Dic 202010
 

TRON LEGACY (2.010). ¿PERO QUÉ CREMA ANTI-AGE USA JEFF BRIDGES?

“’Tron: Legacy’ es el salvapantallas
más impresionante del mundo”
Variety.
 
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¿Se imaginan a Charles Chaplin (nacido en 1.889), Paul Newman(1.925), Raquel Welch(1.940) y Scarlett Johansson(1.984), en la flor de la vida, protagonizando juntos una formidable y novedosa película de aventuras ambientada en el siglo XXI? El mayor activo de Tron: Legacy es que nos anuncia que pronto esto será posible. En el film el maduro Jeff Bridges es objeto de la madre de todos los liftings de la historia del cine, con permiso de Benjamín Pitt Button. Afortunadamente todavía no es perfecto, pues su hieratismo nos recuerda al propio Bridges en Starman(1.984), donde encarna a un E.T. que no es precisamente Jim Carrey a la hora de gesticular; al “Clu” de Legacy (Jeff Bridges yogurín) se le ven ligeramente los hilos. Pero muy poco. Admito que la primera escena es asombrosa, de esas que hacen gritar ¡releches, qué grande es el cine! ¿Entonces por qué el adverbio afortunadamente? Porque el salto que ello representará en la historia del celuloide será tan colosal que va a requerir un periodo de mentalización por parte del gran público. Y no descartemos algunas sesiones de psicoterapia para los muy cinéfilos: “Repite conmigo: Steve McQueen no está muerto del todo y sí, es el apuesto joven que le está metiendo la lengua hasta las amígdalas a Nataly Portman en esa escena”.

Tron: Legacy es un correcto entretenimiento de la fábrica de sueños Disney, aderezada por un correcto 3D que te hace olvidarte de las gafotas y no pedirle la hora a la autoridad competente. Hay películas cuya impronta queda impresa para siempre en los senderos más profundos de tu cerebro y otras que tienen el mismo efecto secundario en tus neuronas que una partidita en la consola. Tron: Legacy es la pesadilla de los que se quedan dormidos con el video-juego. El guión…¡un momento! ¿qué guión? La historia está diseñada al ritmo de la correcta banda sonora de Daft Punk, a saltos casi epilépticos. Alguno ha hecho de la necesidad virtud esgrimiendo que su simpleza es un homenaje a la virginal inocencia ochentera de la primera. Claro, estamos en Navidad y la opción B es terrible así que apliquemos el espíritu “mirad qué enorme caballo de madera tan bonito, vamos a dejarle pasar”. Podríamos afirmar que se caracteriza por la obsesión por no profundizar un micrómetro en los (más que interesantes) temas que aborda, no sea que a algún espectador le haga pensar un poco más de un nanociclo. Esa superficialidad se extiende a la naturaleza de los personajes; salvo el de Kevin Flynn están dotados de la profundidad de una chirimoya adulta. La pregunta: ¿es eso exactamente lo que pretendían hacer por intereses comerciales o es que no saben hacerlo mejor? Respuesta: eso es exactamente lo que pretendía porque no saben, ni pueden hacerlo mejor. Lo asombroso es que la película dispone seis (¡sí, seis!) guionistas, que se han esforzado en hacer algo terriblemente banal, un texto de bajo perfil que responda a estas tres consignas: taquilla, taquilla, taquilla, frente a la triple humildad agustiniana.

Y hablo de humildad por algo muy concreto: los guiños. Los hay simpáticos, los hay terriblemente heréticos y tendrían que ser constitutivos de delito: La pirámide truncada robada descaradísimamente a Blade Runner es como una hostia en la cara. ¿Pero se ha ganado el director esa licencia? El habitáculo donde vive el Bridges maduro es la sala final de 2.001, estilo Luis XVI, remodelada con muebles del Ikea con mucho metacrilato. ¿Se lo han ganado? Pues tampoco. ¿Y el simulacro de Han Ford Solo en el Halcón Milenario cargándose a los malos? Ni de coña. Joseph Kosinski no es ni Scott, ni Kubrick ni Lucas, ni se parece ni en el blanco de los ojos. Qué manía de tomar por la patilla elementos de obras maestras, como si eso… Perdón, pero es que me pone de mala leche. Bueno ese tipo de cosas me sulfuran y que siempre esté chupao adivinar las passwords alfanuméricas en las películas. En fin, me remito a unas declaraciones recientes de Coppola: “¿Quieres tener éxito, ser rico y famoso, o quieres hacer películas preciosas y bellas y que sean útiles?”.

Respecto de la interpretación, ni el siempre estupendo Jeff Bridges es capaz de equilibrar la balanza. Me refiero al canoso de patas de gallo y ojeras, al que “los ciclos no le han tratado bien”, no su clon digital. Los cogen tan jovencitos que todavía no están hechos, les quedan varios hervores a fuego fuerte. Me refiero a unos actores elegidos para enamorar con su físico griego a una generación de chavales de medio mundo comprendidos en una horquilla concreta de edad; la que ya tiene algo de dinero en el bolsillo pero todavía confunden una obra del Maestro Chapí con la picha del maestro de obra. El chico (Garrett Hedlund) no es Cary Grant, precisamente. Vive en una especie de loft acondicionado en un garaje, porque toda idea tecnológica que se precie en USA tiene que ser urdida en uno de esos antros (Joder, que hagan el MIT con forma de garaje de barrio). Ella (Olivia Wilde), para empezar no llena ni de lejos el cuero del traje con la puerta de la lavadora detrás, incorporada, el soporte para el disco de datos/lucha (¡Oh, me martillea todavía Halle Berry en Catwoman!). Todo lo que tiene de guapa lo tiene de a…CENSORED…a. La joven detenta el dudoso honor de quedar la última en el apartado de interpretación, por detrás incluso de la réplica digital de Bridges, que se le ve incluso un poco más humano que ella. El doctor House estará celoso (la chica interpreta a “Trece” en la serie) pues el Bridges talludito aparentemente vive con ella en la casita de 2.001. Pero entre que al viejo le va el rollito zen y ella en la película es una jodida cariátide, no sé yo si tendrá motivos.

Después de despellejar toca aquilatar los méritos de Tron Legacy. Mi sobrino de 10 años, con quien tuve el placer de visionarla, le dio un 6, nota en la que ya habíamos coincidido antes de preguntarle. Y me fio más de él que de todos los críticos del mundo mundial. Sin embargo creo que merece la pena verla aunque solo sea por erigirse como la precursora de lo que está por venir: una reinvención del cine que no vendrá de la mano del 3D. No. La reinvención/revolución pasará por resucitar a los actores muertos de todos los tiempos que de verdad de la buena, entonces sí serán inmortales. Vamos a disfrutar de lo lindo.

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ANEXO: Unos apuntes rápidos sobre Tron (1.982) y tabla comparativa.

