Ene 012016
 
DOS MICROVATIOS: LA SEMILLA DE  ‘HYPATIA Y LA ETERNIDAD’
‘Dos microvatios’ fue el microrrelato ganador del concurso de ciencia-ficción
 del periódico El Mundo el 12 de junio del año 2002 (Seudónimo, H. Freeworld)
Además, fue el germen, la semilla que inspiró a su autor, Raymond Gali,
para escribir su novela Hypatia y la eternidad
Carlomagno - Hypatia y la eternidad - Raymond Gali

Carlomagno – Ilustración de “Hypatia y la eternidad”

La Confederación de Mundos Inteligentes incluye a la Civilización Terrestre en la lista de Microinjerencias Controladas Aceleradoras Evolutivas para así asimilarla como miembro lo antes posible. Estudia su Historia y detecta en qué punto exacto el insignificante microvatio de energía autorizado provocará el cambio mundial que, por progresión geométrica, acelerará más su desarrollo tecnológico. Año 47 AC: La Biblioteca de Alejandría se salva de la quema porqué una fuerza desconocida apaga la primera chispa. Miles de volúmenes salvaguardados. Año 722 DC El Cyberpapa Adriano I manda un email a Carlomagno para que le defienda de Desiderio en plena Era De La Luz. Algo evita la batalla en Italia. Desiderio recibe un SMS en su móvil que le disuade: “Rendíos o morid 🙁 Carlomagno”.

(c), 2002 Raymond Gali. Relato cedido por la revista Tiempos Futuros Future Times.
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Dic 312015
 
LA CONDICIÓN HUMANA: ASIMOV EN MI CORAZÓN
‘La condición humana’, de Raymond  Gali, fue el microrrelato ganador
del concurso de ciencia-ficción del periódico El Mundo
el 10 de junio del año 2002,  bajo el seudónimo Telémaco Moon 1.
 
La condición humana - Raymond Gali

¿Sonrisa? de la Gioconda

Lágrimas surcan mi rostro mientras los ecos de deliciosos acordes se erigen como la banda sonora de mi triunfo mundial. Tras miles de especimenes analizados en toda una vida, concluyo mi trascendental estudio y sin duda el más completo hasta la fecha, afirmando que ningún robot o ser artificial poseyó, posee o poseerá el más mínimo rasgo que lo identifique con la condición humana. Seis mil folios avalan minuciosamente, con el método científico, dicha afirmación; jamás podrá ser rebatida por mis detractores a los cuales, perdono pero no olvido sus calumnias. Doble angustia e incertidumbre; ¿viviré para ver publicado mi trabajo? Si no es así, ¿simplemente me espera la no-existencia? El sueño de la inmortalidad llama anhelante a mi puerta. Te ama, ISC9000.

(c), 2002 Raymond Gali. Relato cedido por la revista Tiempos Futuros Future Times.
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Dic 302015
 
LO SIENTO, HAWKING: LOS HUMANOS DEL MUNDO FUTURO
 
‘Lo siento, Hawking’, de Raymond Gali, fue el microrrelato ganador
del concurso de ciencia-ficción del periódico El Mundo
el 15 de junio del año 2002,  bajo el seudónimo Telémaco Moon 2.
 

Los genios también se equivocan

EXTRACTOS DE LA ENCICLOPEDIA GALÁCTICA. AÑO 2109. VOLUMEN XXVII. PÁGINA 63218: …el mítico Stephen Hawking siempre sostuvo que jamás sería posible: los viajeros procedentes del futuro ya estarían allí.[…]pero el doctor Moon descubrió los axiomas matemáticos y físicos que permitían el Viaje Temporal. La conmoción mundial en Tierra y universal en Colonias de Luna, Marte, Ganímedes y Titán no tuvo precedentes. Se legisló al respecto rigurosamente para evitar paradojas que condujeran a que la civilización dejara de existir.[…]PRIMERA PRERROGATIVA: Jamás se modificará el pasado, sólo podrá observarse. Las primeras Sondas Observadoras eran rudimentarias y por problemas energéticos no podían permanecer en la invisibilidad todo el tiempo. Luego esto se solventó. La forma geométrica de los primeros prototipos tenía forma de disco o plato…

(c), 2002 Raymond Gali. Relato cedido por la revista Tiempos Futuros Future Times.
 
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Ago 062014
 
‘GRACIAS, ÓSCAR’: MENOS MAL QUE WILDE ESTUVO RÁPIDO
Con ‘Gracias, Oscar’,  Raymond  Gali participó en el concurso
de microrrelatos ciencia-ficción del periódico El Mundo
en junio del año 2002.
Woody Allen en la nave nodriza

Woody Allen en la nave nodriza

Einstein afirmó: -Todo es relativo incluso el tiempo-Pero Mozart no escuchaba, sólo tarareaba…

Tagore aseveró-Amadeus, no necesitamos música; la poesía es el eco de la melodía del universo en el corazón humano- Leonardo tomaba compulsivamente notas junto a maravillosos bocetos de los asistentes.

La nave nodriza viró hacia el Planeta. Todo dispuesto para enviar a los alienígenas camuflados y entrenados para influir en su Historia Universal. ULTIMAS LANZADERAS: ESCRITORES.

Márquez-¿pero no ibas hacia el futuro?

Asimov-No, tengo que explicarles cómo será éste. Oye, ¿quién es el neurótico agarrado a la pierna de Rabindranath?

Márquez-Es el modelo experimental dónde se hacen las mezclas.

Woody-No tendría que estar aquí. Me recordáis a dos tipos que conocí en Nueva York

Entonces Wilde, sonriendo, ordenó maliciosamente:-Atraviesa el umbral. Tú te vienes.

 

(c), 2002 Raymond Gali. Relato cedido por la revista Tiempos Futuros Future Times.
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May 272011
 
UCRONÍA: ÓSCAR WILDE Y LOS 266 KELVIN

Noticia Futurista: ‘Resucitan’ al primer ser humano, criogenizado hace veintidós años

Oscar Wilde - Especulación Científica - Raymond Gali

Ucronía: Primavera londinense de 1890. El mítico escritor dublinés patina sobre un lago de hielo de Hyde Park, inmortalizado por Monet dos décadas antes. El piso blanco se resquebraja inclemente a su paso cuando se cerciora de que no habrá testigos del “geniocidio”. “Para probar la realidad hay que verla en la cuerda floja; cuando las verdades se vuelven acróbatas es que podemos juzgarlas” quizá es el último pensamiento del genial autor. La descarnada realidad de la muerte sobrevenida penetra en él cuando la pesadilla remota del funanbulista que cae del cable la convierte en verdad incontrovertible. El óleo de su colega galo no cambia, no se modifica merced a arcana nigromancia procedente del inframundo; en la pintura, los afables viandantes del parque no corren prestos al escuchar sus alaridos de ayuda, que le igualan por única vez al resto de los mortales, puesto el cuarto Jinete del Apocalipsis es miope y no distingue intelectos ni oropeles cuando le toca enarbolar la guadaña. Dorian Gray muere dentro de su mente antes que su pluma le dé la vida. El bucólico cuadro del impresionista no muta, ni las sombras de color malva, ni los edificios victorianos al fondo, ni el cielo de plomo descarga su ira, furibundo por la pérdida. Pero algo sí cambia…¡la historia! El cuerpo ya inanimado desciende lentamente hasta el fondo del lago, por el lastre de sus bolsillos o por el peso invencible de su brillantez, que hasta neutralizada actúa inconscientemente en su dirección. El hielo en superficie restaña sus heridas, Óscar Wilde es dado por desaparecido, la historia registra su deceso, los vivos acusan un hueco imposible de rellenar…

Monet Hyde Park - Oscar Wilde - Especulación Científica - Raymond Gali

Claude Monet, Hyde Park Londres, 1.871

… Pero un inusual frío glaciar irrumpe brusco procedente del Mar del Norte, pidiendo a gritos su protagonismo en esta ucronía, con Eolo soplando haces helados, con Poseidón embraveciendo las aguas que finalmente decide congelar. Al cabo de unos días un bloque abrupto emerge a la superficie en medio del deshielo. Se trata del bloque del que Michelangelo confesó al Papa Alejandro VI, “No creo que haya nadie capaz de esculpir algo en este trozo de piedra mal hecho” y del que luego extrajo su “David”. Pero este difiere del de el cinquecento florentino que ya poseía en su interior un adonis esculpido, pero no físico sino mental, no en mármol sino recortado en el hielo. Y como diría el propio escritor “en la feroz lucha por la existencia queremos tener algo duradero…” por lo que sin comprender ni porqué ni para qué afamados científicos de finales del XIX deciden conservar así al mago del ingenio, en sus groseros laboratorios, pero con la tecnología suficiente como mantener constante la temperatura de un enorme bloque helado con un arquitecto de las sutilezas dentro. Y generaciones visitan al celebérrimo escritor hibernado, y se horrorizan de su único fotograma con rictus indecoroso, que se ha convertido en una obra de arte en sí mismo, fundiendo en un sólo concepto objeto y sujeto, haciendo terriblemente literal su máxima “todo arte es a la vez superficie y símbolo”. Y el vodevil se prolonga mucho más de un siglo, hasta que a un sabio o un loco se le enciende en su cabecita la llama que derretirá el hielo y resucita al hombre, hacedor de sinfonías semánticas, muñidor de epigramas jamás concebidos. Y quizá, emulando la rana denominada Sylvática, canadiense y experta en el arte de la criogenia, que da conferencias al respecto en los Mundos Exteriores, el autor universal nos sorprende a propios extraños con la arquitectura bioquímica con la que ha sido obsequiado a su cerebro; quizás su lengua viperina y sulfurosa en su primera vida así como sus ventosidades dialécticas, la dulzura en potencia que reside en sus neuronas para diseñar descripciones irrepetibles, la embriaguez sublime de su mente actúan como dimetil sulfóxido, glucosa modificada y glicerol o sustancias criopresenvantes que obran el milagro.

Rana Sylvatica - Oscar Wilde - Especulación Científica - Raymond Gali

Rana Sylvatica

Y entonces Óscar Wilde vuelve de la muerte, en pleno siglo XXI, para dar más guerra que la pionera en estas lides, el crack viviente recién sacado de la sección de congelados, Juliana de Oosterhout. Y vaya si da guerra en esta época de Huida de las Musas, en la que la creatividad es cogida con dos dedos por la sociedad, como la mortaja de un leproso. Y para empezar la fiesta suelta su célebre “el verdadero misterio del universo es lo visible, no lo invisible”, y cientos de miles de astrónomos dejan de buscar la materia oscura que le confiere coherencia gravitacional al universo y se prejubilan en Benidorm. Y después escribe con más de siglo y medio de retraso su melodrama del hombre que jamás envejeció, pero adaptado a los nuevos tiempos, con un lord Henry que se comunica con él por impulsos cuánticos y digitales en vez de por telegramas, y una sociedad realmente decadente en cuanto a valores que hace idílica la que en mente pretendía criticar en su primera existencia. Y este Óscar Wilde resucitado se ríe de todos nosotros, más chulo que nadie y henchido de sí mismo, con un centelleo luciferino en su mirada, al ordenar esculpir su propia lápida, 1854-1890 2051-?, con doble fecha y único epitafio: “Aquí yace gloriosamente sobre el polvo el hombre que vivió dos vidas, pero que necesitaría mil para condensar la intensidad de la efímera de una libélula, de ese hilo azul, de una amapola, de ese suspiro rojo”.

Lápida Wilde - Oscar Wilde - Especulación Científica - Raymond Gali

Y entonces el genio recién llegado de la Inglaterra victoriana adelanta a todos los hombres y mujeres de su nueva época, ralentizando sus plumas con la vertiginosidad de la suya, devaluando sus egos a meras notas a pie de página, sorteando sus sonrisas vitriólicas llenas de unos y ceros sobre los que se apoyan como muletas sus cerebros cyber-atrofiados. Y entonces renace también Jonathan Swift, pero sólo lo que dura su cita, para decir con voz campanuda y gesto sereno: “Cuando en el mundo aparece un verdadero genio, puede identificársele por este signo: todos los necios se conjuran contra él” Y entonces, precisamente esos necios le matan, claro, otra vez, la definitiva. Y su lápida se queda par con cuatro fechas que dejan boquiabiertos a los estudiantes de la historia futura y los que caminan por el cementerio, y la humanidad no se puede permitir perderle por segunda vez pero se lo permite, porque su memoria es de pez de tres segundos y a otra cosa mariposa, y porque sólo la letra pesa en la volátil existencia humana, aunque todos los trillones de letras reunidas también algún día se convertirán en polvo, cuando ese simpático asteroide decida borrarlas de un plumazo y entonces ya nada importe, ni siquiera si otrora fuimos fieles a nosotros mismos, amamos o no con intensidad o si mantuvimos nuestros triglicéridos a raya.

