May 272011
 
UCRONÍA: ÓSCAR WILDE Y LOS 266 KELVIN

Noticia Futurista: ‘Resucitan’ al primer ser humano, criogenizado hace veintidós años

Oscar Wilde - Especulación Científica - Raymond Gali

Ucronía: Primavera londinense de 1890. El mítico escritor dublinés patina sobre un lago de hielo de Hyde Park, inmortalizado por Monet dos décadas antes. El piso blanco se resquebraja inclemente a su paso cuando se cerciora de que no habrá testigos del “geniocidio”. “Para probar la realidad hay que verla en la cuerda floja; cuando las verdades se vuelven acróbatas es que podemos juzgarlas” quizá es el último pensamiento del genial autor. La descarnada realidad de la muerte sobrevenida penetra en él cuando la pesadilla remota del funanbulista que cae del cable la convierte en verdad incontrovertible. El óleo de su colega galo no cambia, no se modifica merced a arcana nigromancia procedente del inframundo; en la pintura, los afables viandantes del parque no corren prestos al escuchar sus alaridos de ayuda, que le igualan por única vez al resto de los mortales, puesto el cuarto Jinete del Apocalipsis es miope y no distingue intelectos ni oropeles cuando le toca enarbolar la guadaña. Dorian Gray muere dentro de su mente antes que su pluma le dé la vida. El bucólico cuadro del impresionista no muta, ni las sombras de color malva, ni los edificios victorianos al fondo, ni el cielo de plomo descarga su ira, furibundo por la pérdida. Pero algo sí cambia…¡la historia! El cuerpo ya inanimado desciende lentamente hasta el fondo del lago, por el lastre de sus bolsillos o por el peso invencible de su brillantez, que hasta neutralizada actúa inconscientemente en su dirección. El hielo en superficie restaña sus heridas, Óscar Wilde es dado por desaparecido, la historia registra su deceso, los vivos acusan un hueco imposible de rellenar…

Monet Hyde Park - Oscar Wilde - Especulación Científica - Raymond Gali

Claude Monet, Hyde Park Londres, 1.871

… Pero un inusual frío glaciar irrumpe brusco procedente del Mar del Norte, pidiendo a gritos su protagonismo en esta ucronía, con Eolo soplando haces helados, con Poseidón embraveciendo las aguas que finalmente decide congelar. Al cabo de unos días un bloque abrupto emerge a la superficie en medio del deshielo. Se trata del bloque del que Michelangelo confesó al Papa Alejandro VI, “No creo que haya nadie capaz de esculpir algo en este trozo de piedra mal hecho” y del que luego extrajo su “David”. Pero este difiere del de el cinquecento florentino que ya poseía en su interior un adonis esculpido, pero no físico sino mental, no en mármol sino recortado en el hielo. Y como diría el propio escritor “en la feroz lucha por la existencia queremos tener algo duradero…” por lo que sin comprender ni porqué ni para qué afamados científicos de finales del XIX deciden conservar así al mago del ingenio, en sus groseros laboratorios, pero con la tecnología suficiente como mantener constante la temperatura de un enorme bloque helado con un arquitecto de las sutilezas dentro. Y generaciones visitan al celebérrimo escritor hibernado, y se horrorizan de su único fotograma con rictus indecoroso, que se ha convertido en una obra de arte en sí mismo, fundiendo en un sólo concepto objeto y sujeto, haciendo terriblemente literal su máxima “todo arte es a la vez superficie y símbolo”. Y el vodevil se prolonga mucho más de un siglo, hasta que a un sabio o un loco se le enciende en su cabecita la llama que derretirá el hielo y resucita al hombre, hacedor de sinfonías semánticas, muñidor de epigramas jamás concebidos. Y quizá, emulando la rana denominada Sylvática, canadiense y experta en el arte de la criogenia, que da conferencias al respecto en los Mundos Exteriores, el autor universal nos sorprende a propios extraños con la arquitectura bioquímica con la que ha sido obsequiado a su cerebro; quizás su lengua viperina y sulfurosa en su primera vida así como sus ventosidades dialécticas, la dulzura en potencia que reside en sus neuronas para diseñar descripciones irrepetibles, la embriaguez sublime de su mente actúan como dimetil sulfóxido, glucosa modificada y glicerol o sustancias criopresenvantes que obran el milagro.

Rana Sylvatica - Oscar Wilde - Especulación Científica - Raymond Gali

Rana Sylvatica

Y entonces Óscar Wilde vuelve de la muerte, en pleno siglo XXI, para dar más guerra que la pionera en estas lides, el crack viviente recién sacado de la sección de congelados, Juliana de Oosterhout. Y vaya si da guerra en esta época de Huida de las Musas, en la que la creatividad es cogida con dos dedos por la sociedad, como la mortaja de un leproso. Y para empezar la fiesta suelta su célebre “el verdadero misterio del universo es lo visible, no lo invisible”, y cientos de miles de astrónomos dejan de buscar la materia oscura que le confiere coherencia gravitacional al universo y se prejubilan en Benidorm. Y después escribe con más de siglo y medio de retraso su melodrama del hombre que jamás envejeció, pero adaptado a los nuevos tiempos, con un lord Henry que se comunica con él por impulsos cuánticos y digitales en vez de por telegramas, y una sociedad realmente decadente en cuanto a valores que hace idílica la que en mente pretendía criticar en su primera existencia. Y este Óscar Wilde resucitado se ríe de todos nosotros, más chulo que nadie y henchido de sí mismo, con un centelleo luciferino en su mirada, al ordenar esculpir su propia lápida, 1854-1890 2051-?, con doble fecha y único epitafio: “Aquí yace gloriosamente sobre el polvo el hombre que vivió dos vidas, pero que necesitaría mil para condensar la intensidad de la efímera de una libélula, de ese hilo azul, de una amapola, de ese suspiro rojo”.