El eslabón perdido entre Hall 9000 y Skynet, un antiguo programa de ajedrez crece exponencialmente hasta convertirse en un malísimo Control Central de Programas (CCP). Kevin Flynn es el creador de Paranoids e Invaders pero el programador malo Dillinger se ha pasado el © por el arco del triunfo y se los ha birlado.Cuando Flynn Bridges intenta obtener pruebas de su autoría es alcanzado por un decodificador de materia que digitalizaría hasta un jamón serrano. Una vez dentro de esa enorme máquina de millón que es el ordenador central de la compañía, se batirá el cobre a muerte con programas, ante el vulgo digital, sediento de sangre y bytes triturados. Tron, un troyano en la corte del CCP en un microcosmos muy peligroso (“cuidado con las macros ocultas”), le ayudará a reprogramar al malo haciendo el sistema abierto. Especial mención a un personajillo menor, bit, que como su nombre indica es terriblemente booleano (Sí/No), y hubiera podido dar mucho juego tanto en esta como en Legacy si se le hubiera usado de oráculo googleano. Tron es incontrovertible predecesora de Matrix: los hermanos Wachowsky seguro que se compraron en la tienda de merchandising de la salida del cine un “frisby” fluorescente ochentero y un poster que plantificaron en su habitación de su casa natal de Chicago; un poster que chinchetearon al lado de la estantería donde dos años después descansaría la novela Neuromante de William Wibson, génesis del cyberpunk. End of file.

COMPARATIVA

TRON (1.982)

TRON: LEGACY (2.010)

MALOS / BUENOS

Rojos / Azules

Anaranjados / Blanco azulados

(No vayamos a cabrear a nadie)

EFECTOS/ESCENOGRAFÍA

Flojos (buenos para la época. No en vano tenían a Moebius detrás, en el diseño de vestuario, por ejemplo).

Más que aceptables pero no para tirar cohetes como, de hecho, hacen.

GUIÓN/DIÁLOGOS

Aceptable original/Aceptables

In-aceptable/ MUY flojos

PERSONAJES

Creíbles dentro de la fantasía. La chica es un poco un 0 a la izquierda.

Planos, salvo Bridges maduro que salva algo los muebles.

MÚSICA

Aceptable, no electrónica, 80’s

Electrónica, correcta.

FRASE SIGNIFICATIVA

“¿Te gustaría terminar trabajando como calculadora de bolsillo?”

Amenaza cruel del CCP al jefe de los programas.

“Me has estropeado el rollito zen”

Jeff Melasoplatodoaquidentro Bridges

GUIÑO CINEMATOGRÁFICO FUERA DE LUGAR

Nave que emula torpemente al Destructor Imperial de Star Wars

Todos, pero uno especialmente gratuito y sangrante: la pirámide truncada con focos de Blade Runner

UN ACIERTO

Recurrir a los mandalas, las representaciones esquemáticas y simbólicas del macrocosmos y el microcosmos, utilizados en el budismo y el hinduismo.

Recrear digitalmente a Jeff Bridges con 28 añitos menos, encarnando a Clu, el que corta el “bacalao” allá adentro.

UNA TONTERÍA CIENTÍFICA/TECNOLÓGICA

Los ordenadores usados, ¿tienen algún Sistema Operativo identificable?

El concepto de “Algoritmos isomórficos” para representar… ¿Knowbots con I.A?

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(c), 2010 Raymond Gali. Crítica cinematográfica cedida por la revista Tiempos Futuros Future Times
 

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Jun 032010
 

BRAZIL (1985): ¿LA LOCURA DE UN GENIO O LA GENIALIDAD DE UN LOCO?    (ENGLISH VERSION)

“No hay ninguna parte, nunca es bastante lejos”
“Hoy les quiero hablar de tuberías”
“Por la presente le informo según los poderes recibidos por
la sección 7 del párrafo 7… el señor Tuttle de las torres Sangri
-la queda obligado a los costes financieros, …firme aquí, otra vez.
Más fuerte esta vez”
“Esto es obtención de información y no dispersión de información…”

Si les decimos que estamos ante una película del conocido subgénero “Distopías orwellianas surrealistas abigarradas tragicómicas” (“Inclasificable recalcitrante”, para los amigos) pensarán que ahí solo cabe este film. Acertarán, claro. Ah, perdón: Distopía es la antítesis de una utopía, una utopía negativa en la que los acontecimientos supuestamente históricos que se narran discurren por cauces siniestros, opresivos. Ah, ¿ciencia-ficción? Pues también.

Poster Película

Igual que dijimos que Contact sería (y fue) la película que haría un grupo de brillantes científicos, Brazil es la movie que excretaría (y excretaron) el grupo de humoristas más brillantes y desquiciados de la historia del celuloide… ¡con cuatro copas de más! (en este caso, uno de ellos). A pesar del remate etílico final borren del silogismo la palabra “improvisación” y sustitúyanla por “ingenio”. Brazil es todo genialidad surrealista dalidiana enlatada en 142 minutos. Nominación al Oscar, por mejor guión original, de propina. Fotografía fabulosa, por cierto.

Poster Película

El actor Jonathan Pryce borda el papel de un tecnócrata diligente (el protagonista Sam Lowry) pues, casi por ósmosis, transmite al espectador su desconcierto ante el delirio visual y argumental que perpetró el exPython, rozando el delito intelectual, sin duda. Robert De Niro (Tuttle) hace poco pero, como siempre, lo que hace lo hace “niquelao”: Conspirador contra el sistema desde su tapadera de calefactor pirata, aparece y reaparece como el Guadiana, cuándo y cómo menos te lo esperas; a veces tarareando “Brazil”, a veces urdiendo bombardear el sistema desde dentro junto a sus secuaces de la “resistencia”. Sus desapariciones, épicas, bajo los acordes gloriosos, deslizándose por un cable entre los edificios kilométricos. Completa el reparto un grupo de actores solventes entre los que se podrían destacar muchos, por ejemplo, un Bob Hoskins sensacional, quien personaliza un engranaje de la absurda maquinaria burocrática que les oprime.

Poster Película

En algún lugar del siglo XX” es donde/cuando se desarrollan los acontecimientos. Pero un siglo XX anti-ucrónico, industrial, burocratizado y que, sin duda, perdió por el camino (de los universos paralelos) el tren de la revolución digital: en esta realidad alternativa nunca debieron existir Gates y Jobs…o si lo hicieron terminaron sus días rellenando el formulario 27b/53 para solicitar la creación de impresas innovadoras. Lo analógico se impone, lo mecánico campa a sus anchas, normalmente mal engrasado, estridente. En el universo de “Brazil” no conocen el 3 en 1, ni maldita la falta que les hace. Muerte al software, viva el harware cochambroso, chirriante.

Brazil

La hazaña visual, el derroche imaginativo, que constituye “Brazil” alcanza la apoteosis del barroquismo onírico, que completan las otras dos entregas de la (discutible) trilogía-según su director-“Los bandidos del tiempo” (1981) y “Las aventuras del Barón Munchausen” (1989). La atmósfera de irrealidad, la sensación de “mi mundo me lo han cambiado”, se respira desde el primer fotograma. Estamos ante una realidad paralela, monitorizada por un omnímodo Ministerio de Información, en la que las caricaturas andantes que son ciudadanos de a pie, ejercen impasibles como convidados de piedra de un mundo monstruosamente burocratizado.