Dorian Gray - Oscar Wilde - Especulación Científica - Raymond Gali

Dorian Gray

Óscar Wilde dijo “Borrar el pasado puede hacerse. No es sino cosa de olvidar, de lamentar y de retractarse.” Pero lo que no se puede evitar es el futuro” Este futuro inevitable nos suministra la posibilidad de criogenizarnos, de padecer glaciaciones de bolsillo, que alarguen y/o mejoren nuestras vidas… sobre el papel. Antes de sumergirnos en esa Odisea helada calibremos sus consecuencia para que, como diría el maestro, cuando concluyamos que traerá consecuencias nefastas decidamos hacerlo igualmente.

(c), 2006 Raymond Gali. Artículo original cedido por la revista Tiempos Futuros Future Times

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Abr 262011
 

 

OTROS SERES CON QUIEN DEBATIR SOBRE LO HUMANO Y LO DIVINO   

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NOTICIA: Probado con éxito el primer traductor de “lenguaje delfinido”
a través de un ordenador cuántico conectado a un sintetizador.
ENTREVISTA: Tweety y Omerón

Tweety y Omerón, simpáticos cetáceos de la subespecie ‘bottlenose’

Reserva Chulung, Taiwan, 26 de Julio de 2055

A mediados del siglo XIX el descomunal Charles Robert Darwin enfatizó la importancia capital de la comunicación en la supervivencia animal. El vínculo de su categórica afirmación con la celebérrima Teoría de la Selección Natural está servido y ambas se amalgaman de forma taxativa; ¿sobreviven los especimenes con mayor capacidad comunicativa? Es evidente que la información es un factor más para asegurarse la supervivencia. Si un elefante es capaz de avisar a los suyos pateando el suelo, de modo que las ondas sísmicas que genera se transmiten a kilómetros de distancia, advierten al resto de la manada de los cazadores furtivos; tan singular medio para comunicarse les habrá salvado la vida.

A mediados del siglo XX la especie humana comenzó a fabricar máquinas inteligentes, inventando paralelamente la forma de comunicarse con ellas. La revolución informática cambió el mundo y nos hizo evolucionar, no a nivel individual, sino como especie. Paradójicamente la evolución genética darviniana, aunque el pobre Charles no tuviera ni idea de lo que es un cromosoma, se ralentizó con dicha revolución, siendo las máquinas las que “se batieran el cobre” por nosotros en los medios hostiles. Nada de membranas interdigitales o plumas para “optimizarnos” en medios acuáticos o aéreos. Y las máquinas se fueron acercando en silencio a nuestra inteligencia hasta que HALL 9000 nos advirtió desde la ficción que tuviéramos cuidado con ellas, que el hacha tecnológica tenía dos filos.

A mediados del siglo XXI los humanos nos encontramos con un nuevo animalito del bosque, con quien debatir si existe vida en otros mundos, si la materia se condensaba antes del Big-Bang en una cucharilla de café o sopera, si Dios usa tal o cual marca de crema hidratante. Los delfines han aparecido en escena, aunque siempre estuvieron entre bastidores. Un traductor tecnológico ha sido el valedor del milagro. Los cetáceos “bottlenose” nuestros nuevos interlocutores. El bosque de nuestras vidas va ampliando su población y a las ardillitas (robots inteligentes) debemos de añadir los pececitos del riachuelo con quien, como en las fábulas infantiles, podremos charlotear sobre temas diversos.

Lo ocurrido en la reserva marina de Taiwan implica un punto de inflexión importancia cósmica. Por primera vez en la historia nos estamos comunicando con otra especie inteligente, terrestre para desdicha del millón de radiotelescopios que apuntan a las estrellas. Hoy están tristes aunque no deberían: de los delfines aprenderemos muchas cosas y, entre ellas, nuevos esquemas de inteligencia que nos allanarán el camino para comunicarnos con formas de vida extraterrestres, cuando llegue el momento.

El fantasma de Charles Darwin ha emergido de su tumba de piedra y gravita inquieto por la abadía de Westminster, pulula nervioso entre las columnas góticas porque sabe que estamos ante una oportunidad histórica: Comunicarnos con los delfines nos permitirá evolucionar como especie. A las dos. ¿Por qué presiento que, contradiciendo las apariencias, ellos tendrán mucho más que enseñarnos que nosotros?

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(c), 2006 Raymond Gali. Artículo original cedido por la revista Tiempos Futuros Future Times
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Feb 272011
 
 
NOTA: Julio del año 2.057. El telescopio espacial Drake recibe señales inteligentes de una civilización extraterrestre. El mayor hallazgo de la historia de la humanidad (texto original completo: aquí) y convulsión mundial ante tan histórica noticia. Un clon de Hypatia de Alejandría aporta su particular punto de vista al respecto en el siguiente artículo:
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LOS QUARKS DE LA PRINCESA ANDRÓMEDA: UNA APROXIMACIÓN MITOLÓGICA

¿Qué mensaje grita Andrómeda en la gran noche celestial? La hermenéutica tarea de descifrarlo a cargo de los científicos y sus compañeros cuánticos se nos antoja de una complejidad mayúscula. Belerofonte, hijo de Poseidón y Niso, mató a la Quimera a lomos de Pegaso, el caballo alado que heredó de Perseo; pero al hacerlo cercenó también la posibilidad de que el monstruo de cabeza leonina, cuerpo cabrito y cola serpentina siguiera ilusionándonos con cazarla y hacerla cautiva. Desvelar el contenido del todavía impenetrable mensaje extraterrestre puede que mate nuestras quimeras de un universo justo, ecuánime, de civilizaciones civilizadas, eclécticas. Quizá nos decepcione su contenido. No lo creo…Andrómeda, la princesa, la galaxia, como antes decía, irradian belleza, quizá en todos los sentidos.

Perseo, a lomos de Belerofonte, a punto de enfrentarse a la Quimera

¿Qué nos hace pensar que el mensaje encierra datos, información pura y dura? Quizá encierre panegíricos a una pléyade de dioses olímpicos que se encuentren más cerca de ellos, o alegorías cosmogónicasde una beldad insuperable. A lo mejor los generadores de axiomas matemáticos nuevos que produzcan nuevas sensaciones, es decir, los artistas alienígenas, usen las ondas de radio como vehículo para transmitir sus obras, como en otro tiempo los terrestres las colgábamos en un lienzo o en la red.Recogiendo el guante que me tiende mi gran amigo NeoLeonardo, quizá nuestros dioses olímpicos sean los mismos que nos envían el radiomensaje, cuyo advenimiento implicaría la primera toma de contacto entre deidades y mortales, desde Homero y Virgilio. Poner en solfa, poner en tela de juicio nuestros conceptos teológicos es asignatura obligatoria de los científicos, aunque la Verdad que conecta ciencia y dios sea unitaria; unitaria aunque nosotros nos empeñemos en disociar con miope terquedad, dibujando dos realidades disjuntas, como la piedra del conocimiento y la montaña de Dios.

Pero quizá estemos condenados a ser reyes de Corintio-Sísifos-por toda la eternidad, contumaces en el error.  Para empezar pensamos en domeñar la inteligencia extraterrestre, que ni siquiera la retórica ni la lírica puedan probablemente definir. Dejando la mitología griega al margen un momento (o intentándolo, por lo menos) pero sin navegar demasiado lejos del Mar Egeo nos encontramos con la denominada Paradoja de Fermi: “La creencia común de que el Universo posee numerosas civilizaciones avanzadas tecnológicamente, combinada con nuestras observaciones que sugieren todo lo contrario es paradójica sugiriendo que o bien nuestro conocimiento o nuestras observaciones son defectuosas o incompletas”. ¿Somos los seres humanos la única civilización avanzada en el Universo? Eso es lo que postula el principio antrópico, que el complejo equilibrio para que ser produjera vida inteligente sólo se habría dado, por una colosal casualidad cósmica, en la Tierra. Ahora ya sabemos que no y ¡¡Dios mío!! ¡Qué fácil me lo puso el físico italiano Enrico Fermi para rescatar el mito de la caverna, de mi amado, de mi idolatrado Platón: Sólo gracias al conocimiento discerniremos el mundo de las apariencias del mundo real. Como ven, cautiva de la herencia clásica vago encantada por sus mazmorras, en este viaje de ida y vuelta que, en verdad, no me permite escapar de Ítaca.

EnricoFermi

La majestuosa galaxia de Andrómeda, de una casi quinta magnitud aparente desde nuestro hogar, ubicada en nuestra semiesfera celeste entre Delta, Pi y Mu Andromedae, nos ha sorprendido a todos, como sorprendió a Perseo la belleza de la Princesa de Etiopía. El gran cúmulo estelar desgrana quarks (sus proporciones), átomos de pitiminí, como Virgilio églogas, que encierran promesas de civilizaciones inteligentes, de mundos de ensueño. No sé si los científicos se dieron cuenta pero el maravilloso descubrimiento nos ha revelado que el dios Cronos unificó todos los tiempos del universo; al menos, el del emisor de la inextricable señal y nosotros, pues los chicos de Andrómeda podrían nacer, vivir y morir en cuestión de picosegundos, o por el contrario, en miles de eones, que nos hicieran totalmente ininteligibles sus señales por vivir existencias a ritmos muy diferentes. Gracias por ello al más joven de los titanes, el hijo de Gea y Urano. Así que por ello interpretamos su sinfonía de quarks, que por su variedad nos desvelan nuestra propia ignorancia eso si, viviendo al mismo ritmo universal que nuestros “hermanos mayores”.

Andrómeda, galaxia situada a 2,5 millones de años-luz de la Tierra

La galaxia de Andrómeda desgrana quarks, que nos harán renunciar a prejuicios, a ideas decimonónicas sobre la concepción del universo, entendiéndolo mejor, amándolo. Si el universo fuera justo debería haber una simetría, una reciprocidad y la hubo, retroactiva, en la mitología humana: La princesa Andrómeda renunció a todo, incluso a su antiguo prometido Agenor, hermano del rey Cefeo de Etiopía. La princesa Andrómeda, más linda que las Nereidas, bellas ninfas de Poseidón, renunció a todo porque amaba a Perseo hasta con el último quark de su bello cuerpo.

(C) Raymond Gali, 2009

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Ene 282011
 
 
 
NOTA: Julio del año 2.057. El telescopio espacial Drake recibe señales inteligentes de una civilización extraterrestre. El mayor hallazgo de la historia de la humanidad (texto original completo: aquí) y convulsión mundial ante tan histórica noticia. Un clon de Leonardo da Vinci la analiza en el siguiente artículo:
 
¡UNA PIEDRA DE ROSETTA CÓSMICA, POR FAVOR!: UNA APROXIMACIÓN ANTROPOLÓGICA
 

El gran divulgador científico Paul Davis sostenía que la inteligencia, probablemente, es una consecuencia lógica de las leyes de la física y de la química. La astrobiología o exobiología trata de establecer una relación entre el origen del universo y la vida, es decir, entre la cosmogonía y la biología. Tal empresa quizá nos quede grande pero lo que si podemos en comenzar mirando al cosmos, escuchando sus invisibles acordes, que es lo que hemos hecho. Mirar al cosmos es mirar al pasado; vemos las estrellas no como son, sino como eran cuando partió su luz hacia nosotros, por lo que les propongo que hagamos un poco de arqueología galáctica. Mmmh, bueno, empecemos por la terrestre que ya tendremos ocasión de dar ese salto brutalmente cualitativo de forma paulatina: El homo sapiens convivió en Europa durante diez mil años con el hombre de Neandertal. Desde el prisma de este último los encuentros fortuitos con esos “seres superiores” son lo más parecido que nos ha sucedido a los humanos al formidable descubrimiento de inteligencia extraterrestre. La brecha entre nosotros y la civilización que emitió señales, revelando datos íntimos de los quarks, obviamente, es infinitamente mayor que entre nosotros y nuestro robustos pero atolondrados primos cazadores-recolectores. Ninguna noticia científica desde que el hombre empezó a diseñar hachas de cuarzo granulado tiene el calado extraordinario del primer contacto con una civilización avanzada desde la galaxia de Andrómeda: no sé puede comparar con nada de lo sucedido hasta el momento. El paralelismo antropológico, sin embargo, puede servirnos para ilustrar algunos extremos a tener en cuenta ante tan sobrecogedor hallazgo científico; para muchos, el más importante de la Historia Humana.