Lápida Wilde - Oscar Wilde - Especulación Científica - Raymond Gali

Y entonces el genio recién llegado de la Inglaterra victoriana adelanta a todos los hombres y mujeres de su nueva época, ralentizando sus plumas con la vertiginosidad de la suya, devaluando sus egos a meras notas a pie de página, sorteando sus sonrisas vitriólicas llenas de unos y ceros sobre los que se apoyan como muletas sus cerebros cyber-atrofiados. Y entonces renace también Jonathan Swift, pero sólo lo que dura su cita, para decir con voz campanuda y gesto sereno: “Cuando en el mundo aparece un verdadero genio, puede identificársele por este signo: todos los necios se conjuran contra él” Y entonces, precisamente esos necios le matan, claro, otra vez, la definitiva. Y su lápida se queda par con cuatro fechas que dejan boquiabiertos a los estudiantes de la historia futura y los que caminan por el cementerio, y la humanidad no se puede permitir perderle por segunda vez pero se lo permite, porque su memoria es de pez de tres segundos y a otra cosa mariposa, y porque sólo la letra pesa en la volátil existencia humana, aunque todos los trillones de letras reunidas también algún día se convertirán en polvo, cuando ese simpático asteroide decida borrarlas de un plumazo y entonces ya nada importe, ni siquiera si otrora fuimos fieles a nosotros mismos, amamos o no con intensidad o si mantuvimos nuestros triglicéridos a raya.

Dorian Gray - Oscar Wilde - Especulación Científica - Raymond Gali

Dorian Gray

Óscar Wilde dijo “Borrar el pasado puede hacerse. No es sino cosa de olvidar, de lamentar y de retractarse.” Pero lo que no se puede evitar es el futuro” Este futuro inevitable nos suministra la posibilidad de criogenizarnos, de padecer glaciaciones de bolsillo, que alarguen y/o mejoren nuestras vidas… sobre el papel. Antes de sumergirnos en esa Odisea helada calibremos sus consecuencia para que, como diría el maestro, cuando concluyamos que traerá consecuencias nefastas decidamos hacerlo igualmente.

(c), 2006 Raymond Gali. Artículo original cedido por la revista Tiempos Futuros Future Times

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Abr 262011
 

 

OTROS SERES CON QUIEN DEBATIR SOBRE LO HUMANO Y LO DIVINO   

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ENTREVISTA: Tweety y Omerón

Tweety y Omerón, simpáticos cetáceos de la subespecie ‘bottlenose’

Reserva Chulung, Taiwan, 26 de Julio de 2055

A mediados del siglo XIX el descomunal Charles Robert Darwin enfatizó la importancia capital de la comunicación en la supervivencia animal. El vínculo de su categórica afirmación con la celebérrima Teoría de la Selección Natural está servido y ambas se amalgaman de forma taxativa; ¿sobreviven los especimenes con mayor capacidad comunicativa? Es evidente que la información es un factor más para asegurarse la supervivencia. Si un elefante es capaz de avisar a los suyos pateando el suelo, de modo que las ondas sísmicas que genera se transmiten a kilómetros de distancia, advierten al resto de la manada de los cazadores furtivos; tan singular medio para comunicarse les habrá salvado la vida.

A mediados del siglo XX la especie humana comenzó a fabricar máquinas inteligentes, inventando paralelamente la forma de comunicarse con ellas. La revolución informática cambió el mundo y nos hizo evolucionar, no a nivel individual, sino como especie. Paradójicamente la evolución genética darviniana, aunque el pobre Charles no tuviera ni idea de lo que es un cromosoma, se ralentizó con dicha revolución, siendo las máquinas las que “se batieran el cobre” por nosotros en los medios hostiles. Nada de membranas interdigitales o plumas para “optimizarnos” en medios acuáticos o aéreos. Y las máquinas se fueron acercando en silencio a nuestra inteligencia hasta que HALL 9000 nos advirtió desde la ficción que tuviéramos cuidado con ellas, que el hacha tecnológica tenía dos filos.

A mediados del siglo XXI los humanos nos encontramos con un nuevo animalito del bosque, con quien debatir si existe vida en otros mundos, si la materia se condensaba antes del Big-Bang en una cucharilla de café o sopera, si Dios usa tal o cual marca de crema hidratante. Los delfines han aparecido en escena, aunque siempre estuvieron entre bastidores. Un traductor tecnológico ha sido el valedor del milagro. Los cetáceos “bottlenose” nuestros nuevos interlocutores. El bosque de nuestras vidas va ampliando su población y a las ardillitas (robots inteligentes) debemos de añadir los pececitos del riachuelo con quien, como en las fábulas infantiles, podremos charlotear sobre temas diversos.

Lo ocurrido en la reserva marina de Taiwan implica un punto de inflexión importancia cósmica. Por primera vez en la historia nos estamos comunicando con otra especie inteligente, terrestre para desdicha del millón de radiotelescopios que apuntan a las estrellas. Hoy están tristes aunque no deberían: de los delfines aprenderemos muchas cosas y, entre ellas, nuevos esquemas de inteligencia que nos allanarán el camino para comunicarnos con formas de vida extraterrestres, cuando llegue el momento.

El fantasma de Charles Darwin ha emergido de su tumba de piedra y gravita inquieto por la abadía de Westminster, pulula nervioso entre las columnas góticas porque sabe que estamos ante una oportunidad histórica: Comunicarnos con los delfines nos permitirá evolucionar como especie. A las dos. ¿Por qué presiento que, contradiciendo las apariencias, ellos tendrán mucho más que enseñarnos que nosotros?