Poster Película

El exPython estrenó en 1985 esta película delirante a capas, tan densa que se puede masticar, que igual que Memento requiere varios visonados para captar todos los detalles, todas las ironías (algunos lugares de ese mundo de hormigón y funcionarios tienen nombres bucólicos: Sangri-la, Verdes Pastos, etc), toda la acción que se desarrolla en un segundo plano. El director, Terry Gilliam, dispone para crear esta película cuadridimensional de una batería casi infinita de recursos, humanos, materiales, pero sobre todo argumentales: Pendulos “Si/No” para la toma de decisiones, militares de estética nazi cantando villancicos (“eso no es un si bemol”), sombreros/zapato (¿y zapatos/sombrero?) como el de la ególatra y recauchutada madre del protagonista (inquietantemente parecida a cierta duquesa española)… En una película cuya desarrollo se cimenta en una mosca muerta que emborrona la letra de un apellido en un papel…, todo es posible. Al igual que en Blade Runner se diseñó un microuniverso entero, una realidad de diseño braziliano autosuficiente.

Poster Película

Ese nanouniverso es duro, cruel, violento, macabro, escatológico, gore en ocasiones. Al grupo humano que hizo que se nos desencajara la mandíbula en “La Vida de Brian”, cuando le da por la casquería no le gana nadie. Y sino que se lo pregunten al obeso que literalmente explota por una chocolatina en “El Sentido de la Vida” (1983). En la ¿película? con la que hoy lidiamos los niños juegan con armas pero le piden tarjetas de crédito a Papá Noel. Los cuerpos de seguridad disfrutan machacando al común, disparando primero y preguntando después, pero son incapaces de actuar sin los impresos reglamentarios que los respalden. Los atentados terroristas dejan despedazados por doquier pero si no te toca a ti continuas la conversación en el punto en el que lo dejaste y te terminas tranquilamente la ternera braseada (en formato bolas de helado); un simple biombo separa el horror del hedonismo y apacigua las conciencias mientras los músicos siguen tocando, como en el Titanic mientras éste se hundía. A pesar de que la necrofilia no se practica-pero sí se menta-en la película no dejen verla a sus hijos hasta que tengan treinta y cinco años.

Brazil

Sin embargo, en la bomba de relojería a punto de estallar que es “Brazil” (¿o que estalla en la cara del espectador?) el amor tiene cabida, existe un pequeño ámbito, un resquicio en el hormigón por dónde asoma el sentimiento que glosó Stendhal. Jill Layton (Kim Greist) es la afortunada de la que se enamora el protagonista, primero desde sus sueños, luego en la realidad, como estipulan los cánones surrealistas. Ambos buscan la libertad pero con diferentes enfoques. Él se quiere escapar de esa realidad con ella: “Nos iríamos a alguna parte” Ella: “No hay ninguna parte, nunca es bastante lejos”. Los únicos espacios de libertad son la sección de lencería y las vallas publicitarias que anuncian paraísos verdes, imposibles de todo punto en ese microcosmos tóxico, contaminado y asfixiante que es “Brazil”. En cualquier caso un “I Love You” escrito en el parabrisas de un camión ablanda a la chica; en aquel mundo monstruoso todavía caben los sentimientos…pero de canto.

Poster Película

La cúspide del sistema es el Ministerio de Obtención de Información, centralizado en un colosal edificio de 84 plantas de estética neonazi, industrial, por cuyos pasillos circula el gran jefe Warren y su sequito de burócratas desesperados: “Dígale que sí, dígale que no”. La burocracia consume una cuarta parte del PIB pero lastra la maquinaria del sistema de forma irremisible: Nada, en el fondo, funciona como debería. Los documentos suben y bajan, aparatosamente por unos tubos representan metafóricamente a un sistema que se colapsa al mínimo imprevisto. El inútil del jefe de Sam Lowry, el señor Kurzmant, se ahoga en un vaso de agua, cuando no sabe qué hacer con un cheque que había que reembolsar a un muerto: Gran tragedia griega. Los ascensores son demasiado lentos, los despachos ridículos, oblongos, y las máquinas-aparatosas, bruscas, kafkianas-se estropean constantemente. Las tapas no encajan donde deberían: “Han vuelto al Sistema Métrico, sin avisar”. La falta de un impreso 27b/6 detiene a los malos de perpetrar sus fechorías: “Volveremos, idiota hijo de puta”. Los camareros son incapaces de servir en un restaurante un solomillo poco hecho si no especificas su código: “Tiene que decir el número”. Ah, si te detienen tienes que firmar un recibo.

Brazil

Pero los universos oníricos son los verdaderos protagonistas del film, el surrealismo el lenguaje que se chapurrea en “Brazil”: “No llegarás a ninguna parte con un traje así” (y le entrega otro exacto pero con un tono menos de gris). “¿Mellizas? No, trillizas”: “¿Trillizas? Ah, como pasa el tiempo”. Un samurai enorme, plúmbeo, metálico, silencioso, impersonal aparece y desaparece en los sueños del narcoléptico Sam Lowry, amalgamado con su amada, y trata de matarle; al quitarle su milenaria máscara aparece él mismo, pero también un policía se transfigura freudianamente en él. Una camisa de fuerza para el director y unos bonos descuento para el psiquiátrico para los abnegados espectadores, por favor. Y hablando de habitaciones acolchadas, cuando el todopoderoso señor Hellman, disfrazado de Papá Noel, se presenta en la que termina el protagonista le dice: “Sé lo que sientes. Por eso te he traído agua de cebada”. Claro.

Poster Película

En fin, que recomendamos que vean esta desquiciante película, esta obra maestra para el que les escribe, este Gran Hermano Orwelliano reinterpretado por alguien con exceso de dopamina en su cerebro. Y se lo recomendamos especialmente a ese 6 % de la población total, mentalmente sana: Tras visionarla cruzarán la línea, no lo duden. Al otro lado, aquí, se está fenomenal, la verdad. Ah, y a los demás que la vean también: “Brazil” será la puntilla de sus patologías psiquiátricas.

(c), 2010 Ramón Galí. Crítica cinematográfica cedida por la revista Tiempos Futuros Future Times.
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May 282010
 

CONTACT (1997): EL SUEÑO AZUL DE CARL SAGAN

“Sois una especie interesante…
El vacío se ha hecho soportable porque
nos tenemos los unos a los otros”
INTELIGENCIA EXTRATERRESTRE

(1)-“Es tan hermoso. Es poesía. Debieron enviar a un poeta”-susurra la astrónoma Ellie Arroway (Jodie Foster) cuando contempla un amanecer galáctico en todo su esplendor, desde su no tan pequeña monoplaza de diseño extraterrestre. Durante su maravillosa epopeya y fruto de una genialidad (avalada en una base científica) que impide parpadear al espectador si no quiere perdérselo, ella se desdobla fugazmente en otro yo, en la niña que fue, que le habla desde el otro lado del tiempo. Si uno tose también se lo pierde.