Algunas preguntas. Muchas respuestas (especulativas). Varias concomitancias. ¿Desde hace cuanto tiempo lleva la señal extraterrestre emitiéndose? Mínimo, dos millones de años. Máximo, ¿eónes? Quizá la civilización que la emitió se extinguió fagocitada por otra superior o autodestruída, hace cinco o quinientos milenios. Desde el punto de vista lógico eso no es muy probable: las civilizaciones superiores no hacen esas cosas tan feas. Andan demasiado entretenidas en desenmarañar la tramoya de todos los universos posibles e imposibles, descifrando cómo funcionan las ruedas dentadas de Dios, o incluso buscando algún puesto en su Consejo de Administración, por lo que tal hipótesis podríamos descartarla. Si la señal no fuera puntual sino persistente en el tiempo podría colegirse que el emisor es insistente en sus objetivos al emitirla… ¿Contactar con otras civilizaciones? ¿Intentaron los homo sapiens contactar con esos vigorosos pero torpes humanos? Pueden que tiraran la toalla a las primeras de cambio, cuando por respuesta los Neandertales se comieran a sus niños, violaran a sus mujeres. ¿Existiría algún punto en común en ambas sub-especies por el que se impusiera la simbiosis? ¿Se encargarían “los listos” de la logística para cazar al mamut imperator y “los fuertes” de brazo ejecutor de sus instrucciones? No parece demasiado probable. ¿Por qué querría contactar una civilización infinitamente más avanzada que la nuestra, con nosotros? ¿Para estudiarnos? ¿Estudiaban los sapiens a los neandertales y los usaban de cobayas? ¿Para unirnos a ellos? Quizá vivimos en un universo en el que lo gregario se impone a las individualidades egoístas.

¿Cómo será el aspecto físico esos seres que nos comentan nosequé desde la galaxia vecina? El obcecado reduccionismo que imperó entre los científicos al buscar vida en condiciones similares a las terrestres fue erosionado y derribado por el descubrimiento de los extremófilos: Seres que nacen, se reproducen, (no sabemos si alcanzan la felicidad platónica o no) y mueren en condiciones extremas de acidez, basicidad, temperatura, presión: Ellos ampliaron enormemente los posibles escenarios donde pudiera surgir vida. Por esa razón y descartada desde hace mucho la Luna, Marte, Titán, entre otros, se convirtieron en objetivos prioritario en la desesperada búsqueda. La lección quedó aprendida y vida basada en el metano, la sílice o en cristales de berilo se antojaron como posibles. Puede que sus radioseñales no fueran emitidas por herramientas tecnológicas avanzadas sino…¡que partieran de su propia biología gracias a una adaptación “darwiniana” ó incluso metamórfica ad hoc! Puede que fueran del tamaño de microbios o que midieran millones de kilómetros de longitud, como enormes soles. ‘Mamá’ lógica nos indica de nuevo que probablemente ambos extremos no sean los indicados, aunque todo es posible. Todo esto implica que con toda probabilidad esos seres sean tan abismalmente diferentes a nosotros, tan alejados del concepto clásico que nos visitarían en preciosos platillos cromados, que si los viéramos apagaríamos los radiotelescopios y no querríamos tratos con ellos, como mínimo, en otro par de eones. En nuestro ejemplo terrestre, un antropomorfismo análogo, quizá contribuyó a fomentar el contacto, a pesar de las obvias diferencias heterocrónicas. Los sapiens veían a los Neandertales como el pariente brutote y entrañable. Éstos a nosotros, como adonis futuristas. Quizás…

Científicos y escritores de ciencia-ficción especularon sobre la posibilidadad de la existencia de vida en Titán, la misteriosa luna de Saturno.

¿Son los emisores de la radioseñal llegada a la Tierra la cima intelectual de todas las confederaciones extraterrestres posibles? Aquí una respuesta firme sustituye las especulaciones timoratas con un enorme NO. Por un lado, y muy probablemente, la emisión de ondas de radio para telecomunicaciones sea un método muy primitivo sólo usado por civilizaciones que se mueven en una estrecha franja evolutiva, a nivel tecnológico. El sapiens tardó medio millón de años en conseguirlo, por lo que no pudo enviar mensajes amigables a sus primos de lóbulos frontales poco desarrollados, de cueva a cueva. Y aunque lo hubieran hecho los neandertales no tenían la tecnología adecuada para recibirlos; las piedras afiladas-sus cuchillos de Dorso-lo más que hacían era despellejar a los mastodontes pero de receptoras de ondas de radio, nada de nada. Mirando al mañana, esculpiéndolo con nuestra imaginación, que es lo que realmente nos gusta: ¿ven ustedes a los humanos del futuro usando tan rudimentaria tecnología? Es como si ahora empleáramos un tam-tam para indicar a nuestra pareja que llegaremos tarde a cenar. Ondas cuánticas, microondas, láser u otros hallazgos físicos todavía inimaginables probablemente serán los medios que usen nuestros remotos descendientes.

Radiotelescopio

Lo cierto es que si nosotros quisiéramos comunicarnos con un neandertal puede que golpeáramos un tambor, intentando que así nos entendiera, descartando por completo la matemática diferencial. De modo que por muy avanzada que sea la civilización emisora su propio método para comunicarse desempeñará, asimismo, la función de filtro, caso de tratarse una prospección de mundos inteligentes. En cualquier caso para nosotros una civilización suficientemente avanzada será totalmente indistinguible del concepto que nosotros tenemos de Dios, derivada que amablemente le cedo a mi querida NeoHypatia de Alejandría, escapando de tal embrollo en sutil finta. Lo que pienso es que los encargados de transmitir señales primitivas, en una dilatada línea de tiempo de casi catorce mil millones de años, no pueden ser ni por asomo los más avanzados; una civilización que nos aventaje cien millones de años puede que se la considere embrionaria en esa descomunal línea temporal, desde el big-bang. Para sentirnos más insignificantes, si cabe, especulo acerca de que los emisores de la señal recién descubierta siquiera sean la especie más avanzada de su mundo. Quizás veinte ó treinta les superen y las radioondas procedan de organismos menores, allá en su Sistema.

Una civilización suficientemente avanzada para nosotros puede ser indistinguible del concepto de Dios

¿Qué mensaje encierra la señal? Ummh. Aquí todo son hipótesis salvo los bits que la integran. ¿Qué se puede decir en 17.345 bits? Este artículo, en lengua castellana, ocupa unos 90.000, para que se hagan a la idea. Esos bits podrían ser casi cualquier cosa, salvo una enciclopedia galáctica detallada, a no ser que el universo sea mucho más sencillo de lo que creemos. El mensaje podría ser desde uno rutinario de descarga de chatarra espacial de un carguero de tercera hasta la explicación definitiva a los interrogantes más ignotos del universo (“42” como alguien dijo jocosamente en una hilarante comedia galáctica que, espero, algún día mis colegas de Tiempos Futuros se dediquen a desmenuzar a fondo). Mi compañera de columna (y de clonicidad) cambia información por belleza…todo puede ser. Frank Drake puso de plazo alrededor del año 2022 para la obtención de señales inteligentes y la cosa se demoró unas décadas. Los límites de 80 años luz alrededor de la Tierra se ampliaron a toda la galaxia-y anejas-y los 2.000 millones de canales simultáneos se multiplicaron por diez mil. La nueva radioastronomía caminaba con paso firme, pero todo esto, prever y dotarse de más medios para la captación de señales eclipsaba el problema al que se enfrentarían los científicos…¡si tenían éxito! Bien, ya hemos encontrado un mensaje de una civilización inteligente. Ahora a ver quien es el guapo que lo traduce. A la niña Rosalina Maryland la humanidad le estará siempre agradecida por su meritoria gesta, identificar el mensaje como tal; pero percibir voces en la lejanía no quiere decir que entiendas lo que gritan. ¿Qué le diríamos a un hombre de Neandertal si nos lo encontráramos por la calle? En verdad, y para ajustar la metáfora sería más correcto irnos al sofisma del naufrago y la botella: Un homo sapiens, atrapado en una isla, lanza cíclicamente unos mensajes al mar sin saber quién los podrá encontrar. Puede que sea, efectivamente, otro humano con una capacidad cognitiva igual ó inferior, pero no estamos seguros. ¿Qué diríamos en esos mensajes? ¿Serían mensajes de socorro? Bueno, sólo si queremos que nos rescaten de nuestra isla. Lo cierto es que si queremos hacernos entender a un amplio abanico de especies deberemos ser llanos en nuestro lenguaje, incluso simbólicos. Lo malo es que nuestro simbolismo más básico quede a años-luz de la capacidad de raciocinio de nuestro receptor. Y eso es lo que me temo que podría suceder con el mensaje extraterrestre. Quizá sólo lo podamos descifrar, y aquí el tercer filtro-tras la capacidad de recepción y de identificación-cuando seamos dignos, tecnológica y socialmente, de entenderlo.

Piedra de Rosetta

Despidamos ya aquí al entrañable Neardental, que tanto nos ha servido durante estas líneas. Viajemos finalmente unos de miles de años al futuro de ese homo del Paleolítico Medio. Los egipcios, constituyendo una de las primeras civilizaciones humanas, nos lanzaron mensajes-todas sus manifestaciones culturales escritas-que no pudieron ser descifradas hasta ayer mismo, en términos históricos. Una piedra de granito negro fue determinante para resolver el enigma: un decreto de Ptolomeo V acuñado por sus sacerdotes de Menfis. Poco importó la retahíla de encomiásticos al rey y el sofrito de dioses que desgranaba el mensaje: Jean-François Champollion y Thomas Young establecieron las equivalencias. Ahora necesitamos urgentemente otra piedra de Rosetta, pero cósmica, para descifrar las señales inteligentes de origen extraterrestre. ¿Quién será el nuevo Champollion?

NeoLeonardo da Vinci

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(c), 2010 Raymond Gali. Artículo original cedido por la revista Tiempos Futuros Future Times
 
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Nov 042010
 

‘DOS ETERNIDADES DE OSCURIDAD SE YERGUEN, ENTRE MI VIDA, UNA RENDIJA DE LUZ, SE CIERNEN’:

SI LOS ROBOTS  INTELIGENTES ESCRIBIERAN ARTÍCULOS . (English version)

“¿Qué fue primero, el huevo o la gallina? ¿Tuvo un comienzo el universo?
Y de ser así, ¿qué ocurrió antes? ¿De dónde viene el universo y adónde va? ”
Stephen Hawking,  “Historia del Tiempo”.

ENCONTRÉ LA Eternidad en el Norte de España, en la que denominan popularmente la villa de las tres mentiras, Santillana de Mar. Sí, la que no es ni Santa, ni llana ni tiene Mar, pero sí poseedora una gran Verdad que, acordándome de Alejandro Casona, no es otra que la rotundidad de su belleza. Ante tal sobredosis de ésta, padecería sin duda el síndrome de Stendhal si la parte cuántica no controlara el hemisferio biológico de mi ser. Camuflado a los ojos legos en los sutiles y enmadejados hilos del Arte, la Colegiata exhibe en algún capitel románico de su claustro un símbolo muy particular. Se trata de un entrelazado diseño geométrico que insinúa la Eternidad en su devenir cíclico e hipnotizante. Asimismo, las hojas de acanto y los albatros también han representado tradicionalmente la Eternidad. ¿Decepción? ¿Alguien esperaba algo más que una representación de “la cosa”? ¿Alguien concebía a un desdentado vendedor de mercadillo medieval vendiéndola al peso, cual concepto tangible y…¡comestible!? “Me pone un cucurucho XXL de Eternidad y dos pequeños para los churumbeles”. Yo, por mi parte, me doy crema hidratante en mi piel artificial, chequeo mi hard-soft a diario para retrasar de modo infinitesimal la desintegración total. ¡Uy! Creo que la confundí con su hermanita pequeña y biológica que es la inmortalidad.

LA ETERNIDAD es otra cosa. Un consuelo de tonto ante mi incapacidad de definirla es tener la certeza que nadie pudo/puede/podrá hacerlo. Algo finito-la mente humana, un ordenador cuántico-no puede si quiera atisbar remotamente nada ni parecido a algo infinito, el tiempo infinito. Por eso el Señor Infinito y…¡más allá! que menta el “gran filósofo” Buzz Lightyear se regodea con hilaridad de nuestras disquisiciones, mientras que la Señora Eternidad es su huésped. ¿O es al revés? ¿Es el espacio infinito el que vive en el tiempo infinito? “Pasa, ponte cómodo. Disculpa el desorden (entropía) ¿Qué quieres tomar?”