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(c), 2006 Raymond Gali. Artículo original cedido por la revista Tiempos Futuros Future Times
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Feb 272011
 
 
NOTA: Julio del año 2.057. El telescopio espacial Drake recibe señales inteligentes de una civilización extraterrestre. El mayor hallazgo de la historia de la humanidad (texto original completo: aquí) y convulsión mundial ante tan histórica noticia. Un clon de Hypatia de Alejandría aporta su particular punto de vista al respecto en el siguiente artículo:
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LOS QUARKS DE LA PRINCESA ANDRÓMEDA: UNA APROXIMACIÓN MITOLÓGICA

¿Qué mensaje grita Andrómeda en la gran noche celestial? La hermenéutica tarea de descifrarlo a cargo de los científicos y sus compañeros cuánticos se nos antoja de una complejidad mayúscula. Belerofonte, hijo de Poseidón y Niso, mató a la Quimera a lomos de Pegaso, el caballo alado que heredó de Perseo; pero al hacerlo cercenó también la posibilidad de que el monstruo de cabeza leonina, cuerpo cabrito y cola serpentina siguiera ilusionándonos con cazarla y hacerla cautiva. Desvelar el contenido del todavía impenetrable mensaje extraterrestre puede que mate nuestras quimeras de un universo justo, ecuánime, de civilizaciones civilizadas, eclécticas. Quizá nos decepcione su contenido. No lo creo…Andrómeda, la princesa, la galaxia, como antes decía, irradian belleza, quizá en todos los sentidos.

Perseo, a lomos de Belerofonte, a punto de enfrentarse a la Quimera

¿Qué nos hace pensar que el mensaje encierra datos, información pura y dura? Quizá encierre panegíricos a una pléyade de dioses olímpicos que se encuentren más cerca de ellos, o alegorías cosmogónicasde una beldad insuperable. A lo mejor los generadores de axiomas matemáticos nuevos que produzcan nuevas sensaciones, es decir, los artistas alienígenas, usen las ondas de radio como vehículo para transmitir sus obras, como en otro tiempo los terrestres las colgábamos en un lienzo o en la red.Recogiendo el guante que me tiende mi gran amigo NeoLeonardo, quizá nuestros dioses olímpicos sean los mismos que nos envían el radiomensaje, cuyo advenimiento implicaría la primera toma de contacto entre deidades y mortales, desde Homero y Virgilio. Poner en solfa, poner en tela de juicio nuestros conceptos teológicos es asignatura obligatoria de los científicos, aunque la Verdad que conecta ciencia y dios sea unitaria; unitaria aunque nosotros nos empeñemos en disociar con miope terquedad, dibujando dos realidades disjuntas, como la piedra del conocimiento y la montaña de Dios.

Pero quizá estemos condenados a ser reyes de Corintio-Sísifos-por toda la eternidad, contumaces en el error.  Para empezar pensamos en domeñar la inteligencia extraterrestre, que ni siquiera la retórica ni la lírica puedan probablemente definir. Dejando la mitología griega al margen un momento (o intentándolo, por lo menos) pero sin navegar demasiado lejos del Mar Egeo nos encontramos con la denominada Paradoja de Fermi: “La creencia común de que el Universo posee numerosas civilizaciones avanzadas tecnológicamente, combinada con nuestras observaciones que sugieren todo lo contrario es paradójica sugiriendo que o bien nuestro conocimiento o nuestras observaciones son defectuosas o incompletas”. ¿Somos los seres humanos la única civilización avanzada en el Universo? Eso es lo que postula el principio antrópico, que el complejo equilibrio para que ser produjera vida inteligente sólo se habría dado, por una colosal casualidad cósmica, en la Tierra. Ahora ya sabemos que no y ¡¡Dios mío!! ¡Qué fácil me lo puso el físico italiano Enrico Fermi para rescatar el mito de la caverna, de mi amado, de mi idolatrado Platón: Sólo gracias al conocimiento discerniremos el mundo de las apariencias del mundo real. Como ven, cautiva de la herencia clásica vago encantada por sus mazmorras, en este viaje de ida y vuelta que, en verdad, no me permite escapar de Ítaca.

EnricoFermi

La majestuosa galaxia de Andrómeda, de una casi quinta magnitud aparente desde nuestro hogar, ubicada en nuestra semiesfera celeste entre Delta, Pi y Mu Andromedae, nos ha sorprendido a todos, como sorprendió a Perseo la belleza de la Princesa de Etiopía. El gran cúmulo estelar desgrana quarks (sus proporciones), átomos de pitiminí, como Virgilio églogas, que encierran promesas de civilizaciones inteligentes, de mundos de ensueño. No sé si los científicos se dieron cuenta pero el maravilloso descubrimiento nos ha revelado que el dios Cronos unificó todos los tiempos del universo; al menos, el del emisor de la inextricable señal y nosotros, pues los chicos de Andrómeda podrían nacer, vivir y morir en cuestión de picosegundos, o por el contrario, en miles de eones, que nos hicieran totalmente ininteligibles sus señales por vivir existencias a ritmos muy diferentes. Gracias por ello al más joven de los titanes, el hijo de Gea y Urano. Así que por ello interpretamos su sinfonía de quarks, que por su variedad nos desvelan nuestra propia ignorancia eso si, viviendo al mismo ritmo universal que nuestros “hermanos mayores”.