(2)-“¿Cree usted en Dios, doctora Arroway?”
El teólogo Palmer Joss (Matthew McConaughey) la quiere lo suficiente como preferir que ella se quede en la Tierra, por lo que dispara tal envenenado dardo en la comisión encargada de seleccionar al viajero y cuya respuesta la descartará “ipso-facto”. La artimaña causa el efecto esperado en beneficio del doctor David Drammin … (Tom Skerrit) que salió tan traumatizado de la nave de Alien, el octavo pasajero, que ello le convirtió en un ser ambicioso y sin escrúpulos, a la sazón, el malo “light” del film.
(3)-“Papá, ¿podríamos hablar (a través de la radio) con mamá (fallecida hace tiempo)?”
-“Ni la radio más potente podría llegar tan lejos”

La muerte prematura de su padre, quien le enseñó a amar a las estrellas y …¡¡con el que se volverá a encontrar!! la empuja más todavía hacia su objetivo, buscar vida extraterrestre inteligente, buscar respuestas. “Si estuviéramos solos…¡Cuánto espacio desaprovechado!” (Frase citada con perfecta simetría, al comienzo, en el ecuador y al final del film)

Tres botones de muestra.

El gran Eduardo Punset en su libro “El viaje a la felicidad” concluye que las emociones son claves en cualquier proyecto humano. La emoción presidió la vida del científico alma del film, Carl Sagan, que falleció antes de su estreno probablemente para contemplarlo desde el otro lado del universo, donde la calidad de imagen y sonido son muy superiores a las digitales de alta resolución y Dolby Surround terrestres. La emoción preside la película que no en vano ganó el prestigioso premio Hugo de Ciencia-Ficción a la mejor representación dramática. “Después del silencio, lo que más se acerca a expresar lo inexpresable es la música.” Los autores de la película le hicieron caso a Aldous Huxley y la usaron con profusión para transmitir emociones, sensaciones, sentimientos, entelequias inexpresables por otros medios. Casualidades, en realidad, hay pocas y que la protagonista sea una mujer no es una de ellas. Dicha mujer realiza quizá una de sus mejores interpretaciones, aunque puede que carente del 100% del mérito que se le presupone: Jodie Foster se interpreta a si misma, a la niña prodigio que en verdad fue. Por cierto, James Woods (otro niño prodigio) y Angela Bassett, soberbios también.

A tenor de lo anterior podría concluirse que ‘Contact’ es todo corazón y carece de rigor; nada más alejado de la realidad: El armazón sobre el que se sustenta (la novela de Sagan) da como resultado una solidez científica poco habitual en otras producciones de ciencia ficción, a pesar de que el guión cinematográfico no se ajusta al texto original del autor de “Cosmos”. Se trata de la película que harían los científicos si fueran cineastas, que en verdad fabricaron los segundos avalados, marcados muy de cerca, por los primeros: ‘Contact’ es una película, salvo algunos errores menores, perfectamente correcta desde el punto de vista científico. Quizá la más correcta jamás filmada. Esto, tras miles de películas de ciencia-ficción de todos los tiempos es de una dificultad mayúscula. Puede sonar presuntuoso y/o cuestionable si esto lo dice un crítico cinematográfico pero guardo un as en la manga, ale, como estas declaraciones Instituto SETI: “A pesar de las pequeñas objeciones, no hay duda de que ‘Contact’ es indescriptiblemente más exacto en su representación de SETI que cualquier película hecha en la historia de Hollywood”.

Claro. Carl Sagan se nutrió de los conocimientos de Kip Thorne, destacado físico relativista, para diseñar un sistema posible de ‘agujeros de gusano’ para viajar entre dos puntos distantes del cosmos. Los asesores de excepción fueron el propio SETI, el JPL (Laboratorio de Propulsión a Chorro de Pasadena), el VLA (Very Large Array), el Instituto Californiano de Tecnología, entre otros. Zemeckis, hijo creativo de Steven Spielberg y que dirige la obra de forma magnífica, dijo que su objetivo fue “crear una representación absolutamente realista de un maravilloso evento”. (Incluso un personaje se basó en un investigador real ciego, Ken Clark). Como pueden comprobar aquí nadie necesitó abuela aunque, probablemente, las abuelas de todos ellos estarían sinceramente orgullosas del resultado. Por cierto, no olvidemos que Robert Zemeckis es nada más y nada menos que el genio de (agárrense) “Tras el corazón verde”, la saga de “Regreso al futuro”, “¿Quién engañó a Roger Rabbit?”, “Forrest Gump”, “Naufrago” y, entre otras y de propina, tres joyas maravillosas de la animación: “Polar Express” “Beowulf” y “Cuento de Navidad”. Ahí es nada.

Al margen de los planos emocional y científicos el film es extraordinariamente plausible, verosímil, perfectamente creíble. A John Lennon le asesinaron y probablemente le volvieran a asesinar mil veces en mil vidas que viviera. El circo mediático y social previsibles, el mecenas señor Hadden, (el ángel de la guardia que todos quisiéramos para sí), el absurdo blindaje militar, todos tan alejados de la idiosincrasia europea no deber de distraernos ni sedimentar juicios precipitados: La historia se desarrolla en un lugar llamado Estados Unidos, con sus grandezas e infantiles flaquezas, que a estas alturas de la película, todos conocemos. Nos guste o no, ellos son así. Además todo cuadra: La miseria humana es la que ejerce de barrera ante las civilizaciones extraterrestres, mellada apenas por imperceptibles arrebatos altruistas. Que no estamos preparados socialmente, vaya, aunque todos conozcamos a pequeños héroes individuales maravillosos. Pero aquí, como en el basket, jugamos en equipo.

Contact’, igual que 2001 y a diferencia de Blade Runner (que provoca una unanimidad aplastante), llega o no llega. Toca la fibra más sensible o deja indiferente. Si lo hace, además de vivir una experiencia fabulosa de dos horas y veinticuatro minutos, el espectador se va a dormir con otro regalo maravilloso: La película deja una huella indeleble en el yo más profundo que permanece, al menos, varios años. Imborrable o fungible, that’s the question. Los interrogantes que abre, las implicaciones filosóficas que plantea, quedan latentes en nuestra memoria, hibernados, y se descongelan de vez en cuando asaltándonos a traición. Y cuando lo hacen nos recuerdan nuestras coordenadas insignificantes y nuestro tamaño absoluto: Perdidos y pequeñitos, muy pequeñitos. (“Los que construyeron el sistema de teletransporte fueron otros que desaparecieron hace mucho tiempo…” ¿ehhh? Mmm, esto me supera) Un crítico anónimo, un ‘blogero’ si se quiere, Loganxxx, dijo de la película, creemos que de forma muy precisa: “No es una película apta para cualquiera, es demasiado sublime y plantea preguntas que muchos no se formulan porque ni entienden los conceptos que las integran”.