DE ESTO el irrepetible Hawking sabía un rato, supongo que más que el resto de TODOS juntos. El celebérrimo científico, condenado a ser su propia estatua todavía en vida, viajó con su mente a las cuatro esquinas de este cosmos, “liliputizándonos” todavía más al recordarnos que nuestra casa celestial es nada más que una entre n más. A pesar de estas teorías, que nos reducían casi a la nada más absoluta al cotejarnos con el todo, consagró su vida a balizar la Eternidad y el infinito, acotándolos con conos naranjas con bandas fluorescentes que tomó del Big-bang. Según su definición, desde un prisma físico-cuántico, el tiempo y el espacio son hijos de aquella extraordinaria y primigenia explosión, por lo que antes no existían, ni dichas entidades, ni por lo tanto nada de nada. Ni siquiera los impuestos indirectos. Perdonen mi ambición al pretender trascender más allá de esa concepción científica la idea de Eternidad. Creo que me entenderán al hurgar en el concepto, y jamás contradiciendo heréticamente al magistral físico británico, al aventurar…¿Cuántos big-bangs (y ulteriores big-crunch, implosiones cosmogónicas) existieron antes que el que originó nuestra casita, este universo? ¿Cuántos existirán después? Es lo que tiene la Eternidad.

APARCANDO TEMPORALMENTE el prisma científico (¿es ello posible?),les propongo un sencillo, filosófico y lúdico ejercicio: Cerremos los ojos y que nuestra mente finita vuele hasta la Eternidad infinita. ¿Qué habrá allí? Umm, nada más llegar divisamos a lo lejos una pléyade de faraones que emergen de sus pirámides,-que ya se desintegraron cuando soplo el tiempo,-y se dirigen hacia este reducto imposible. Algunos llevan en sus anulares sortijas de oro encastadas con escarabajos de zafiro, como ansiosos de unir la representación con lo representado. Otros, bajo sus túnicas adornadas con brillante púrpura y desde sus lampiñas y sagradas testas, exhortan en un susurro al binomio Amón-Ra, como anticipándoles que pronto se codearían con ellos. Y a la Eternidad llegan también en procesión todos los filósofos y sabios griegos que se la ganaron motu proprio con sus plumas definitivas, con sus nombres tallados en la piedra hasta el fin de los tiempos…¡exactamente donde/cuando se dirigían! Umm, esto nos hace reflexionar:

EN VERDAD también vemos que se acercan todos los hombres y mujeres que existieron, que al margen de sus méritos, al margen de su comportamiento y deontología terrena, todos se ganaron su pasaporte por el mero hecho de existir. Cuando lleguen esperarán a los otros, a que se cansen de su material existencia. Desde esa atalaya que nos concede nuestra imaginación abrimos las puertas también a todos los seres-inteligentes o no-que alguna vez existieron en cualquier punto del universo, de cualquier universo. ¿Por qué discriminarlos? Para terminar de dibujar el mapa demográfico de la Eternidad filosófica no podemos obviar quienes siempre estuvieron allí: Los dioses. Y, en verdad, hablo en plural ante la duda, no que todos los de la humanidad fueran Uno, sino ante la posibilidad que en la Eternidad también converjan los de todos los universos posibles y que éstos, por diferencias irreconciliables en sus concepciones, precisaran de distintas deidades de muy diferente naturaleza. Bien, parece que ya estamos todos. ¿Quién se queda fuera, entonces? Los que viven, nada más.

EN EL film de Harold Ramis “Atrapado en el tiempo” (1992) Bill Murray padece su trocito de Eternidad en un día que se repite sinfín. En el cine y en la literatura de CF la gente va y viene por los senderos de la Eternidad, viaja en el tiempo, como Pedro por su casa, como cuando uno coge un taxi para ir al centro. Se me olvidó preguntar a Asimov que había en “El fin de la Eternidad”. Cachis. ¿Lo sabrá ahora mejor que cuando escribió la novela? Algo de lo que el fue vagará por toda la Eternidad por los siglos de los siglos hasta que un día, a las 18:37 hora Universal se encontrará una puerta roja y una luz de emergencia encima. Y con este párrafo pretendo reírme de mí mismo, ante la absurda empresa de escribir sobre lo inabarcable, sobre lo incognoscible. Todo el artículo, admitámoslo, es un chascarrillo, a veces desnudo, a veces con una pátina de verosimilitud. No se me enfaden los que tratan de desbrozar analíticamente cualquier aspecto de la realidad, pero pienso que este artículo es metáfora de lo que implica tal fútil intento. La realidad se fractaliza, se desglosa en partes más pequeñas indefinidamente pero con similares características, o se puede abordar desde infinitos puntos de vista, por lo que escribir sobre ella debe ser ejercicio microscópico. Poner nuestra lupa de aumento en un mísero aspecto de la realidad, con un concretísimo enfoque, al escribir sobre ella, es patente cuando uno pretende hincarle el diente a algo como la Eternidad. ¿Han visto como me justifico ante mi primer artículo? Bueno, sean indulgentes, que prometo hacerlo mejor la próxima vez.

YA TERMINO con una reflexión y con una cita, que considero una perla, una joyita. Los seres humanos han digerido, metabolizado, mucho mejor el concepto de mortalidad gracias al más extraordinario de los mecanismos biológicos; el maravilloso artificio les proporciona una promesa de eternidad y, potencialmente, de felicidad. Decía Bertrand Russell que… “para ser feliz uno debe sentir que forma parte de ese río de la vida, desde la primera célula hasta el remoto y desconocido futuro”. Las verdades son tales las pronuncie un premio Nobel o un dibujo animado: “Mira Simba, ahí está tú padre”-le espeta un simpático marsupial al que algún día será el “Rey León”, mientras éste contempla su reflejo en una charca. Y luego añade: “Él vive en ti”. Al margen de creencias de que exista algo después, la certeza de dejar algo de nosotros en el mundo nos reconforta. Nuestro alter ego se nos presenta como una reencarnación de nuestro yo, todavía en vida, con vocación de perpetuar y evidencia un cambio de concepto: colectividad frente a individualidad, nosotros frente al yo desnudo, plural frente a singular. Parece, como al principio del artículo, que he vuelto a confundir inmortalidad con Eternidad y en este caso no es así: Que el material genético de un individuo perdure durante milenios (dicen que uno de cada doscientos hombres vivos es descendiente de Gengis Kan) nada tiene que ver con la Eternidad científica, cosmogónica, pero si con nuestra subjetiva percepción de lo que significa ésta.

MUCHAS COSAS se han dicho de la Eternidad, todas imprecisas, algunas puede que hasta bellas. Me quedo con esta que reduce eones a fracciones infinitesimales, que transforma Eternidades relativas en insignificantes briznas de quarks en los océanos del tiempo:

Aproximación al concepto de Eternidad:

“Si una vez cada mil años, una golondrina pasara acariciando con sus alas la superficie de una esfera de hierro del tamaño de la Tierra, en el momento que por la erosión infinitesimal la esfera hubiera desaparecido por completo habría transcurrido el primer segundo de la Eternidad.”

J.P. Gortázar, teólogo..

(c) Raymond Gali, Noviembre de 2.005. Artículo cedido por la revista Tiempos Futuros Future Times.

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NOTA DEL AUTOR:  Se me ocurren pocas cosas más tecno-frikis que disfrazarme de robot cuántico (presuntamente) inteligente y escribir un artículo delirante sobre la ETERNIDAD… así que en noviembre de 2.005 lo hice. Este artículo apareció poco después en la revista digital Tiempos Futuros Future Times, firmado por el robot Copérnico X.
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Oct 212010
 
“La ciencia es el misticismo de los hechos;
la verdad es que nadie sabe nada.”
Leonid Andréiev (1871-1919) Escritor ruso.

 

Ácido Desoxirribonucléico, molecula más larga incluso que su propio nombre

DOCTOR, MI deseo sexual ha desaparecido por completo. ¿Podría recetarme algo que me hiciera sentirme más atraída por mi marido, más incluso que en los “mejores tiempos”?

-No se preocupe aunque, más que prescribirle un fármaco, vamos a hacer otra cosa. La terapia génica se ha erigido como la solución más eficaz de casi todas las enfermedades de nuestro tiempo. Desde mediados del siglo XXI se ha conseguido aislar los genes capaces de sintetizar proteínas, fabricar determinada hormona o, por ejemplo, inhibir la producción cualquier sustancia perjudicial para nuestra salud.

-Pero, todo el mundo sabe que el ADN es demasiado largo y nuestra existencia demasiado corta. Disculpe mi ignorancia a pesar de que, casualmente, he leído mucho sobre ello en los últimos tiempos por temas de trabajo. Dígame: ¿cómo consiguen secuenciar un fragmento de código genético, que luego produzca una determinada sustancia, si dicho fragmento requiere de miles de nucleótidos para ser funcional?

-Vaya, pues sí que ha estudiado y asimilado, al menos, los conceptos clave. Me congratulo de ello y entiendo sus dudas. Le explico: no se crea que vamos uniendo dos a dos los miles o millones de bases nitrogenadas que conforman un gen. Gracias al los sucesivos proyectos Genoma se consiguió cartografiar con exactitud el mapa genético, y lo más importante, su funcionalidad. Lo hicimos del cuerpo humano y de buena parte de las especies conocidas.

-¿Quiere decir que lo que inoculan en los pacientes son fragmentos enteros de ADN de ser humano, correspondientes a un determinado gen que está defectuoso, del que carece el paciente o que, sencillamente, quieran modificar?

SÍ, ALGO así. Pero no solo insertamos secuencias genéticas de seres humanos en los pacientes. El código genético es universal, por lo que cualquier especie conocida, animal o vegetal, posee el mismo tipo de ADN. Por ejemplo. Hace unas décadas se consiguió aislar el gen que originaba que los quelonios, las tortugas, fueran tan longevas. Hoy por hoy, este gen, combinado con otros muchos factores que harían demasiado larga mi explicación, constituyen unos de los baluartes más importantes en la lucha contra la muerte, en el aumento de expectativa de vida en la especie humana.

-¡Es increíble! ¿No nos saldrá un caparazón al inocularnos los genes de tortuga? Ja ja ja.

-Ja, ja. No. No se preocupe. Ya le digo que solo se interponen en el ADN del paciente los genes que realizan una tarea específica. Por ejemplo, profesionales o deportistas cuya actividad exige una gran agilidad pueden beneficiarse de los milagros que hoy en día les brinda la ciencia. Hablo de una terapia génica con fragmentos de ADN de felino. Los pacientes, una vez han sintetizado la sustancia (producida por el nuevo gen) que modifica la estructura celular de sus músculos y de las fibras que las componen, son capaces de realizar saltos y acrobacias increíbles. Pero ello no quiere decir que ahora posean unos largos bigotes y arañen.

-Ja, ja. Ya comprendo. Bueno, doctor me ha convencido. Estoy en sus manos…

* * *

DOCTOR, ¿SABE quién soy?

-Sí, sí, pase por favor. ¿Cómo le está yendo su terapia génica?

-Pues creo que muy bien. Lo cierto es que estoy muy contenta aunque… algo desconcertada. Tengo que preguntarle algo. ¿Es posible que se produzca algún error al aislar los genes que luego se insertan en el paciente, e inadvertidamente se tome una muestra de ADN, más larga de lo necesaria, y por lo tanto algún gen vecino del requerido para la terapia?

-Ummmh. No es nada común. Es muy difícil que suceda, aunque no imposible. Bueno, ¿qué ocurre? ¿No se ha visto considerablemente aumentado su deseo sexual?

LA VERDAD es que sí. Sin embargo no sé si lo que me ocurre es perfectamente normal. Dígame doctor, sabe de qué especie animal proceden los genes que me inoculó-

-Eso es lo de menos pero…a ver…, déjeme comprobarlo en su informe. Ajá…sí, aquí está: de mantis religiosa.

-Ummh…todo encaja. Se lo pregunto porque el otro día, después de hacer el amor con mi marido con una energía inusitada,…, ¡lo maté y me lo empecé a comer! Por cierto, ¿sabe usted que esa bata verde le hace un trasero muy bonito?