Andrómeda, galaxia situada a 2,5 millones de años-luz de la Tierra

La galaxia de Andrómeda desgrana quarks, que nos harán renunciar a prejuicios, a ideas decimonónicas sobre la concepción del universo, entendiéndolo mejor, amándolo. Si el universo fuera justo debería haber una simetría, una reciprocidad y la hubo, retroactiva, en la mitología humana: La princesa Andrómeda renunció a todo, incluso a su antiguo prometido Agenor, hermano del rey Cefeo de Etiopía. La princesa Andrómeda, más linda que las Nereidas, bellas ninfas de Poseidón, renunció a todo porque amaba a Perseo hasta con el último quark de su bello cuerpo.

(C) Raymond Gali, 2009

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Ene 282011
 
 
 
NOTA: Julio del año 2.057. El telescopio espacial Drake recibe señales inteligentes de una civilización extraterrestre. El mayor hallazgo de la historia de la humanidad (texto original completo: aquí) y convulsión mundial ante tan histórica noticia. Un clon de Leonardo da Vinci la analiza en el siguiente artículo:
 
¡UNA PIEDRA DE ROSETTA CÓSMICA, POR FAVOR!: UNA APROXIMACIÓN ANTROPOLÓGICA
 

El gran divulgador científico Paul Davis sostenía que la inteligencia, probablemente, es una consecuencia lógica de las leyes de la física y de la química. La astrobiología o exobiología trata de establecer una relación entre el origen del universo y la vida, es decir, entre la cosmogonía y la biología. Tal empresa quizá nos quede grande pero lo que si podemos en comenzar mirando al cosmos, escuchando sus invisibles acordes, que es lo que hemos hecho. Mirar al cosmos es mirar al pasado; vemos las estrellas no como son, sino como eran cuando partió su luz hacia nosotros, por lo que les propongo que hagamos un poco de arqueología galáctica. Mmmh, bueno, empecemos por la terrestre que ya tendremos ocasión de dar ese salto brutalmente cualitativo de forma paulatina: El homo sapiens convivió en Europa durante diez mil años con el hombre de Neandertal. Desde el prisma de este último los encuentros fortuitos con esos “seres superiores” son lo más parecido que nos ha sucedido a los humanos al formidable descubrimiento de inteligencia extraterrestre. La brecha entre nosotros y la civilización que emitió señales, revelando datos íntimos de los quarks, obviamente, es infinitamente mayor que entre nosotros y nuestro robustos pero atolondrados primos cazadores-recolectores. Ninguna noticia científica desde que el hombre empezó a diseñar hachas de cuarzo granulado tiene el calado extraordinario del primer contacto con una civilización avanzada desde la galaxia de Andrómeda: no sé puede comparar con nada de lo sucedido hasta el momento. El paralelismo antropológico, sin embargo, puede servirnos para ilustrar algunos extremos a tener en cuenta ante tan sobrecogedor hallazgo científico; para muchos, el más importante de la Historia Humana.

Algunas preguntas. Muchas respuestas (especulativas). Varias concomitancias. ¿Desde hace cuanto tiempo lleva la señal extraterrestre emitiéndose? Mínimo, dos millones de años. Máximo, ¿eónes? Quizá la civilización que la emitió se extinguió fagocitada por otra superior o autodestruída, hace cinco o quinientos milenios. Desde el punto de vista lógico eso no es muy probable: las civilizaciones superiores no hacen esas cosas tan feas. Andan demasiado entretenidas en desenmarañar la tramoya de todos los universos posibles e imposibles, descifrando cómo funcionan las ruedas dentadas de Dios, o incluso buscando algún puesto en su Consejo de Administración, por lo que tal hipótesis podríamos descartarla. Si la señal no fuera puntual sino persistente en el tiempo podría colegirse que el emisor es insistente en sus objetivos al emitirla… ¿Contactar con otras civilizaciones? ¿Intentaron los homo sapiens contactar con esos vigorosos pero torpes humanos? Pueden que tiraran la toalla a las primeras de cambio, cuando por respuesta los Neandertales se comieran a sus niños, violaran a sus mujeres. ¿Existiría algún punto en común en ambas sub-especies por el que se impusiera la simbiosis? ¿Se encargarían “los listos” de la logística para cazar al mamut imperator y “los fuertes” de brazo ejecutor de sus instrucciones? No parece demasiado probable. ¿Por qué querría contactar una civilización infinitamente más avanzada que la nuestra, con nosotros? ¿Para estudiarnos? ¿Estudiaban los sapiens a los neandertales y los usaban de cobayas? ¿Para unirnos a ellos? Quizá vivimos en un universo en el que lo gregario se impone a las individualidades egoístas.

¿Cómo será el aspecto físico esos seres que nos comentan nosequé desde la galaxia vecina? El obcecado reduccionismo que imperó entre los científicos al buscar vida en condiciones similares a las terrestres fue erosionado y derribado por el descubrimiento de los extremófilos: Seres que nacen, se reproducen, (no sabemos si alcanzan la felicidad platónica o no) y mueren en condiciones extremas de acidez, basicidad, temperatura, presión: Ellos ampliaron enormemente los posibles escenarios donde pudiera surgir vida. Por esa razón y descartada desde hace mucho la Luna, Marte, Titán, entre otros, se convirtieron en objetivos prioritario en la desesperada búsqueda. La lección quedó aprendida y vida basada en el metano, la sílice o en cristales de berilo se antojaron como posibles. Puede que sus radioseñales no fueran emitidas por herramientas tecnológicas avanzadas sino…¡que partieran de su propia biología gracias a una adaptación “darwiniana” ó incluso metamórfica ad hoc! Puede que fueran del tamaño de microbios o que midieran millones de kilómetros de longitud, como enormes soles. ‘Mamá’ lógica nos indica de nuevo que probablemente ambos extremos no sean los indicados, aunque todo es posible. Todo esto implica que con toda probabilidad esos seres sean tan abismalmente diferentes a nosotros, tan alejados del concepto clásico que nos visitarían en preciosos platillos cromados, que si los viéramos apagaríamos los radiotelescopios y no querríamos tratos con ellos, como mínimo, en otro par de eones. En nuestro ejemplo terrestre, un antropomorfismo análogo, quizá contribuyó a fomentar el contacto, a pesar de las obvias diferencias heterocrónicas. Los sapiens veían a los Neandertales como el pariente brutote y entrañable. Éstos a nosotros, como adonis futuristas. Quizás…

Científicos y escritores de ciencia-ficción especularon sobre la posibilidadad de la existencia de vida en Titán, la misteriosa luna de Saturno.