Pero el verdadero debate se desarrolla durante la filmación y va mucho más allá de la vigencia del film en nuestras neuronas. Ciencia versus religión, abre el viejo litigio casi clásico, platónico-aristotélico, fe ó razón, quedando ambas corrientes amalgamadas en un glorioso (ó políticamente correcto, según se mire) empate técnico. Ellie Arroway tiene muchas preguntas ante la inteligencia extraterrestre, pero ésta le pide paciencia; la ciencia es la que le ha llevado hasta allí pero es fe ciega lo que se trae de allí debajo del brazo uillermo de Ockham, fraile franciscano del siglo XVI enunció un ‘principio científico’ que asoma sus orejas en ‘Contact’, “En igualdad de condiciones, la explicación más sencilla es la verdadera”. Una película de soberbio guión y soberbiamente dirigida, interpretada, producida y documentada probablemente sea una soberbia película. No le busquemos tres pies al fraile.

A UNO DE MIS MAESTROS, A CARL, OF COURSE
(c), 2010 Ramón Galí. Crítica cinematográfica cedida por la revista Tiempos Futuros Future Times.
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May 212010
 
MEMENTO (2000) Ó CUANDO EL MONTADOR SE FUMÓ DE TODO
“Tengo que creer que cuando mis ojos están cerrados el mundo sigue ahí”
“Todos necesitamos recuerdos para saber quienes somos”
“El presente es trivial y lo apunto en jodidas notas”
LEONARD SHELBY

Memento” es un delirio asombroso, un accidente del montador, un dejà vu antitético, un puzzle inverso, una genialidad inventada ¿bajo el efecto de psicotrópicos?, un juego interactivo para la mente, una película bidireccional: El espectador se convierte en un personaje más de la película pues es el que ensambla la historia, codeándose con los protagonistas para obtener su objetivo. El filme cuenta con dos particularidades que se amalgaman alumbrando una obra extraordinaria, al margen de oropeles (Globo de Oro y dos nominaciones al Oscar). La primera no es más que lo increíblemente original del planteamiento:

Memento4

Sammy Yankies se escribía un montón de notas pero no le servían”. “Lesión en el hipocampo por accidente de tráfico. No creaba recuerdos nuevos, no podía recordar nada más de dos minutos y podía hacer cosas complejas que hubiera aprendido antes del accidente”. Dicen que los entomólogos, de tanto estudiar a los insectos, terminan pareciéndose a ellos, en sus costumbres y en su fisonomía. Leonard Shelby, inspector de seguros, estudió su caso y terminó por convertirse en el objeto mismo de su estudio: (1)Un hombre con la capacidad de recordar amputada y que recurre al autotatuaje, no sólo para sobrevivir, sino para desenmarañar el asesinato de su mujer. El laborioso procedimiento de cómo él va construyendo la verdad, casi artesanal, es para quitarse el sombrero. Lenny quizá fue castigado por Mnemósine, diosa de la memoria en la mitología griega, pues con ella todavía intacta hizo lo imposible para que el señor Yankies no cobrara un centavo del seguro.

Memento4

Cuando nos dirigimos hacia el futuro las posibilidades infinitas, como los senderos que toman los afluentes de un río pero, cuando lo hacemos atrás, remontando las aguas del tiempo, nos encontramos con único ramal, una sola posibilidad. (2)En “Memento” se invierte el principio de causalidad y se cuentan primero las consecuencias y luego las causas que las originaron. Y en medio el cerebro del espectador echando humo para deducir los “porqués” teniendo delante los “qués”.  La solución al jeroglífico la encuentra en la última pantalla, que es la primera pues la pelí está al revés, es decir que sucede como en los cuadernos rompecocos de juegos de la mente que compramos en los quioscos. Los últimos serán los primeros, primero las lágrimas y luego el tormento. Nos encontramos ante un singular thriller psicólógico orillando la ciencia-ficción, con una estupenda banda sonora a cargo de David Julián (“El Truco Final” 2006), perfecta fotografía (Wally Pfister), basada en una historia cuyos mimbres enlazó magistralmente el hermano del director, Jonathan Nolan. Este, Christopher, se inmortalizó en el cielo de los cineastas nada más concluir su rodaje: Acababa de crear un objeto de culto. Sin artificios digitales, si la película fuera un juego sería sin duda uno de construcciones de Lego, cuyo montaje es totalmente poliédrico (“Que grande es el cine”) y la clave de su éxito. Si fuera una forma geométrica se podría representar por un alambre retorcido que presenta múltiples bucles. Ya se había hecho antes pero Tarantino cogió un hacha ensangrentada y troceó el orden cronológico de su “Ficción Pulp”, de forma magistral: Desde entonces hasta “Memento” no habíamos visto hacerlo con tanta genialidad. Ambas, aportaciones indispensables a la historia del celuloide: Si no hubieran sido ellos en 1994 y 2000 otros genios del futuro, tarde o temprano, hubieran tenido que rodarlas.

Memento3

Guy Pearce, en el papel de Leonard Shelby, (El poli listo de L.A. Confidencial ó el viajero de La Máquina del Tiempo) realiza un trabajo impecable al que es difícil ponerle algún “pero”. Su metamorfosis, de avezado Inspector de Seguros a hombre “sin disco duro” a una piltrafa mental, es perfecta. En su nuevo estadio, y siguiendo con el símil informático, dispone tan sólo de una memoria “RAM”, es decir, que borra o resetea su contenido cada vez que se apaga (duerme). “Utilizo los hábitos y la rutina para poder vivir” “Es difícil vivir así, casi imposible” “La memoria no es fiable” “La memoria puede cambiar la forma de una habitación o el color de un coche” “Aprendes a confiar en tu letra” “Hechos, me baso sólo en los hechos” (plasmados éstos en orden cronológico y en blanco y negro en una conversación telefónica). Estas frases, extirpadas del protagonista, dan cuenta de su modus vivendi, tras aquejarle la enfermedad que en psiquiatría se denomina Perdida de la Memoria Reciente. Lo inmediato, el “all we have it’s here and now” (sólo tenemos el aquí y el ahora) del “Up where we belong” de Joe Cocker, lo inmediato, es el tesoro más preciado de Leonard “Lenny” Shelby. Pero tal estadio debe ser algo parecido a lo que nos reserva el infierno: “¿Cómo puedo cicatrizar mis heridas si no siento el paso del tiempo?”. Más que un drama la película es un dramón descarnado, disfrazado de thriller alternativo; lo que pasa es que no lo parece porque la cabeza de ninguna chica es la que está en esa caja y la enfermedad que presenta es aséptica, inane, sin color, olor, ni sabor. Nada de metástasis galopantes…aunque quizás algo peor: Nos quitan la memoria y nos quitan todo. El Alzheimer es la desintegración del ser, del yo. Nuestros recuerdos, son lo peor y lo mejor que tenemos. Somos nosotros. La fragilidad humana queda de relieve, quizás como pocas veces en la historia del celuloide. “Ese es quien eras” le dice el excelente actor Joe Pantoliano (Tedy), desde su inquietante papel.