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© Raymond Gali, 2 de marzo de 1994.  Relato cedido por la revista Tiempos Futuros Future Times.
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Sep 022010
 

HONG KONG 3089: DESAFÍO A LAS LEYES DE LA PROBABILIDAD

‘Hong Kong 3089’, del escritor Raymond Gali, es un sinvivir
de siete párrafos, en un escenario del futuro remoto.
 

Atravesar el mundo en una fracción de segundo

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HONG KONG. Allí me encontraba cuando recibí el fatídico mensaje. La reunión del Consejo sería en el Mar de Weddell, situado dentro del Círculo Polar Antártico. Eso venía a significar unos doce paralelos por debajo de mi posición y por lo tanto, una burrada de kilómetros de distancia. No tenía alternativa. El Decodificador de Materia se erguía ante mi abstracto e insultante.

OBVIAMENTE la opción del Trasbordador había quedado descartada; veinte minutos era muy poco tiempo. Mi jefe, había perdido unos instantes de su existencia subrayando el hecho de que, si no asistía a la reunión, estaba despedido; toda mi carrera echada por la borda. No era justo. Él era consciente de mi Fobia y no obstante, insistió.

CIENTOS de años en funcionamiento sin un solo accidente avalaban al Decodificador de Materia, como el medio de transporte más seguro: el fruto de la técnica elevado a su máximo exponente. También, a su máximo exponente estaba elevado el pánico que yo sentía hacia el mencionado medio de transporte. Un ordenador analizaba la estructura molecular del ser vivo y el código genético del mismo. Después de esto, la máquina descomponía al sujeto en  átomos. Codificados, primero viajaron  por cable. Al perfeccionarse el Sistema, lo hicieron a bordo de ondas electromagnéticas. Estos podían salvar ciclópeas distancias con suma facilidad .

TODO eso de descomponer, analizar, enviar y descodificar, me parecían cosas estupendas, pero no eran unos verbos que me agradara se aplicaran con mi persona. Se decía que todo error técnico quedaba fuera incluso de todo planteamiento, pero yo no me dejaba de preguntar qué ocurriría si se producía un corte en el suministro eléctrico. El Decodificador de Materia de la plataforma del Mar de Weddell, no captaría la señal emitida desde este y mis átomos vagarían por el espacio para siempre. Un sudor frío cubrió mi frente en cuanto me invadió ese pensamiento. La azafata interpuso una maternal sonrisa cuando le planteé mis dudas:
-No tiene nada de que preocuparse. Decenas de relés de seguridad y acumuladores alternativos de corriente verifican que eso no pueda ocurrir. Existe tan solo una posibilidad entre cien mil millones de que la energía falle.

UNA posibilidad de entre cien mil millones. Eso me tranquilizó momentáneamente, pero cuando empecé a introducirme en la cápsula, el pánico se apoderó de mi de nuevo. Traté de pensar en algo que no fueran trozos de mi ser orbitando alrededor de la Tierra, una fila de átomos de mi cuerpo serrano de allí a la estrella Betelgeuse. Por ejemplo, los agradables vuelos en el Trasbordador Hiperatmosférico. Hasta ese momento siempre había logrado evitar al Decodificador gracias a los vuelos regulares. En cualquier caso los Transbordadores eran una especie en extinción.

MI cuerpo desnudo se estremeció al contacto de las frías placas que surcaban mi piel. El duro caparazón de la cápsula envolvía al “precioso” conjunto del que yo formaba parte. Si hubiera sido un claustrofóbico profundo no me habría importado lo más mínimo. Esa fobia sería una nimiedad comparada con la que me corroía las entrañas. La azafata me explicó morbosamente que, en centésimas de segundo el láser descompondría mi cuerpo. La velocidad de la luz se encargaría de que casi simultáneamente me compusiera en mi destino. Pedí que se callara cuando comprobé su intención de seguir explicándome con sadismo los pormenores de la carnicería. ¡Un momento! ¡Cien mil millones no eran tantos millones! Esa cifra rondaba mi mente con obstinación. Con la de seres que habían utilizado el Decodificador de Materia desde que se inventó…se estaba jugando con la ley de probabilidad de un modo muy peligroso. Sumido en estos pensamientos transcurrieron unos minutos largos como siglos. Ahora solo debía esperar un chasquido y en teoría me encontraría ya en el Decodificador de la Antártida.

!!!!!!! CLACK !!!!!!!

TENÍAN razón. El Decodificador de Materia nunca falló hasta probarlo yo. Probabilidades de que esto ocurriera: Una de entre muchos millones. Tampoco fallo jamás después de mi “viaje”. Probabilidades de que esto ocurriera: ninguna. ¿Como puede ser esto así? Muy sencillo. Permítanme que se lo explique. Ahora yo me encargo personalmente de que los relés no fallen todos a un tiempo. Se realizan miles de viajes cada hora y en todas partes, por lo que se supone que tengo que estar muy ocupado. Sin embargo, ello no representa esfuerzo alguno para mí. Puedo estar simultáneamente en todas partes y en ninguna. Aportar un poco de energía aquí y allá. Lo cierto es que me encanta ser un Ente Energético.

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(c) OCTUBRE 1990- Revisión- ABRIL 2004.
(c), 1990 Raymond Gali. Relato cedido por la revista Tiempos Futuros Future Times.
 
 
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May 212010
 
MEMENTO (2000) Ó CUANDO EL MONTADOR SE FUMÓ DE TODO
“Tengo que creer que cuando mis ojos están cerrados el mundo sigue ahí”
“Todos necesitamos recuerdos para saber quienes somos”
“El presente es trivial y lo apunto en jodidas notas”
LEONARD SHELBY

Memento” es un delirio asombroso, un accidente del montador, un dejà vu antitético, un puzzle inverso, una genialidad inventada ¿bajo el efecto de psicotrópicos?, un juego interactivo para la mente, una película bidireccional: El espectador se convierte en un personaje más de la película pues es el que ensambla la historia, codeándose con los protagonistas para obtener su objetivo. El filme cuenta con dos particularidades que se amalgaman alumbrando una obra extraordinaria, al margen de oropeles (Globo de Oro y dos nominaciones al Oscar). La primera no es más que lo increíblemente original del planteamiento:

Memento4

Sammy Yankies se escribía un montón de notas pero no le servían”. “Lesión en el hipocampo por accidente de tráfico. No creaba recuerdos nuevos, no podía recordar nada más de dos minutos y podía hacer cosas complejas que hubiera aprendido antes del accidente”. Dicen que los entomólogos, de tanto estudiar a los insectos, terminan pareciéndose a ellos, en sus costumbres y en su fisonomía. Leonard Shelby, inspector de seguros, estudió su caso y terminó por convertirse en el objeto mismo de su estudio: (1)Un hombre con la capacidad de recordar amputada y que recurre al autotatuaje, no sólo para sobrevivir, sino para desenmarañar el asesinato de su mujer. El laborioso procedimiento de cómo él va construyendo la verdad, casi artesanal, es para quitarse el sombrero. Lenny quizá fue castigado por Mnemósine, diosa de la memoria en la mitología griega, pues con ella todavía intacta hizo lo imposible para que el señor Yankies no cobrara un centavo del seguro.

Memento4

Cuando nos dirigimos hacia el futuro las posibilidades infinitas, como los senderos que toman los afluentes de un río pero, cuando lo hacemos atrás, remontando las aguas del tiempo, nos encontramos con único ramal, una sola posibilidad. (2)En “Memento” se invierte el principio de causalidad y se cuentan primero las consecuencias y luego las causas que las originaron. Y en medio el cerebro del espectador echando humo para deducir los “porqués” teniendo delante los “qués”.  La solución al jeroglífico la encuentra en la última pantalla, que es la primera pues la pelí está al revés, es decir que sucede como en los cuadernos rompecocos de juegos de la mente que compramos en los quioscos. Los últimos serán los primeros, primero las lágrimas y luego el tormento. Nos encontramos ante un singular thriller psicólógico orillando la ciencia-ficción, con una estupenda banda sonora a cargo de David Julián (“El Truco Final” 2006), perfecta fotografía (Wally Pfister), basada en una historia cuyos mimbres enlazó magistralmente el hermano del director, Jonathan Nolan. Este, Christopher, se inmortalizó en el cielo de los cineastas nada más concluir su rodaje: Acababa de crear un objeto de culto. Sin artificios digitales, si la película fuera un juego sería sin duda uno de construcciones de Lego, cuyo montaje es totalmente poliédrico (“Que grande es el cine”) y la clave de su éxito. Si fuera una forma geométrica se podría representar por un alambre retorcido que presenta múltiples bucles. Ya se había hecho antes pero Tarantino cogió un hacha ensangrentada y troceó el orden cronológico de su “Ficción Pulp”, de forma magistral: Desde entonces hasta “Memento” no habíamos visto hacerlo con tanta genialidad. Ambas, aportaciones indispensables a la historia del celuloide: Si no hubieran sido ellos en 1994 y 2000 otros genios del futuro, tarde o temprano, hubieran tenido que rodarlas.

Memento3

Guy Pearce, en el papel de Leonard Shelby, (El poli listo de L.A. Confidencial ó el viajero de La Máquina del Tiempo) realiza un trabajo impecable al que es difícil ponerle algún “pero”. Su metamorfosis, de avezado Inspector de Seguros a hombre “sin disco duro” a una piltrafa mental, es perfecta. En su nuevo estadio, y siguiendo con el símil informático, dispone tan sólo de una memoria “RAM”, es decir, que borra o resetea su contenido cada vez que se apaga (duerme). “Utilizo los hábitos y la rutina para poder vivir” “Es difícil vivir así, casi imposible” “La memoria no es fiable” “La memoria puede cambiar la forma de una habitación o el color de un coche” “Aprendes a confiar en tu letra” “Hechos, me baso sólo en los hechos” (plasmados éstos en orden cronológico y en blanco y negro en una conversación telefónica). Estas frases, extirpadas del protagonista, dan cuenta de su modus vivendi, tras aquejarle la enfermedad que en psiquiatría se denomina Perdida de la Memoria Reciente. Lo inmediato, el “all we have it’s here and now” (sólo tenemos el aquí y el ahora) del “Up where we belong” de Joe Cocker, lo inmediato, es el tesoro más preciado de Leonard “Lenny” Shelby. Pero tal estadio debe ser algo parecido a lo que nos reserva el infierno: “¿Cómo puedo cicatrizar mis heridas si no siento el paso del tiempo?”. Más que un drama la película es un dramón descarnado, disfrazado de thriller alternativo; lo que pasa es que no lo parece porque la cabeza de ninguna chica es la que está en esa caja y la enfermedad que presenta es aséptica, inane, sin color, olor, ni sabor. Nada de metástasis galopantes…aunque quizás algo peor: Nos quitan la memoria y nos quitan todo. El Alzheimer es la desintegración del ser, del yo. Nuestros recuerdos, son lo peor y lo mejor que tenemos. Somos nosotros. La fragilidad humana queda de relieve, quizás como pocas veces en la historia del celuloide. “Ese es quien eras” le dice el excelente actor Joe Pantoliano (Tedy), desde su inquietante papel.

Memento4

Como decía al comienzo es el espectador quién, en verdad, tiene que montar el film en su mente por lo que no descartemos que algún espabilado pidiera a la productora su parte proporcional de la recaudación. Y quizás se le ocurrió la idea porque en la movie sus (pocos) protagonistas se mueven en un sórdido mundo del hampa, de pistolas, en un mundo sin ley, marginal, de casas en ruinas en las afueras donde uno ajusta sus cuentas al margen de la poli. “Deshazte de él” es la consigna. La traición y la soledad son los espacios naturales donde evolucionan los diferentes personajes, de gatillo fácil y pocas palabras, que no tienen ningún escrúpulo para mentir, timar, chantajear, manipular, vengar o dejar a quien sea viendo “como crecen las flores desde abajo antes de que se enfríen sus pisadas”. Sin embargo, en casi todo ellos asoma, entre esa turbia maraña que define lo peor de la condición humana, algo de piadoso, algo de lo mejor de nuestra condición, que en principio de eso también hay, ¿no?: (El del motel que le acaba de timar: “La próxima vez que pague pida un recibo”. Lenny le dice a la mujer de Sammy Yankies lo que quiere escuchar…). El filme es una extrañísima historia de una venganza en la que tú ya sabes si se consuma y cómo, incluso el quién. Desconcertante. Una extraña sensación.