¿Son los emisores de la radioseñal llegada a la Tierra la cima intelectual de todas las confederaciones extraterrestres posibles? Aquí una respuesta firme sustituye las especulaciones timoratas con un enorme NO. Por un lado, y muy probablemente, la emisión de ondas de radio para telecomunicaciones sea un método muy primitivo sólo usado por civilizaciones que se mueven en una estrecha franja evolutiva, a nivel tecnológico. El sapiens tardó medio millón de años en conseguirlo, por lo que no pudo enviar mensajes amigables a sus primos de lóbulos frontales poco desarrollados, de cueva a cueva. Y aunque lo hubieran hecho los neandertales no tenían la tecnología adecuada para recibirlos; las piedras afiladas-sus cuchillos de Dorso-lo más que hacían era despellejar a los mastodontes pero de receptoras de ondas de radio, nada de nada. Mirando al mañana, esculpiéndolo con nuestra imaginación, que es lo que realmente nos gusta: ¿ven ustedes a los humanos del futuro usando tan rudimentaria tecnología? Es como si ahora empleáramos un tam-tam para indicar a nuestra pareja que llegaremos tarde a cenar. Ondas cuánticas, microondas, láser u otros hallazgos físicos todavía inimaginables probablemente serán los medios que usen nuestros remotos descendientes.

Radiotelescopio

Lo cierto es que si nosotros quisiéramos comunicarnos con un neandertal puede que golpeáramos un tambor, intentando que así nos entendiera, descartando por completo la matemática diferencial. De modo que por muy avanzada que sea la civilización emisora su propio método para comunicarse desempeñará, asimismo, la función de filtro, caso de tratarse una prospección de mundos inteligentes. En cualquier caso para nosotros una civilización suficientemente avanzada será totalmente indistinguible del concepto que nosotros tenemos de Dios, derivada que amablemente le cedo a mi querida NeoHypatia de Alejandría, escapando de tal embrollo en sutil finta. Lo que pienso es que los encargados de transmitir señales primitivas, en una dilatada línea de tiempo de casi catorce mil millones de años, no pueden ser ni por asomo los más avanzados; una civilización que nos aventaje cien millones de años puede que se la considere embrionaria en esa descomunal línea temporal, desde el big-bang. Para sentirnos más insignificantes, si cabe, especulo acerca de que los emisores de la señal recién descubierta siquiera sean la especie más avanzada de su mundo. Quizás veinte ó treinta les superen y las radioondas procedan de organismos menores, allá en su Sistema.

Una civilización suficientemente avanzada para nosotros puede ser indistinguible del concepto de Dios

¿Qué mensaje encierra la señal? Ummh. Aquí todo son hipótesis salvo los bits que la integran. ¿Qué se puede decir en 17.345 bits? Este artículo, en lengua castellana, ocupa unos 90.000, para que se hagan a la idea. Esos bits podrían ser casi cualquier cosa, salvo una enciclopedia galáctica detallada, a no ser que el universo sea mucho más sencillo de lo que creemos. El mensaje podría ser desde uno rutinario de descarga de chatarra espacial de un carguero de tercera hasta la explicación definitiva a los interrogantes más ignotos del universo (“42” como alguien dijo jocosamente en una hilarante comedia galáctica que, espero, algún día mis colegas de Tiempos Futuros se dediquen a desmenuzar a fondo). Mi compañera de columna (y de clonicidad) cambia información por belleza…todo puede ser. Frank Drake puso de plazo alrededor del año 2022 para la obtención de señales inteligentes y la cosa se demoró unas décadas. Los límites de 80 años luz alrededor de la Tierra se ampliaron a toda la galaxia-y anejas-y los 2.000 millones de canales simultáneos se multiplicaron por diez mil. La nueva radioastronomía caminaba con paso firme, pero todo esto, prever y dotarse de más medios para la captación de señales eclipsaba el problema al que se enfrentarían los científicos…¡si tenían éxito! Bien, ya hemos encontrado un mensaje de una civilización inteligente. Ahora a ver quien es el guapo que lo traduce. A la niña Rosalina Maryland la humanidad le estará siempre agradecida por su meritoria gesta, identificar el mensaje como tal; pero percibir voces en la lejanía no quiere decir que entiendas lo que gritan. ¿Qué le diríamos a un hombre de Neandertal si nos lo encontráramos por la calle? En verdad, y para ajustar la metáfora sería más correcto irnos al sofisma del naufrago y la botella: Un homo sapiens, atrapado en una isla, lanza cíclicamente unos mensajes al mar sin saber quién los podrá encontrar. Puede que sea, efectivamente, otro humano con una capacidad cognitiva igual ó inferior, pero no estamos seguros. ¿Qué diríamos en esos mensajes? ¿Serían mensajes de socorro? Bueno, sólo si queremos que nos rescaten de nuestra isla. Lo cierto es que si queremos hacernos entender a un amplio abanico de especies deberemos ser llanos en nuestro lenguaje, incluso simbólicos. Lo malo es que nuestro simbolismo más básico quede a años-luz de la capacidad de raciocinio de nuestro receptor. Y eso es lo que me temo que podría suceder con el mensaje extraterrestre. Quizá sólo lo podamos descifrar, y aquí el tercer filtro-tras la capacidad de recepción y de identificación-cuando seamos dignos, tecnológica y socialmente, de entenderlo.

