr 262011
 

 

OTROS SERES CON QUIEN DEBATIR SOBRE LO HUMANO Y LO DIVINO   

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ENTREVISTA: Tweety y Omerón

Tweety y Omerón, simpáticos cetáceos de la subespecie ‘bottlenose’

Reserva Chulung, Taiwan, 26 de Julio de 2055

A mediados del siglo XIX el descomunal Charles Robert Darwin enfatizó la importancia capital de la comunicación en la supervivencia animal. El vínculo de su categórica afirmación con la celebérrima Teoría de la Selección Natural está servido y ambas se amalgaman de forma taxativa; ¿sobreviven los especimenes con mayor capacidad comunicativa? Es evidente que la información es un factor más para asegurarse la supervivencia. Si un elefante es capaz de avisar a los suyos pateando el suelo, de modo que las ondas sísmicas que genera se transmiten a kilómetros de distancia, advierten al resto de la manada de los cazadores furtivos; tan singular medio para comunicarse les habrá salvado la vida.

A mediados del siglo XX la especie humana comenzó a fabricar máquinas inteligentes, inventando paralelamente la forma de comunicarse con ellas. La revolución informática cambió el mundo y nos hizo evolucionar, no a nivel individual, sino como especie. Paradójicamente la evolución genética darviniana, aunque el pobre Charles no tuviera ni idea de lo que es un cromosoma, se ralentizó con dicha revolución, siendo las máquinas las que “se batieran el cobre” por nosotros en los medios hostiles. Nada de membranas interdigitales o plumas para “optimizarnos” en medios acuáticos o aéreos. Y las máquinas se fueron acercando en silencio a nuestra inteligencia hasta que HALL 9000 nos advirtió desde la ficción que tuviéramos cuidado con ellas, que el hacha tecnológica tenía dos filos.

A mediados del siglo XXI los humanos nos encontramos con un nuevo animalito del bosque, con quien debatir si existe vida en otros mundos, si la materia se condensaba antes del Big-Bang en una cucharilla de café o sopera, si Dios usa tal o cual marca de crema hidratante. Los delfines han aparecido en escena, aunque siempre estuvieron entre bastidores. Un traductor tecnológico ha sido el valedor del milagro. Los cetáceos “bottlenose” nuestros nuevos interlocutores. El bosque de nuestras vidas va ampliando su población y a las ardillitas (robots inteligentes) debemos de añadir los pececitos del riachuelo con quien, como en las fábulas infantiles, podremos charlotear sobre temas diversos.

Lo ocurrido en la reserva marina de Taiwan implica un punto de inflexión importancia cósmica. Por primera vez en la historia nos estamos comunicando con otra especie inteligente, terrestre para desdicha del millón de radiotelescopios que apuntan a las estrellas. Hoy están tristes aunque no deberían: de los delfines aprenderemos muchas cosas y, entre ellas, nuevos esquemas de inteligencia que nos allanarán el camino para comunicarnos con formas de vida extraterrestres, cuando llegue el momento.

El fantasma de Charles Darwin ha emergido de su tumba de piedra y gravita inquieto por la abadía de Westminster, pulula nervioso entre las columnas góticas porque sabe que estamos ante una oportunidad histórica: Comunicarnos con los delfines nos permitirá evolucionar como especie. A las dos. ¿Por qué presiento que, contradiciendo las apariencias, ellos tendrán mucho más que enseñarnos que nosotros?

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(c), 2006 Raymond Gali. Artículo original cedido por la revista Tiempos Futuros Future Times
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