Memento1

Y siguiendo barriendo para casa, el tema de la memoria, de los recuerdos, del paso del tiempo es casi consustancial, ha ido de la mano siempre, al de la historia del arte, cualquiera que sea su manifestación aunque en especial en el cine y la literatura. De las miles de obras que abordan implícita o explícitamente el tema recomiendo tres pequeños cuentos, además del que conduce el anterior enlace, Vivir es llegar, Morir es VolveryRecuerda que Olvidaste”. Los encontrarán a una distancia de un solo golpe de clic en esta misma revista y que tienen mucho que ver con el desarrollo del film que comentamos hoy, “Memento”. Muy recomendables: recuérdenlo, tatúenselo en un lugar visible. Aunque lo del boli “bic” y la aguja no me parece muy higiénico, la verdad.

Memento4

Hablando de tatuajes éstos, junto a sus fotos y anotaciones se convierten en las neuronas no operativas que le fallan al cerebro del protagonista, en su prolongación. Aunque…, ¿no nos pasa a todos lo mismo? Piensen que, en general, de un viaje del que carezcan de recuerdos físicos, material gráfico o escrito sólo recordarán cuatro tópicos y, a veces, ni eso: Quizás nunca existió. Lo que sucede con Leonard Shelby es lo mismo pero a escala “cronomicroscópica”. Sus días son nuestras décadas a nivel cognoscitivo. De repente puede amanecer en medio de un aparcamiento corriendo paralelo a un individuo: “¿Me persigues o te persigo?”. O al lado de una bella mujer sin saber ni quién es ni cómo ha llegado hasta ahí (¿no es esa una fantasía sexual muy común?) Ella, la nebulosa Carrie-Anne Moss (Nataly): “La próxima vez que me veas te acordarás de mi? Yo creo que si (…se engaña a sí misma aunque el niega con la cabeza)” Quizás por rabia añade: “Aunque consigas vengarte no lo recordarás”. Pero Leonard Shelby lo tiene muy claro: “El mundo no deja de existir cuando cierras los ojos”.

Memento2

Y para muestra un botón. Pongamos el microscopio sobre un simple detalle argumental deslumbrante, dedicado especialmente a los que dicen que “Memento” no valdría nada si hubiese sido narrada en un orden cronológico convencional: La mujer de Sammy Yankies, diabética, decide desesperada por la enfermedad de su marido resolver definitivamente la situación. ¿Cómo? No sé lo diré por si no han visto esta obra maestra pero sí diré que el mismo método de resolución es, al tiempo, la prueba definitiva de que la situación es insostenible. Ingeniosísimo es una palabra que se queda corta. Chico, es que a veces las neuronas, más que hacer sinapsis entre ellas hacen fuegos artificiales. Para rematar la faena Jonathan Nolan realiza un doble salto mortal, pues “el malo” usa lo ocurrido para hacer creer a “Lenny” que…¡un momento! Si han cometido el pecado de no ver “Memento” es este el momento de redimirse. Ah, dos veces, es lo obligado pero, no se preocupen: Las sensaciones serán diferentes. En la primera hilvanarán y en la segunda podrán realizar el pespunte, e incluso, un bordadito muy mono. Sin decir nada sustancial, más miel en sus labios, otro botón: ¿Quién mató a Jimmy Grans, novio de Nataly? Se trata de la última persona que un espectador civilizado y curtido en mil pelis imaginaría. Ya saben, a verla de cabeza.

Memento1

Para acabar una recomendación y dos tonterías: Si la película se ve en casa háganlo del tirón o infieran una muesca donde se abandonaron el visionado en las interrupciones. Si no lo hacen así es materialmente imposible saber donde se quedaron por la estructura inversa con la que se narran los acontecimientos. Va la primera tontería: Los jefazos, el gran poder que mana “de arriba”, que sugirieron que realizara la crítica al revés, supongo que por joder, con perdón a los niños que estén leyendo esto. Por ese mismo motivo presenté lo que acaban de leer y dije, simplemente: “Si aplicas la inversa a algo inverso…¿cómo se queda? Segunda: ¿Se imaginan que todo fue un gran error en la sala de montaje? ¿La cara de idiota que se nos quedaría sería parecida a la que tuvimos al ver “Memento”?

(c), 2010 Ramón Galí. Crítica cinematográfica cedida por la revista Tiempos Futuros Future Times.
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May 072010
 

EL TIEMPO EN SUS MANOS (1960)/ LA MÁQUINA DEL TIEMPO (2002)

“Durante un millón de años los hombres vivieron y murieron
por sus sueños para que ustedes se dediquen a comer, nadar y bailar”
“El pasado del hombre fue una denodada lucha por sobrevivir…pero hubo momentos en el
que hubo unas pocas voces que hablaron y en esos ratos momentos hicieron la Historia…”
GEORGE/ROD TAYLOR

Unos versos de José Hierro nos abruman: “Al final, todo fue nada, aunque lo fue todo…” Probablemente se refieran a la muerte de un individuo pero perfectamente aplicable son, asimismo, a la muerte, la desintegración de la impronta humana. Aterroriza pensar que toda la obra, toda la cultura, todo el esfuerzo de todos nuestros antepasados se reduzca a polvo algún día. La desidia, la indolencia humanas tendría/tendrá para nosotros el mismo efecto que un asteroide aniquilador como el que acabó con los dinosaurios.

Los viajes en el tiempo son a los escritores de ciencia-ficción como los animales para los niños: Fascinantes en grado sumo. Cualquiera que se precie debe tener, al menos, una obra que aborde desplazamientos a través de la cuarta dimensión. Todo humano ha pensado en ello alguna vez pero esta subespecie se estruja sus meninges al respecto de forma compulsiva/obsesiva. Herbert George Wells no fue el primero, pero sí pionero en la era moderna en construir con su pluma, en 1895, una “La Máquina para explorar el tiempo” creíble para sus lectores. Con una mirada estrábica, camaleónica, si quieren, con un ojo puesto en los últimos descubrimientos en física (a cargo, entre otros, del físico holandés Hendrik A. Lorentz, Nóbel en 1902, poniendo alfombra roja a Albertito Einstein y su Teoría de la Relatividad a punto de salir del cascarón) y con otro ojo en el papel dibujó un futuro más allá del siglo 8.000; éste sería el peor de los apocalípticos posibles pues el infierno que soñó Dante es Disneyland comparado con uno en el que hayamos olvidado totalmente lo que fuimos, mientras nos comemos unos a otros.

La versión cinematográfica de su obra de 1960 (Metro Golden Mayer) comienza con un baile de diferentes tipos de relojes, en Londres, en el ocaso del siglo XIX y de la época victoriana, introduciendo la magnitud clave que será epicentro de todo el filme: El tiempo. La versión de 2002 (Warner), muy inferior (aunque injustamente tratada), también comienza con un reloj, aunque está ubicada en el Nuevo Mundo, Nueva York. Casi al comienzo las dos versiones toman senderos temporales diferentes pues, en la antigua, un resplandeciente Rod Taylor/George viaja directamente hacia el futuro, mientras en la moderna un profesor chiflado, Guy Pearce/Alexander, hacia el pasado ¿se cruzarían? Al primero le motiva el amor por la ciencia, por lo desconocido, “¿Puede el hombre cambiar las cosas que están por venir?”, se pregunta. “No me importa la época en la he nacido. Prefiero el futuro”, afirma. Para el nuevo “viajero”, enchufado pues se cartea con un agente de la oficina de Patentes de Berna, tan poco pragmático como el primero (y que también “le salva” una diligente ama de llaves), es el amor o la pérdida de éste lo que le incita a sumergirse en el pasado para intentar fútilmente cambiar su presente: No puede y con sólo dos “viajes” lo comprueba. El destino está escrito según esta versión, recogiendo la enseñanza de teología cristiana de la predestinación o, sencillamente, el principio de causalidad aristotélico (un seguro anti-paradojas). Por eso comentaba que la segunda versión está infravalorada pues explora nuevas posibilidades que se le escapan a la anterior, convirtiéndola en complementaria. En la primera, en la entrañable (no en vano todas las citas iniciales de esta crítica pertenecen a esta versión), no abordan esta deriva a pesar de que Taylor tiene “todo el tiempo del mundo”: bastante tiene con el futuro.

Rod Taylor

Respecto a la atmósfera que se respira en ambas películas es excelente, con tintes modernistas (como el invernadero/laboratorio o los propios vehículos temporales), aliñadas con bandas sonoras más que correctas. El Technicolor de la antigua hace que juegue con ventaja, al igual que por contar con el Spielberg de la época, un George Pal soberbio. Para los amantes de las anécdotas la primera versión y su director/productor, Pal, es citada explícitamente en la segunda, junto al propio autor de la obra HG Wells, Harlan Elison e Isaac Asimov y la banda sonora de Andrew Lloyd Webber, al hablar de las obras de ficción que abordaron el viaje temporal. Lo hace un “fotónico”, un bibliotecario virtual que se erige, a nuestro juicio, como hallazgo genial del remake. Salvo en películas de humor no recuerdo tal pirueta argumental en ningún film de la historia del cine. Otra curiosidad: La segunda cinta fue dirigida por Simon Wells, bisnieto del autor del libro sobre el que se basan ambas.

La “Ventana indiscreta” de Hitchcock (1954) parece presente en ambas versiones siendo sustituido el voyeur James Stewart, que contempla como evolucionan sus coetáneos por las tres dimensiones, por unos viajeros temporales que espían desde su atalaya invisible como ¿avanza? el mundo a través de la cuarta. El escaparate de la tienda de modas es el genial termómetro que mide las tendencias a lo largo de las décadas, con más énfasis en la versión de 1960: “Me pregunté hasta donde serían capaces de llegar las mujeres”. Las velas y caracoles ¡ corriendo ! (1ª), la eclosión de las flores, de la vegetación y ciclos solares (ambas), el paso de los periodos geológicos (en ambas, pero sorprendentemente resuelto en la 2ª, teniendo la DreamWorks toda la culpa) son también los indicadores del paso del tiempo, deslumbrantes para el espectador.

En ambas cintas las primeras incursiones de los viajeros temporales hacia el futuro son frustrantes, desalentadores: Guerras y destrucción, introduciendo el remake la variante más que cuestionable de la destrucción de la Luna debido a una explotación indebida…que se cae a pedazos…literalmente. Quizá el efecto análogo en la que protagoniza Rod Taylor sea la violencia tectónica desencadenada a partir de nuestros desmanes, “respondiendo a la violencia humana”. El tono prebélico quizá responda al clima posbélico y ¿prenuclear? de guerra fría en el que fue rodada. ¿El equivalente de principios del siglo XXI sería el cambio climático presuntamente originado por el hombre? Las alarmas, las sirenas, son el denominador común de todas sus incursiones al futuro: La especie humana no ha aprendido nada.

Rod y la chica del futuro

Sigamos hacia delante. Venga… ¿les parece bien el año 802.701 por la mañana? (913.812 en la segunda, ¿qué mas da? 111.111 años más que en la primera versión, otra anécdota) La apuesta de Wells es arriesgada en grado sumo y les recomiendo el editorial de Tiempos Futuros donde se detalla lo complejo que es adentrarse en un futuro tan lejano; que si le quita 800.000 años podría haber contado la misma historia, vamos. La humanidad se ha escindido en dos subespecies, eloi-mansurrones, bucólicos-y los temibles morlocks-“neandertalizados”, caníbales. Éstos, a pesar de su aparente menor inteligencia, se alimentan de los primeros sin rubor, pues como las hormigas disponen de una organización perfecta, una maquinaria bien engrasada-literalmente-mediante la cual por una puerta entran en la cinta trasportadora los que empiezan a peinar canas y por otra salen sus huesecitos. Extrapolando y siendo políticamente correcto, los morlocks y los eloi ¿serían los ricos y los pobres de nuestro tiempo? No lo sé ni me importa, la verdad.

El caso es que nuestros viajeros Taylor/Pearce averiguan que la especie humana, no sólo no ha aprendido nada, sino que ha olvidado todo lo anterior. Ni saben lo que es el fuego, ni saben leer, ni saben qué es el pasado. “¿Existe el pasado?” pregunta la ursulina Weena, la chica que bate sus pestañas frente a Rod Taylor (en el remake la cantante irlandesa Samantha Mumba es su homónima). Se encuentra a un tío que ha viajado en el tiempo más de 800.000 años y su gran preocupación es cómo llevan el pelo las mujeres de principios del siglo XX. Esto se obvia en la versión del 2002 pues un regimiento de feministas hubiera puesto el grito en el cielo, con razón. La noche es de los morlocks(1ª): Bajo una estética arquitectónica que podríamos calificar de “neo-maya”, que brota en medio de un paraje selvático, los borreguiles eloi se dejan comer hasta que el héroe de otro tiempo viene a salvarles, dentro de esos templos desde los que se accede al mundo subterráneo. Muerto el morlock se acabó la rabia, el canibalismo y la movida.