Memento4

Como decía al comienzo es el espectador quién, en verdad, tiene que montar el film en su mente por lo que no descartemos que algún espabilado pidiera a la productora su parte proporcional de la recaudación. Y quizás se le ocurrió la idea porque en la movie sus (pocos) protagonistas se mueven en un sórdido mundo del hampa, de pistolas, en un mundo sin ley, marginal, de casas en ruinas en las afueras donde uno ajusta sus cuentas al margen de la poli. “Deshazte de él” es la consigna. La traición y la soledad son los espacios naturales donde evolucionan los diferentes personajes, de gatillo fácil y pocas palabras, que no tienen ningún escrúpulo para mentir, timar, chantajear, manipular, vengar o dejar a quien sea viendo “como crecen las flores desde abajo antes de que se enfríen sus pisadas”. Sin embargo, en casi todo ellos asoma, entre esa turbia maraña que define lo peor de la condición humana, algo de piadoso, algo de lo mejor de nuestra condición, que en principio de eso también hay, ¿no?: (El del motel que le acaba de timar: “La próxima vez que pague pida un recibo”. Lenny le dice a la mujer de Sammy Yankies lo que quiere escuchar…). El filme es una extrañísima historia de una venganza en la que tú ya sabes si se consuma y cómo, incluso el quién. Desconcertante. Una extraña sensación.

Memento1

Y siguiendo barriendo para casa, el tema de la memoria, de los recuerdos, del paso del tiempo es casi consustancial, ha ido de la mano siempre, al de la historia del arte, cualquiera que sea su manifestación aunque en especial en el cine y la literatura. De las miles de obras que abordan implícita o explícitamente el tema recomiendo tres pequeños cuentos, además del que conduce el anterior enlace, Vivir es llegar, Morir es VolveryRecuerda que Olvidaste”. Los encontrarán a una distancia de un solo golpe de clic en esta misma revista y que tienen mucho que ver con el desarrollo del film que comentamos hoy, “Memento”. Muy recomendables: recuérdenlo, tatúenselo en un lugar visible. Aunque lo del boli “bic” y la aguja no me parece muy higiénico, la verdad.

Memento4

Hablando de tatuajes éstos, junto a sus fotos y anotaciones se convierten en las neuronas no operativas que le fallan al cerebro del protagonista, en su prolongación. Aunque…, ¿no nos pasa a todos lo mismo? Piensen que, en general, de un viaje del que carezcan de recuerdos físicos, material gráfico o escrito sólo recordarán cuatro tópicos y, a veces, ni eso: Quizás nunca existió. Lo que sucede con Leonard Shelby es lo mismo pero a escala “cronomicroscópica”. Sus días son nuestras décadas a nivel cognoscitivo. De repente puede amanecer en medio de un aparcamiento corriendo paralelo a un individuo: “¿Me persigues o te persigo?”. O al lado de una bella mujer sin saber ni quién es ni cómo ha llegado hasta ahí (¿no es esa una fantasía sexual muy común?) Ella, la nebulosa Carrie-Anne Moss (Nataly): “La próxima vez que me veas te acordarás de mi? Yo creo que si (…se engaña a sí misma aunque el niega con la cabeza)” Quizás por rabia añade: “Aunque consigas vengarte no lo recordarás”. Pero Leonard Shelby lo tiene muy claro: “El mundo no deja de existir cuando cierras los ojos”.

Memento2

Y para muestra un botón. Pongamos el microscopio sobre un simple detalle argumental deslumbrante, dedicado especialmente a los que dicen que “Memento” no valdría nada si hubiese sido narrada en un orden cronológico convencional: La mujer de Sammy Yankies, diabética, decide desesperada por la enfermedad de su marido resolver definitivamente la situación. ¿Cómo? No sé lo diré por si no han visto esta obra maestra pero sí diré que el mismo método de resolución es, al tiempo, la prueba definitiva de que la situación es insostenible. Ingeniosísimo es una palabra que se queda corta. Chico, es que a veces las neuronas, más que hacer sinapsis entre ellas hacen fuegos artificiales. Para rematar la faena Jonathan Nolan realiza un doble salto mortal, pues “el malo” usa lo ocurrido para hacer creer a “Lenny” que…¡un momento! Si han cometido el pecado de no ver “Memento” es este el momento de redimirse. Ah, dos veces, es lo obligado pero, no se preocupen: Las sensaciones serán diferentes. En la primera hilvanarán y en la segunda podrán realizar el pespunte, e incluso, un bordadito muy mono. Sin decir nada sustancial, más miel en sus labios, otro botón: ¿Quién mató a Jimmy Grans, novio de Nataly? Se trata de la última persona que un espectador civilizado y curtido en mil pelis imaginaría. Ya saben, a verla de cabeza.

Memento1

Para acabar una recomendación y dos tonterías: Si la película se ve en casa háganlo del tirón o infieran una muesca donde se abandonaron el visionado en las interrupciones. Si no lo hacen así es materialmente imposible saber donde se quedaron por la estructura inversa con la que se narran los acontecimientos. Va la primera tontería: Los jefazos, el gran poder que mana “de arriba”, que sugirieron que realizara la crítica al revés, supongo que por joder, con perdón a los niños que estén leyendo esto. Por ese mismo motivo presenté lo que acaban de leer y dije, simplemente: “Si aplicas la inversa a algo inverso…¿cómo se queda? Segunda: ¿Se imaginan que todo fue un gran error en la sala de montaje? ¿La cara de idiota que se nos quedaría sería parecida a la que tuvimos al ver “Memento”?

(c), 2010 Ramón Galí. Crítica cinematográfica cedida por la revista Tiempos Futuros Future Times.
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May 142010
 
PLANETA PROHIBIDO (1956): SHAKESPEARE Y EL REMOTO FUTURO
“Mi otro yo maligno va a penetrar por esa puerta
y no tengo poder alguno para impedírselo”
“El hombre no puede mirar directamente
a un dragón y sobrevivir”
DOCTOR EDWARD MORBIUS

Si pudieramos materializar una sensación obtendríamos algo parecido al “El Planeta Prohibido”. La sensación a la que aludo puede ser la maravillosa de los lectores de “Pulp Fiction” de mediados del siglo XX, de las revistas pioneras del género, como las legendarias “Astounding Stories”,  Amazing Stories o Galaxy. El “Eastman Color” que rezan los títulos de crédito, la  banda sonora tan inocentemente inquietante (y en su técnica, pionera), los fondos malva de ensueño y aquella entrañable nave “interplanetaria” (modelo OVNI berlina utilitario) ayudaron, sin duda.