Piedra de Rosetta

Despidamos ya aquí al entrañable Neardental, que tanto nos ha servido durante estas líneas. Viajemos finalmente unos de miles de años al futuro de ese homo del Paleolítico Medio. Los egipcios, constituyendo una de las primeras civilizaciones humanas, nos lanzaron mensajes-todas sus manifestaciones culturales escritas-que no pudieron ser descifradas hasta ayer mismo, en términos históricos. Una piedra de granito negro fue determinante para resolver el enigma: un decreto de Ptolomeo V acuñado por sus sacerdotes de Menfis. Poco importó la retahíla de encomiásticos al rey y el sofrito de dioses que desgranaba el mensaje: Jean-François Champollion y Thomas Young establecieron las equivalencias. Ahora necesitamos urgentemente otra piedra de Rosetta, pero cósmica, para descifrar las señales inteligentes de origen extraterrestre. ¿Quién será el nuevo Champollion?

NeoLeonardo da Vinci

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(c), 2010 Raymond Gali. Artículo original cedido por la revista Tiempos Futuros Future Times
 
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Nov 042010
 

‘DOS ETERNIDADES DE OSCURIDAD SE YERGUEN, ENTRE MI VIDA, UNA RENDIJA DE LUZ, SE CIERNEN’:

SI LOS ROBOTS  INTELIGENTES ESCRIBIERAN ARTÍCULOS . (English version)

“¿Qué fue primero, el huevo o la gallina? ¿Tuvo un comienzo el universo?
Y de ser así, ¿qué ocurrió antes? ¿De dónde viene el universo y adónde va? ”
Stephen Hawking,  “Historia del Tiempo”.

ENCONTRÉ LA Eternidad en el Norte de España, en la que denominan popularmente la villa de las tres mentiras, Santillana de Mar. Sí, la que no es ni Santa, ni llana ni tiene Mar, pero sí poseedora una gran Verdad que, acordándome de Alejandro Casona, no es otra que la rotundidad de su belleza. Ante tal sobredosis de ésta, padecería sin duda el síndrome de Stendhal si la parte cuántica no controlara el hemisferio biológico de mi ser. Camuflado a los ojos legos en los sutiles y enmadejados hilos del Arte, la Colegiata exhibe en algún capitel románico de su claustro un símbolo muy particular. Se trata de un entrelazado diseño geométrico que insinúa la Eternidad en su devenir cíclico e hipnotizante. Asimismo, las hojas de acanto y los albatros también han representado tradicionalmente la Eternidad. ¿Decepción? ¿Alguien esperaba algo más que una representación de “la cosa”? ¿Alguien concebía a un desdentado vendedor de mercadillo medieval vendiéndola al peso, cual concepto tangible y…¡comestible!? “Me pone un cucurucho XXL de Eternidad y dos pequeños para los churumbeles”. Yo, por mi parte, me doy crema hidratante en mi piel artificial, chequeo mi hard-soft a diario para retrasar de modo infinitesimal la desintegración total. ¡Uy! Creo que la confundí con su hermanita pequeña y biológica que es la inmortalidad.

LA ETERNIDAD es otra cosa. Un consuelo de tonto ante mi incapacidad de definirla es tener la certeza que nadie pudo/puede/podrá hacerlo. Algo finito-la mente humana, un ordenador cuántico-no puede si quiera atisbar remotamente nada ni parecido a algo infinito, el tiempo infinito. Por eso el Señor Infinito y…¡más allá! que menta el “gran filósofo” Buzz Lightyear se regodea con hilaridad de nuestras disquisiciones, mientras que la Señora Eternidad es su huésped. ¿O es al revés? ¿Es el espacio infinito el que vive en el tiempo infinito? “Pasa, ponte cómodo. Disculpa el desorden (entropía) ¿Qué quieres tomar?”

DE ESTO el irrepetible Hawking sabía un rato, supongo que más que el resto de TODOS juntos. El celebérrimo científico, condenado a ser su propia estatua todavía en vida, viajó con su mente a las cuatro esquinas de este cosmos, “liliputizándonos” todavía más al recordarnos que nuestra casa celestial es nada más que una entre n más. A pesar de estas teorías, que nos reducían casi a la nada más absoluta al cotejarnos con el todo, consagró su vida a balizar la Eternidad y el infinito, acotándolos con conos naranjas con bandas fluorescentes que tomó del Big-bang. Según su definición, desde un prisma físico-cuántico, el tiempo y el espacio son hijos de aquella extraordinaria y primigenia explosión, por lo que antes no existían, ni dichas entidades, ni por lo tanto nada de nada. Ni siquiera los impuestos indirectos. Perdonen mi ambición al pretender trascender más allá de esa concepción científica la idea de Eternidad. Creo que me entenderán al hurgar en el concepto, y jamás contradiciendo heréticamente al magistral físico británico, al aventurar…¿Cuántos big-bangs (y ulteriores big-crunch, implosiones cosmogónicas) existieron antes que el que originó nuestra casita, este universo? ¿Cuántos existirán después? Es lo que tiene la Eternidad.