Algunas luces y algunas sombras de la segunda versión: Las sombras se centran, a nuestro juicio, en la figura de Jeremy Irons, como actor y como siempre soberbio, pero inscrito en la historia con calzador; una especie de mulo asimoviano con poderes telepáticos, telequinéticos, líder de esa colonia de morlocks, que curiosamente no leer los pensamientos de Guy Pierce destinados a escapar y acabar con él. Es cierto que si esta subespecie no tiene muchas luces alguien tiene que gobernarlos para que sometan a los eloi pero…no sé, no me convence quizás por exceso de teatralidad (no en vano fueron los orígenes del excelente actor británico sobre las tablas). Un destello en medio de esa oscuridad: “Eres el resultado inevitable de tu tragedia… y yo soy el resultado inevitable de tu raza”. Algunas sombras más que desgranaré en el párrafo siguiente, junto a las de la primera versión.

Las luces, sin duda y como ya menté anteriormente, el bibliotecario virtual “fotónico” compendio de todo el saber humano. “Con estos fragmentos he apuntalado mis ruinas” cita a P.D. James, “muy deprimente”. “Henry James…, a ver…”-busca en la “P” el holograma: “Platón, Proust Poe Pinter… Quizás…Heminway,..¡sí!… Julio Verne…” “Imagínese como sería si lo recordáramos todo: Recuerdo el último libro que recomendé: “El Ángel que nos mira” de Tomas Wolfe”. Al final de la película él es el encargado de trasmitir la cultura a esa civilización desmemoriada, comenzando por los cuentos de Twain, para los niños… Por cierto, lo más parecido en literatura a este personaje-Fotónico-, el Bertrand Russell de “Los Océanos de Ío” de nuestro articulista y redactor Voyager. Más que recomendable: Imprescindible.

Como es mi obligación debo mirar con lupa los errores a nivel tecnológico/científico de ambas películas: ¿Qué energía impele a las máquinas del tiempo a través de los siglos? ¿Electricidad? Sí parece pero, ¿a través de un generador autónomo o de la red? En la primera versión, al parecer hay un corte en 1917 en el suministro pero no resuelven como es que sigue viajando una vez nuestra civilización ha quedado atrás, reducida el polvo. Vuelve a detenerse en 1966 a sólo 6 años vista de la realización de la película: Eso en mi pueblo se llama “no mojarse” siendo los autores ultra conservadores a la hora de dibujar el futuro. Una vez Rod Taylor llega a ese futuro remoto encontramos algunos errores antropológico que no se dan en la segunda versión: El más clamoroso es que los humanos son todos rubios y muy blanquitos y, siendo los responsables de tales características genes recesivos, no es descabellado (nunca mejor dicho) pensar que todos seremos, en un futuro remoto mulatos de cabellos oscuros, según apuntan muchos estudios genéticos. Por cierto, no hay mutaciones en los eloi cuestión más discutible en virtud de lo endogámico de su sociedad y su necesidad o no de adaptarse al medio.

La cuestión lingüística clama al cielo pues, de una manera u otra, conservan “la lengua de piedra” un inglés casi perfecto esos humanos de dentro de 8.000 siglos. Bueno, entiendo que la licencia artística es la patente de corso que pudieran esgrimir sus creadores para que tengamos manga ancha al respecto: Que es una peli. Vale, aceptamos inglés como lengua vehicular entre viajeros y “aborígenes del futuro”. En cuando al “atrezzo”, los morlocks de la primera versión, salvo alguna secuencia escalofriante, tienen las manos de trapo en la que casi se les ven las costuras, tipo teleñeco: “Hoooola, soy Morlock y hoy os voy a enseñar la diferencia entre antropofagia y alta cocina.” Sin embargo y gracias a los maravillosos píxeles, los neo-morlocks sí que acojonan que no veas. Se tratan de una especie de “Bob Marleys”, con sus rastas, pero con cuerpo de culturista estreñido y rostro neandertal, ojos de reptil, que saltan como felinos, fuertes y rápidos de narices. El caso es que el conjunto es escalofriante. (Ven como todo en la 2ª no es peor que en la 1ª).

Morlocks

Sin embargo en la última cometen algún error, a nuestro juicio, garrafal, consecuencia de mirarse demasiado el ombligo: ¿Cómo que “Brooklin Bridge”? Mirad, tíos, que ha pasado casi un millón de años. ¿Sabéis qué quedará del puentecito de marras, de la ciudad, del país al que alude indirectamente? Mil civilizaciones más poderosas sucederán al imperio actual por lo que es ridículo pensar que algo quede en pie, piedra sobre piedra. Que las pirámides tienen sólo 4.600 años y ya están medio gastaditas. Algo ya que no tiene nombre es cuando “viaja” al año 635.427.810 por la tarde-noche y ¡cáspita! La máscara gigante sigue en pie. No coments. Por otro lado, bien es verdad que se contemplan (magistralmente en la 2ª, por cierto), el paso de los periodos y épocas geológicas pero una supuesta máquina del tiempo tendría que situarse en la órbita terrestre o en un lugar inmune a los cambios físicos que acaecieran. Bueno, no ricemos el rizo demasiado que va a dar la sensación que no disfrutamos de ambas películas, algo muy alejado de la realidad. Esto último era por fastidiar un poco. Recomiendo “El Universo en una Cáscara de Nuez” de Stephen Hawking, para quien quiera profundizar técnicamente en los viajes temporales. Lo siento, Hawking”, esto te pasa por ser tan didáctico.

Al final de ambas versiones los eloi son liberados. ¿Quién dijo que los monos no hablaban porque si lo hicieran les obligarían a trabajar? Los eloi tienen ahora que buscarse la vida aunque, a cambio, pueden envejecer tranquilos sin estar en la sección de las carnes del menú de los morlocks; los viajeros en el tiempo que los liberaron dieron por hecho que preferirían ese cambio. Bromas aparte, y para concluir, ambas películas se ajustan-más o menos-a la novela de Wells, incidiendo ésta más en ensalzar valores, como la amistad la lealtad, el amor, y teniendo especial sensibilidad en los desequilibrios sociales-en este caso materializados en los eloi-temas que siempre le obsesionaron, así como el la dudosa supervivencia de la especie humana. La novela la escribió en sólo quince días, por encargo, y se convirtió automáticamente un hito en la historia de la literatura. Sus adaptaciones al celuloide, en especial la primera, recogen ese espíritu aventurero e inconoclasta que destilaban las páginas del libro.

¿”El Quijote”, “El amor en los tiempos del cólera” y “Cosmos”? ¿La Biblia, “Hamlet” y la serie “Fundación”? ¿La serie “En Busca del Tiempo Perdido”, “La Odisea” y “La Sombra del Viento”? ¿“Memorias de Adriano”, la serie de “El Clan de Oso Cavernario” y “Los Episodios Nacionales”? Si tuvieran que realizar un viaje en el tiempo,…¿qué tres libros se llevarían?. Uy, qué difícil.

(c), 2010 Ramón Galí. Crítica cinematográfica cedida por la revista Tiempos Futuros Future Times.
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Abr 232010
 
2001: UNA ODISEA DEL ESPACIO. CUANDO A HAL 9000 SE LE INFLARON LOS CIRTUITOS (English version)

“…ya sé que no me he portado muy bien.

Tengo miedo, Dave…”

HAL 9000

Un leopardo yace sobre una cebra muerta en un punto indeterminado de África Oriental, hace varios millones de años. Al felino le refulgen los ojos, como si encarnara al mismísimo lucifer, en una estampa que parece salida del “Nacional Geographic”… Unos australopithecus afarensis de tristes ojos se arrejuntan para atemperar el frío más gélido que se puede sentir, el de la Noche de los Tiempos. Ellos no lo saben pero son los primeros ejemplares que salen de la cinta transportadora de la inteligencia humana, por eso sienten miedo… Un fémur, la primera herramienta, se transforma en una nave espacial. Han transcurrido millones de años: La materia inerme ha sustituido a lo biológico en la acción… ¿controla el Hombre las propias herramientas que ha construido con su inteligencia?

La lanzadera donde viaja el eficaz Heywood Floyd danza con la estación orbital al ritmo de Strauss, ¿me concede este baile? La enorme rueda que gira para generar gravedad artificial es un enorme vestido, el salón, el cosmos…La cúpula, prodigio de la arquitectura espacial, abre sus ocho enormes gajos y lo hace como los de una colosal flor, para que penetre la esférica nave, cual insecto polinizador. La escena podría constituir en si misma el salto en el tiempo de la humanidad, ¿Quizás desde la estática cúpula que concibió Filippo Brunelleschi, para la catedral de Florencia, en el siglo XV? Quizás no.

Uno no se puede morir sin leer “El rey Lear” de William Shakespeare, escuchar el “Concierto para Clarinete” de Mozart o experimentar la inquietante psicodelia visual y sonora del “2001” de Stanley Kubrick. Adoración o indignación, nada de medias tintas. Además, antes de dejar este mundo uno debería repetir la experiencia para descifrar las incógnitas que quedaron tras el primer visionado. “Hubiera fracasado” si el espectador hubiera asimilado el film a la primera, confesó su autor. “Sois libres de especular acerca del significado filosófico y alegórico de 2001″ añadió, ensanchando hasta el infinito los límites interpretativos del arte, convirtiendo a éstos en algo plástico, maleable, sujetos al relativismo. Ojo, porque estamos ante una obra descomunal, sin parangón, prodigio visual, sonoro y argumental, deleite sublime de los sentidos, poesía cinematográfica que fue concebida por uno de esos tándems-Clarke/Kubrick-irrepetibles, donde tanta genialidad nos supera. La perfección en el 7º arte nadie la conoce, por definición, pero debe parecerse mucho a este film.

El riesgo del crítico al abordar una obra universal es claro: ya se ha dicho ó escrito prácticamente todo del objeto de su crítica. No obstante intentaremos torear este morlaco sin caer ni el tópico ni en la idolatría; mastodonte cinematográfico que, por cierto, en este caso encierra su propia efigie adorativa, el monolito de origen extraterrestre datado en cuatro millones de años. Todo orbita alrededor de él, desde los primeros homínidos, pendientes de su socialización ¿miedo al extranjero?, pasando por Floyd, hasta terminar gravitando cerca el bueno de Dave Bowman, el mítico astronauta que se enfrentó a HAL 9000, venciéndole. El monolito es rotundo, demoledor desde su hieratismo, orgulloso incluso; castiga la frivolidad humana con un agudo pitido cuando en la base lunar “Clavius” se quieren retratar con él los hombres, como si fuera un enorme atún del Pacífico de 700 kilogramos. El negro poliedro representa lo irrepresentable, en hábil iconoclasia de los autores, la inteligencia extraterrestre. Por ser lo que es observa a la humanidad con cierta objetividad, supervisando los diferentes estadios de la evolución humana, divididos en tres actos, como un drama de Sófocles.

La cinta es un valiente salto al vacío del director, ¿cine experimental?, que en verdad tiene absolutamente todo tan controlado y monitorizado como tiene H(I)A(B)L(M) la nave “Discovery” rumbo a Júpiter; cada fotograma es una instantánea perfecta, su lenguaje visual tiene vocación de universal. Hablamos de HAL 9000, el cerebro artificial mas avanzado existente. Éste es el segundo hilo conductor de la historia, además del enigmático monolito, que se entrecruza con el primero más o menos entre la órbita de Ganímedes y la de Calixto, lunas jovianas. La máquina se autodefine como un prodigio de exactitud y perfección y tiene una gemela en la Tierra. La máquina observa que los hombres son seres frágiles y falibles (“…lo siento, jaque mate…”) ¿Qué es lo que la hace enloquecer? ¿el misterioso monolito? ¿enloquece en verdad o tan sólo considera prescindible al eslabón más débil de la cadena evolutiva? La novela de Clarke complementa a la película de Kubrick y viceversa. Vean la película. Lean el libro. Hilen después, valientes, …si pueden. El caso es que a la computadora, de un momento para otro, le sobra un tornillo, justo el que le faltaba para ser humana, es decir, mentirosa y asesina. No pestañea su enorme y convexo ojo rojo a la hora de eliminar a los hibernados, que ya yacen en su propio sarcófago. Escalofriante. Sobre todo cuando esa condición humana queda enmarcada en sus expresiones, además de en sus actos: “Honradamente…” “Eso es algo que yo no puedo permitir que suceda (su desconexión)” “Tengo miedo, Dave”. Dicha condición humana llega a la apoteosis en uno de los momentos más gloriosos de la historia del cine, según nuestra humilde perspectiva: En el momento que David Bowman lo está desconectando, el ordenador experimenta una regresión infantil, como un enfermo de Alzehimer, y se pone a cantar “Daisy”. Sublime.