Nave Espacial

Quizá sin ellos quererlo el tandem del productor Nicholas Nayfack y el director: Fred Mcleod Wilcox, lo consiguió. Los fantasmas de su subconsciente emergieron y se plasmaron en el celuloide para siempre, con permiso de Sigmund Freud y William Shakespeare, por supuesto. De éste, del paradigmático dramaturgo inglés, nació la obra que los inspiró indirectamente: “La Tempestad”, representada por primera vez en 1611. Los paralelismos oscilan entre lo evidente y lo difuso: Isla-Planeta, Próspero (Duque legítimo de Milán)–Morbius, Contexto colonizador del Nuevo Mundo-Mundos Nuevos, Alquimia con la que controla la Isla-Tecnología con la que controla el planeta, Hija Miranda-Hija Altaira, Estudio Artes Clásicas-Estudio Enciclopedia Krell, Venganza por amor clásico-venganza por amor filial …
Moebius habla con su Robot
El Doctor Morbius, arquetipo del sabio ególatra y misántropo, hecho a sí mismo, que le sobra la humanidad y el mundo, (y los mundos, en este caso), ha incrementado su ya elevado coeficiente intelectual gracias a una máquina de origen extraterrestre. El artilugio, curiosamente, nos recuerda de forma impepinable a los martillos de feria, que también se elevan proporcionalmente a lo animal que sea el sujeto que los pruebe, y en este caso también, pero justo por la razón opuesta. Morbius estudia con delectación la enciclopedia que acuñaron los fabulosos Krell que guardan los secretos de un millón de generaciones de su raza, tras semidescifrar su lenguaje, quizás con una piedra de Rosetta cósmica. Pero tras su sed de conocimiento se esconden sus fantasmas, sus miedos, que le hubieran convertido en carne perfecta de psicoanálisis freudiano en cuando se tumbara en un diván. El trabajo de Walter Pidgeon es excelente, muy creíble, algo que no se puede decir de su compañero de reparto Leslie Nielsen, que podía haber rodado con una careta de si mismo y el resultado hubiera sido idéntico. Volviendo a Pidgeon, veterano actor, desconocemos si cobró doble al encarnar dos papeles, quizás opuestos, quizá complementarios, en la cinta. En su segunda actuación, discreta, implícita, trabaja….¡de metáfora! En ambas, lo dicho, impecable.

Moebius habla con su Robot

Robby merece un párrafo para él solito. Vértice tecnológico de la cinta probablemente sería de los primeros robots que vieran evolucionar los espectadores de 1956. Aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid y que un tal Isaac Nosequé acababa de esculpir las tres leyes de la robótica a comienzos de la década, Robby (mientras dormía el maestro patilludo) escapó de su primer relato e hizo un papel más que digno en la película. Debió gustarle porque repitió en “The Invisible Boy” (1957), en capítulos de “The Twilight Zone” (Los límites de la realidad) y “Lost in Space” y en algunas producciones de los años 80. El robot se convirtió en el futuro un ¿objeto? de culto, un icono del siglo XX, una “Gioconda” cinematográfica idolatrado por un ejército de fans de varias generaciones. Volviendo a la movie, arrebatadora es la escena en la que el creador (Morbius/Frankenstein) le ordena al robot que detenga al monstruo y se cortocircuita. ¿Adivinan porqué? La Primera Ley (“Jamás dañaras a un ser humano o por tu inacción permitirás que un humano sufra ningún daño”), para androides suficientemente inteligentes, es aplicable también a los alter egos, por supuesto. La máquina tiene unos exquisitos modales imitados posteriormente por su sobrino-nieto C3PO, hasta en la cantidad de formas de comunicación que dominan ambos. Pero siempre hubo clases: el primero 187 y el áureo millones. Robby, antes de hablar produce un sonido en el que parecen engranarse piezas mecánicas, como si sus palabras fueran un puzzle que la máquina compone en tiempo real. ¿No es entrañable este artefacto construido de forma artesanal? Construido “para ser ajeno al mal” y “que nunca se equivoca” resuelve toda necesidad material que padre e hija puedan desear: comida, ropa, utensilios, joyas… Además, prácticamente indestructible, salvo por “el oxígeno que le produce herrumbe” ¿Les suena? Un baño de cinc hubiera solucionado el problema, aunque sin pasarse con la galvanoplastia, claro.

Tripulación de la nave

Una mujercita adorable, hija de Morbius, se erige como único representante fémino del film, entre “18 tripulantes de entre 24 y 26 años” vestidos de marineritos, un Walter Pidgeon, como decíamos, disfrazado de si mismo, un Leslie Nielsen (Capitán John Adams) hierático y un Robby asexuado, asimoviano y nada asténico, sino fortachón a más no poder; te transporta unas toneladas del isótopo 217 del plomo como quien mueve una silla. A la chica, a Altaira, -como la estrella que calienta al Planeta Prohibido-le roba varios besos el teniente Farman antes de que el espectador haya tenido tiempo de arrellanarse en su asiento. La inocencia personificada evoluciona en escenarios arcadianos, llenos de animalitos, no tiene rubor en bañarse desnuda,… hasta que el género humano la pervierte con su maldad. Un tigre celoso de los visitantes ataca a su mismísima amiga por lo que es atomizado, que debemos entender que es mucho peor que ser desintegrado, pues entonces te despiezan en moléculas y no en átomos, más simplones, unitarios y solitarios. Perdonen que nos burlemos un poco pero lo hacemos desde el cariño y desde la obligación: Si no eres escrupuloso en los conceptos te arriesgas a esto cuando pase un siglo de tu obra. Volviendo a la chica, estudió poesía, matemáticas, lógica, física, geología y biología. Trivium y cuadrivium carolingios en versión planetaria. ¿Para qué más?. La Historia vetada, suponemos, por la sobreprotección de su padre y mentor para que no conociera, en toda su extensión, la inefable condición humana.