APARCANDO TEMPORALMENTE el prisma científico (¿es ello posible?),les propongo un sencillo, filosófico y lúdico ejercicio: Cerremos los ojos y que nuestra mente finita vuele hasta la Eternidad infinita. ¿Qué habrá allí? Umm, nada más llegar divisamos a lo lejos una pléyade de faraones que emergen de sus pirámides,-que ya se desintegraron cuando soplo el tiempo,-y se dirigen hacia este reducto imposible. Algunos llevan en sus anulares sortijas de oro encastadas con escarabajos de zafiro, como ansiosos de unir la representación con lo representado. Otros, bajo sus túnicas adornadas con brillante púrpura y desde sus lampiñas y sagradas testas, exhortan en un susurro al binomio Amón-Ra, como anticipándoles que pronto se codearían con ellos. Y a la Eternidad llegan también en procesión todos los filósofos y sabios griegos que se la ganaron motu proprio con sus plumas definitivas, con sus nombres tallados en la piedra hasta el fin de los tiempos…¡exactamente donde/cuando se dirigían! Umm, esto nos hace reflexionar:

EN VERDAD también vemos que se acercan todos los hombres y mujeres que existieron, que al margen de sus méritos, al margen de su comportamiento y deontología terrena, todos se ganaron su pasaporte por el mero hecho de existir. Cuando lleguen esperarán a los otros, a que se cansen de su material existencia. Desde esa atalaya que nos concede nuestra imaginación abrimos las puertas también a todos los seres-inteligentes o no-que alguna vez existieron en cualquier punto del universo, de cualquier universo. ¿Por qué discriminarlos? Para terminar de dibujar el mapa demográfico de la Eternidad filosófica no podemos obviar quienes siempre estuvieron allí: Los dioses. Y, en verdad, hablo en plural ante la duda, no que todos los de la humanidad fueran Uno, sino ante la posibilidad que en la Eternidad también converjan los de todos los universos posibles y que éstos, por diferencias irreconciliables en sus concepciones, precisaran de distintas deidades de muy diferente naturaleza. Bien, parece que ya estamos todos. ¿Quién se queda fuera, entonces? Los que viven, nada más.

EN EL film de Harold Ramis “Atrapado en el tiempo” (1992) Bill Murray padece su trocito de Eternidad en un día que se repite sinfín. En el cine y en la literatura de CF la gente va y viene por los senderos de la Eternidad, viaja en el tiempo, como Pedro por su casa, como cuando uno coge un taxi para ir al centro. Se me olvidó preguntar a Asimov que había en “El fin de la Eternidad”. Cachis. ¿Lo sabrá ahora mejor que cuando escribió la novela? Algo de lo que el fue vagará por toda la Eternidad por los siglos de los siglos hasta que un día, a las 18:37 hora Universal se encontrará una puerta roja y una luz de emergencia encima. Y con este párrafo pretendo reírme de mí mismo, ante la absurda empresa de escribir sobre lo inabarcable, sobre lo incognoscible. Todo el artículo, admitámoslo, es un chascarrillo, a veces desnudo, a veces con una pátina de verosimilitud. No se me enfaden los que tratan de desbrozar analíticamente cualquier aspecto de la realidad, pero pienso que este artículo es metáfora de lo que implica tal fútil intento. La realidad se fractaliza, se desglosa en partes más pequeñas indefinidamente pero con similares características, o se puede abordar desde infinitos puntos de vista, por lo que escribir sobre ella debe ser ejercicio microscópico. Poner nuestra lupa de aumento en un mísero aspecto de la realidad, con un concretísimo enfoque, al escribir sobre ella, es patente cuando uno pretende hincarle el diente a algo como la Eternidad. ¿Han visto como me justifico ante mi primer artículo? Bueno, sean indulgentes, que prometo hacerlo mejor la próxima vez.

YA TERMINO con una reflexión y con una cita, que considero una perla, una joyita. Los seres humanos han digerido, metabolizado, mucho mejor el concepto de mortalidad gracias al más extraordinario de los mecanismos biológicos; el maravilloso artificio les proporciona una promesa de eternidad y, potencialmente, de felicidad. Decía Bertrand Russell que… “para ser feliz uno debe sentir que forma parte de ese río de la vida, desde la primera célula hasta el remoto y desconocido futuro”. Las verdades son tales las pronuncie un premio Nobel o un dibujo animado: “Mira Simba, ahí está tú padre”-le espeta un simpático marsupial al que algún día será el “Rey León”, mientras éste contempla su reflejo en una charca. Y luego añade: “Él vive en ti”. Al margen de creencias de que exista algo después, la certeza de dejar algo de nosotros en el mundo nos reconforta. Nuestro alter ego se nos presenta como una reencarnación de nuestro yo, todavía en vida, con vocación de perpetuar y evidencia un cambio de concepto: colectividad frente a individualidad, nosotros frente al yo desnudo, plural frente a singular. Parece, como al principio del artículo, que he vuelto a confundir inmortalidad con Eternidad y en este caso no es así: Que el material genético de un individuo perdure durante milenios (dicen que uno de cada doscientos hombres vivos es descendiente de Gengis Kan) nada tiene que ver con la Eternidad científica, cosmogónica, pero si con nuestra subjetiva percepción de lo que significa ésta.

MUCHAS COSAS se han dicho de la Eternidad, todas imprecisas, algunas puede que hasta bellas. Me quedo con esta que reduce eones a fracciones infinitesimales, que transforma Eternidades relativas en insignificantes briznas de quarks en los océanos del tiempo:

Aproximación al concepto de Eternidad:

“Si una vez cada mil años, una golondrina pasara acariciando con sus alas la superficie de una esfera de hierro del tamaño de la Tierra, en el momento que por la erosión infinitesimal la esfera hubiera desaparecido por completo habría transcurrido el primer segundo de la Eternidad.”

J.P. Gortázar, teólogo..