El manejo del tempo, del ritmo narrativo, es revolucionario, rompedor, y a un millón de espectadores logra exasperar, acostumbrados a otro sistema de coordenadas. Otro millón cae en la red cronológica, abducido por los silencios más atronadores de la historia del cine, los del espacio exterior, que se desarrollan en singular oxímoron, donde el vació más absoluto provoca una tormenta de sensaciones en nuestra mente. Hay momentos en los que la acción se desarrolla casi en tiempo real y queda así brillantemente subrayada, confiriéndole un realismo total, por los espacios en blanco intermedios. Sin todavía la tecnología para generar efectos por ordenador, la película es fruto de la más concienzuda artesanía cinematográfica, en buena medida gracias al genial maquetista Douglas Trumbull; su creador tuvo que ir inventando/usando sobre la marcha la novedosa tecnología óptica necesaria para rodar tan particulares escenas, por ejemplo, una lente con forma de paraboloide hiperbólico, para rodar con un ángulo total, es decir, de 360º. Que cosas. Y los hermanos Lumiere con la escenita del tren; bueno, es que esos 73 años cundieron, cundieron.

Ante el espectáculo grandioso en estado puro, ante la puesta en escena soberbia que constituye la “Odisea” de Kubrick, cabe preguntarse si Nietzsche al verla pensaría que “así hablaría Zarathustra” o, sin embargo, tanto él como el filósofo persa pondrían un pleito al director británico por la alusión herética, tan alejada de su pensar. Eso sí, parece verosímil que ambos alucinaran como espectadores con la catarata psicodélica que experimenta el astronauta Bowman, que quizá reflejaba los delirios psicotrópicos de la Europa de finales de los 60 del siglo XX. ¿Se puso hasta arriba de cannabis el bueno de Dave cuando HAL no podía verle? ¿Salieron los espectadores del cine con cara de haber fumado de todo? Bueno, es lo que tiene viajar a través de la puerta cósmica que constituye el gran monolito, que conduce hasta el fin del universo. Si no quieres flipar no viajes. Si no quieres “viajar” no flipes… con el monolito. Si finalmente decides hacerlo terminas en una habitación estilo “Luis XVI” (¿un universo paralelo?) contemplándote a ti mismo en diferentes momentos de tu vida, (¿está el ser humano preparado para asumir su propia muerte?) para terminar por el principio, con un renacer (¿un nuevo salto evolutivo?), quizá significando lo cíclico que es la vida, el universo. Quizá no. Gracias Kubrick por esta libertad.

Para concluir algunas reflexiones rápidas: Uno, que nadie nunca tenga el brillante pensamiento de realizar un remake de 2001. Probablemente sería la idea más estúpida de la historia de la humanidad. Dos, que la obra sirva de referente a los “artistas” que crean por encargo, a matacaballo, sin destilar el producto final. La “O/odisea” del director para filmar la idem duró cuatro años. Un respeto sagrado al espectador. Tres, que muchos genios de la cámara ulteriores admitieron que la obra “kubrickiana” fue piedra angular básica para, sobre ella, edificar sus obras. Les honra el reconocimiento, por otro lado, evidente. “2001” constituyó un salto evolutivo de la ciencia-ficción en el cine, en el que las aletas mutaron bruscamente convirtiéndose en patas, con las que el género dio un salto a tierra definitivo. Y cuatro, que las relaciones hombre-máquina, en la que abunda el libro y orla la película, son cuestiones clarividentes que pronosticaron los autores y que marcarán todo el siglo XXI y posteriores.


Fundido en negro. Réquiem del compositor austríaco Gyorgy Ligeti, de fondo.

(c), 2010 Ramón Galí. Crítica cinematográfica cedida por la revista Tiempos Futuros Future Times.
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Abr 162010
 
BLADE RUNNER: “YO, HE VISTO COSAS QUE VOSOTROS NO CREERÍAIS” (English version)

“Yo, he visto cosas que vosotros no creeríais…”

“… todos esos momentos se perderán en el tiempo,

como lágrimas en la lluvia. Es hora de morir.”

Roy Batty.

Comencemos por una joya de increíble belleza lírica: LA joya de la corona del género para casi todos, expertos y legos. Orfebrería cinematográfica de incalculables quilates. Poema escrito en el celuloide que nos desnuda la condición humana. Deslumbrante hazaña visual gótica y barroca al mismo tiempo. Obra que redefine mitos y factoría de nuevos modelos iconográficos; la lata de Warhol o la silueta de James Dean quedan atrás. Alta ciencia-ficción que no es que se anticipe al futuro sino que contribuye activamente a esculpirlo, a modelarlo. Horizonte inalcanzable para una galaxia de imitadores posteriores. Punto de inflexión en nuestras vidas.

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La película ha generado ríos de tinta, un sinfín de debates, con sesudos análisis desde todos los ángulos, no sólo cinematográficos, sino filosóficos, mitológicos, sociales, etcétera. El gran Garci, con gran valentía, incluyó la obra en la lista de títulos imprescindibles a diseccionar y que engrandecieron el séptimo arte hasta… “más allá de Orión”. No es nuestra intención entrar en este artículo en tales disquisiciones, sobre todo porque el género literario que pretendemos mutaría diametralmente pareciéndose el resultado a “Los Episodios Nacionales” del concienzudo Galdós. Quizá, eso sí, alguna aproximación a vuelapluma orillando el análisis: No sabemos si con una capacidad anticipatorio paranormal el filósofo alemán Arthur Schopenhauer escribió sobre la muerte pensando en Blade Runner; es más lógico pensar que los guionistas le leyeron y, como guiño cinematográfico-o al traicionarles el subconsciente-pusieron en la boca del replicante Roy Batty, antes de morir: “He visto brillar rayos C brillar en la oscuridad cerca de la puerta de Tannhauser-Schopenhauer” o pongamos otro vocablo germánico para disimular.

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Desde el punto de vista clásico los replicantes representan la perfección física y mental que buscaban los antiguos griegos, como neo-Teseos, con fuerza e inteligencia como maravillosa combinación de cualidades. Mary Shelley y su “Frankenstein” está presente, indefectiblemente, en la cinta”: “Yo diseñé tus ojos. Preguntas: “Morfología Longevidad Fecha de Nacimiento”. William Blake también quiso participar de la fiesta: “Y los ángeles ígneos cayeron. Profundos truenos se oían en las costas ardiendo con los fuegos de Orc”, con su poesía profética, original y romántica, como la película. Establecer paralelismos entre las sociedades decadentes que dibujaba Kafka y la de la película se nos antoja kafkiano, sobre todo hacerlo en un solo artículo.

blade_runner6_Critica_Raymond Gali

Blade Runner es mucho más que una película, es una de las metáforas sobre la muerte, sobre la insoportable levedad de los seres humanos, más ajustadas de la historia del arte. Y además es mágica: Sorprendentemente no caduca ante los embates del tiempo, como las obras maestras deslumbrantes. Basada en la mediocre “¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? Del gran Philip K. Dick probablemente sirvió para acuñar la máxima que de grandes libros se hacen malas películas y de libros pésimos estupendos films. La película, encuadrada en el género de ciencia-ficción, pero que sin duda tiene tanto de cine negro como las que generaban los libros de Dashiell Hammett, te envuelve desde la primera escena con su atmósfera opresiva de la que es imposible escapar. El espectador, no es que se acerque desde su butaca a una urbe superpoblada del 2019, sino que se convierte en un habitante más de Los Ángeles, en ese futuro lluvioso, en el que puede encontrarse de bruces con cualquier Replicante al doblar una esquina. “Cruce Ahora, Cruce Ahora”. Y cruzamos, claro. En la city fritzlangiana en la que nunca amanece, que se ha convertido en una torre de Babel, a pesar de la interlingua, todos tienen los papeles invertidos: Los humanos caminan como autómatas solitarios y los replicantes buscan respuestas que les suscitan su lado más humano.

Blade Runner - Crítica cinematográfica Ramón Galí

Blade Runner – Crítica cinematográfica Raymond Gali

Densa. Densísima, en la que casi cada fotograma es una reflexión profunda disfrazada de poema. Sobre la memoria: “No sé si podría tocar (el piano), recordaba las lecciones” “No me puedo fiar de mis recuerdos“. Sobre lo efímero de la existencia: “Todos esos momentos se perderán en el tiempo, como lágrimas en la lluvia. Es hora de morir”. Sobre Dios: “No es cosa fácil conocer al creador”. Sobre el paso del tiempo: “Yo quiero vivir más” ¿Tiempo? El suficiente. Escenas irrepetibles como clásica de la aeronave de Deckard pasando por delante del enorme neón de Coke, que le roban el puesto, o al menos rivalizan, con Paul Newman bajo un bombín a bordo de la bicicleta en “Dos Hombres y Un Destino” o a King Kong pegándose con los biplanos en el State, o a Julie Andrews sobre las verdes praderas o Gary Grant corriendo bajo la avioneta con “La muerte en los Talones”. ¿Qué dice la gran Geisha que nos atrapa con su magnetismo exótico? ¿Qué dice Tyrrell-Prometeo?: ¿Más humanos que los humanos? ¿Por eso coleccionan fotos? Si tienen, como mucho, cuatro años. Por eso mismo. ¿Alguien más se percató que una de las fotos cobra vida durante un segundo en una genialidad infinitesimal, de bolsillo, de pitiminí? El replicante habla despacio, en el edificio en ruinas, y en una escena de asombroso lirismo besa a su compañera muerta para corregir su indecoroso rictus. El test Voight Kampf, moderno oráculo que mide el grado de empatía (“…El galápago yace sobre su espalda con el estómago cociéndose al sol y moviendo las patas para darse la vuelta, pero sin su ayuda no puede. Y usted no le ayuda…”), al que le preguntamos quién o qué somos, “¿Este test es para saber si soy una replicante o una lesbiana?”

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Y sí, en Blade Runner también tiene cabida una historia de amor, ¿hombre?-replicante. Si Stendhal levantara la cabeza… Ella le salva la vida; Leon Kowalski quiere sacar a Deckard de este mundo por la puerta de atrás pero Rachel lo impide con una bala calibre XXL. En el apartamento de él ella se acerca, con el rimel corrido que le confiere aspecto siniestro aunque delicado a la vez: ¿Rachel matará también a Deckard por haberla descubierto con el test Voight Kampf? No. Salta la chispa, nace la llama, el yin y el yang se unen. Perseguidor y perseguida. Cada uno es lo que necesita el otro y llena de esperanza ese espacio que antes ocupaba esa soledad ya asumida. Cada uno le da al otro un motivo para vivir tras una existencia de mera superviviencia. Gaff sentencia lapidario: “Lástima que ella no pueda vivir. Pero ¿quién vive?” Pero el amor obra el milagro, incluso aunque haya cristalizado entre un ¿ser humano? y otro sintético ¿o quizás precisamente por eso? ¿Está ya muerta? No. Ocho palabras sellan la unión…¿simbiótica o entre iguales?

Deckard: ¿Me quieres?
Rachel: Te quiero.
Deckard: ¿Confías en mí?
Rachel: Confío.

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Y el final, glorioso, definitivo. Y nuestras lágrimas se confunden con las gotas de agua de la lluvia, como los recuerdos del replicante más perfecto, como dijo nuestro director en el editorial de bienvenida a nuestro magazín ucrónico. Roy Batty no solo que no le mata sino que le salva la vida al borde del abismo imposible que se cierne bajo sus pies. A punto de fenecer indefectiblemente valora la vida más que nunca, la suya, la de los demás. La muerte más bella de la historia del cine. Una paloma al viento; ¿su alma? “De donde vengo, a donde voy, cuanto tiempo me queda”.

En fin, para concluir y como empezamos: Blade Runner, para muchos, punto de inflexión en nuestras vidas. Cada vez que visionamos el film nos quedamos sumergidos en un profundo silencio, pensando…

(c), 2010 Raymond Gali. Crítica cinematográfica cedida por la revista Tiempos Futuros Future Times
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