(c) Raymond Gali, Noviembre de 2.005. Artículo cedido por la revista Tiempos Futuros Future Times.

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NOTA DEL AUTOR:  Se me ocurren pocas cosas más tecno-frikis que disfrazarme de robot cuántico (presuntamente) inteligente y escribir un artículo delirante sobre la ETERNIDAD… así que en noviembre de 2.005 lo hice. Este artículo apareció poco después en la revista digital Tiempos Futuros Future Times, firmado por el robot Copérnico X.
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Sep 022010
 

HONG KONG 3089: DESAFÍO A LAS LEYES DE LA PROBABILIDAD

‘Hong Kong 3089’, del escritor Raymond Gali, es un sinvivir
de siete párrafos, en un escenario del futuro remoto.
 

Atravesar el mundo en una fracción de segundo

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HONG KONG. Allí me encontraba cuando recibí el fatídico mensaje. La reunión del Consejo sería en el Mar de Weddell, situado dentro del Círculo Polar Antártico. Eso venía a significar unos doce paralelos por debajo de mi posición y por lo tanto, una burrada de kilómetros de distancia. No tenía alternativa. El Decodificador de Materia se erguía ante mi abstracto e insultante.

OBVIAMENTE la opción del Trasbordador había quedado descartada; veinte minutos era muy poco tiempo. Mi jefe, había perdido unos instantes de su existencia subrayando el hecho de que, si no asistía a la reunión, estaba despedido; toda mi carrera echada por la borda. No era justo. Él era consciente de mi Fobia y no obstante, insistió.

CIENTOS de años en funcionamiento sin un solo accidente avalaban al Decodificador de Materia, como el medio de transporte más seguro: el fruto de la técnica elevado a su máximo exponente. También, a su máximo exponente estaba elevado el pánico que yo sentía hacia el mencionado medio de transporte. Un ordenador analizaba la estructura molecular del ser vivo y el código genético del mismo. Después de esto, la máquina descomponía al sujeto en  átomos. Codificados, primero viajaron  por cable. Al perfeccionarse el Sistema, lo hicieron a bordo de ondas electromagnéticas. Estos podían salvar ciclópeas distancias con suma facilidad .

TODO eso de descomponer, analizar, enviar y descodificar, me parecían cosas estupendas, pero no eran unos verbos que me agradara se aplicaran con mi persona. Se decía que todo error técnico quedaba fuera incluso de todo planteamiento, pero yo no me dejaba de preguntar qué ocurriría si se producía un corte en el suministro eléctrico. El Decodificador de Materia de la plataforma del Mar de Weddell, no captaría la señal emitida desde este y mis átomos vagarían por el espacio para siempre. Un sudor frío cubrió mi frente en cuanto me invadió ese pensamiento. La azafata interpuso una maternal sonrisa cuando le planteé mis dudas:
-No tiene nada de que preocuparse. Decenas de relés de seguridad y acumuladores alternativos de corriente verifican que eso no pueda ocurrir. Existe tan solo una posibilidad entre cien mil millones de que la energía falle.

UNA posibilidad de entre cien mil millones. Eso me tranquilizó momentáneamente, pero cuando empecé a introducirme en la cápsula, el pánico se apoderó de mi de nuevo. Traté de pensar en algo que no fueran trozos de mi ser orbitando alrededor de la Tierra, una fila de átomos de mi cuerpo serrano de allí a la estrella Betelgeuse. Por ejemplo, los agradables vuelos en el Trasbordador Hiperatmosférico. Hasta ese momento siempre había logrado evitar al Decodificador gracias a los vuelos regulares. En cualquier caso los Transbordadores eran una especie en extinción.

MI cuerpo desnudo se estremeció al contacto de las frías placas que surcaban mi piel. El duro caparazón de la cápsula envolvía al “precioso” conjunto del que yo formaba parte. Si hubiera sido un claustrofóbico profundo no me habría importado lo más mínimo. Esa fobia sería una nimiedad comparada con la que me corroía las entrañas. La azafata me explicó morbosamente que, en centésimas de segundo el láser descompondría mi cuerpo. La velocidad de la luz se encargaría de que casi simultáneamente me compusiera en mi destino. Pedí que se callara cuando comprobé su intención de seguir explicándome con sadismo los pormenores de la carnicería. ¡Un momento! ¡Cien mil millones no eran tantos millones! Esa cifra rondaba mi mente con obstinación. Con la de seres que habían utilizado el Decodificador de Materia desde que se inventó…se estaba jugando con la ley de probabilidad de un modo muy peligroso. Sumido en estos pensamientos transcurrieron unos minutos largos como siglos. Ahora solo debía esperar un chasquido y en teoría me encontraría ya en el Decodificador de la Antártida.

!!!!!!! CLACK !!!!!!!

TENÍAN razón. El Decodificador de Materia nunca falló hasta probarlo yo. Probabilidades de que esto ocurriera: Una de entre muchos millones. Tampoco fallo jamás después de mi “viaje”. Probabilidades de que esto ocurriera: ninguna. ¿Como puede ser esto así? Muy sencillo. Permítanme que se lo explique. Ahora yo me encargo personalmente de que los relés no fallen todos a un tiempo. Se realizan miles de viajes cada hora y en todas partes, por lo que se supone que tengo que estar muy ocupado. Sin embargo, ello no representa esfuerzo alguno para mí. Puedo estar simultáneamente en todas partes y en ninguna. Aportar un poco de energía aquí y allá. Lo cierto es que me encanta ser un Ente Energético.

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(c) OCTUBRE 1990- Revisión- ABRIL 2004.
(c), 1990 Raymond Gali. Relato cedido por la revista Tiempos Futuros Future Times.
 
 
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