Moebius habla con su Robot
A nivel tecnológico y científico la película es voluntariosa y “se apaña” bastante bien, salvo los clásicos gazapos; todavía no hemos llegado al cine de ciencia-ficción que resiste incólume el paso del tiempo, técnica y argumentalmente. En 1956 ya conocían la señal de tráfico intergaláctico que había plantado Alberto Einstein, con la velocidad de la luz dentro de un círculo rojo; pero a cualquier amante de la ciencia-ficción se le permite rebasar ese límite, más que nada, para llegar a alguna parte antes de que las ranas críen pelo, o “el hijo del vecino pise la luna”(1) (2). Bien, aceptamos velocidad hiperlumínica para desplazarse por el cosmos. En los diseños se usan cromados, como del “traje” del robot, superficies acristaladas varias y vestimentas de altos talles y minimalistas: Parece correcto. En la decoración lo que parecen muchos peces abisales disecados, de dudoso gusto pero lo suficientemente inquietantes como para que el espectador no se pregunte si son anacrónicos o dónde diablos los pescaron en un planeta semi-desértico. Bien, bien. Los comunicadores inalámbricos que usan no los valoramos ahora pero, en una sociedad “no Wireless”, eran revolucionarios, la verdad. La película, retomando el camino riguroso, resuelve de forma ingeniosa muchas escenas, como la de los campos de fuerza alrededor de la nave, o el desplazador a través de la “ciudad Krell”, o el mismísimo Monstruo del Subconsciente: fantástico: Los que vieran la película de niños seguro que tienen grabada esa silueta de luz terrorífica, apoteósica. A la Light & Magic le quedaban unos años para nacer aunque la versión de aquella época, la Walt Disney, “algo” tuvo que ver en los efectos especiales en el film.
Empecemos a poner también pegas en el otro ¿platillo? de la balanza: Seguimos, seguiremos y seguiremos sin software que gobierne los instrumentos tecnológicos. El hardware impone su ley y recuerdo que incluso en “Almas de Metal” de 1973 todavía tendremos a un robótico Yul Bryner con muy mala leche y sin una mísera línea de código dentro de su ser. La maquetita de la nave dentro de la esfera del puente de mando tiene su aquel y ni el capitan Leslie Nielsen es capaz de “agarrar como pueda” una explicación plausible a tamaña tontería. De más calado son los interrogantes que nos suscitan las propiedades mágicas que posee el robot para “crear materias primas” a partir de una muestra, como el Whisky de Kansas City, suave, suave (“¿un par de hectolitros serán suficientes?)”. No seamos tan duros con el robot: Una explicación ante la cual tendríamos que callar es que usara las avanzadísimas máquinas Krell para realizar esa transformación, jugando con materia y energía. Por cierto, Altair 4 es 4,7% más rico en oxígeno que la Tierra, bien, respirable, pero la gravedad es 8.7…¿qué? Quizá es una mala traducción, quizá se refiere a un 8,7% más poderosa o débil que en la Tierra; bueno, qué más da. Lo dejamos en parecida. En suma, una película bastante correcta habida cuenta el año en que fue rodada.
Cartel Comercial
En fin, si la crítica se quedará aquí habríamos viajado años-luz hasta un planeta prohibido y nos hubiéramos quedado en su luna yerma. ¿Qué hay de los monstruos del subconsciente, los monstruos del Id? En una escena Pidgeon/Morbius reconoce que las leyes y la religión en verdad sirven para aplacarlos, lo cual, no deja de ser una afirmación inquietante. ¿Qué hay de la extraordinaria civilización extraterrestre de los Krell? (3) Los Krell, la raza de extraterrestres que “fue todo menos divina” moraron ese mundo hace dos mil siglos, alcanzando su culmen tecnológico: Dominaron la energía (“9.200 reactores nucleares en cadena, la energía de todo un sistema planetario”) y la materia. Pero cuando estaban a punto de desprenderse de su lastre físico algo acabó con ellos: Sus propios monstruos subconsciente. La moraleja parece clara y a nivel microscópico se puede aplicar también a nosotros: El desarrollo material de una civilización, si no va de la mano, paralelo, al desarrollo espiritual/intelectual, termina por autodestruirla. De ahí cómo fenecieron los tripulantes del “Belerofonte”, despedazados por una fuerza misteriosa,… y ahora moran en el camposanto del planeta, “víctima de la codicia y de la locura humanas”. Esos monstruos del Id, amplificados por las máquinas alienígenas, son capaces de atravesar el indestructible acero Krell, retroalimentándose de su propio mal, “renovando su estructura molecular de microsegundo a microsegundo”: “Eso que hay ahí fuera es ¡¡USTED!!”. Y es que cuando el mal se amalgama con la inteligencia no se le puede poner coto. Ella, Altaira, tiene una percepción extrasensorial a través de un sueño y ve el horror…

Belerofonte, en la mitología griega, fue el héroe que domó al caballo alado Pegaso y mató a la Quimera, monstruo con cabeza de león, cuerpo de cabra y cola de serpiente. Los colonos de la nave Belerofonte que llegaron al Planeta Prohibido no pudieron acabar con la Quimera con la que soñó Moerbius, con sus fantasmas del inconsciente,  con sus monstruos del Id, que finalmente acabaron también con él. La última frase de la película es también la de esta crítica: “Hay que recordar al hombre que, al fin y al cabo, no somos Dios”
(c), 2010 Ramón Galí. Crítica cinematográfica cedida por la revista Tiempos Futuros Future Times.
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May 072010
 

EL TIEMPO EN SUS MANOS (1960)/ LA MÁQUINA DEL TIEMPO (2002)

“Durante un millón de años los hombres vivieron y murieron
por sus sueños para que ustedes se dediquen a comer, nadar y bailar”
“El pasado del hombre fue una denodada lucha por sobrevivir…pero hubo momentos en el
que hubo unas pocas voces que hablaron y en esos ratos momentos hicieron la Historia…”
GEORGE/ROD TAYLOR

Unos versos de José Hierro nos abruman: “Al final, todo fue nada, aunque lo fue todo…” Probablemente se refieran a la muerte de un individuo pero perfectamente aplicable son, asimismo, a la muerte, la desintegración de la impronta humana. Aterroriza pensar que toda la obra, toda la cultura, todo el esfuerzo de todos nuestros antepasados se reduzca a polvo algún día. La desidia, la indolencia humanas tendría/tendrá para nosotros el mismo efecto que un asteroide aniquilador como el que acabó con los dinosaurios.

Los viajes en el tiempo son a los escritores de ciencia-ficción como los animales para los niños: Fascinantes en grado sumo. Cualquiera que se precie debe tener, al menos, una obra que aborde desplazamientos a través de la cuarta dimensión. Todo humano ha pensado en ello alguna vez pero esta subespecie se estruja sus meninges al respecto de forma compulsiva/obsesiva. Herbert George Wells no fue el primero, pero sí pionero en la era moderna en construir con su pluma, en 1895, una “La Máquina para explorar el tiempo” creíble para sus lectores. Con una mirada estrábica, camaleónica, si quieren, con un ojo puesto en los últimos descubrimientos en física (a cargo, entre otros, del físico holandés Hendrik A. Lorentz, Nóbel en 1902, poniendo alfombra roja a Albertito Einstein y su Teoría de la Relatividad a punto de salir del cascarón) y con otro ojo en el papel dibujó un futuro más allá del siglo 8.000; éste sería el peor de los apocalípticos posibles pues el infierno que soñó Dante es Disneyland comparado con uno en el que hayamos olvidado totalmente lo que fuimos, mientras nos comemos unos a otros.

La versión cinematográfica de su obra de 1960 (Metro Golden Mayer) comienza con un baile de diferentes tipos de relojes, en Londres, en el ocaso del siglo XIX y de la época victoriana, introduciendo la magnitud clave que será epicentro de todo el filme: El tiempo. La versión de 2002 (Warner), muy inferior (aunque injustamente tratada), también comienza con un reloj, aunque está ubicada en el Nuevo Mundo, Nueva York. Casi al comienzo las dos versiones toman senderos temporales diferentes pues, en la antigua, un resplandeciente Rod Taylor/George viaja directamente hacia el futuro, mientras en la moderna un profesor chiflado, Guy Pearce/Alexander, hacia el pasado ¿se cruzarían? Al primero le motiva el amor por la ciencia, por lo desconocido, “¿Puede el hombre cambiar las cosas que están por venir?”, se pregunta. “No me importa la época en la he nacido. Prefiero el futuro”, afirma. Para el nuevo “viajero”, enchufado pues se cartea con un agente de la oficina de Patentes de Berna, tan poco pragmático como el primero (y que también “le salva” una diligente ama de llaves), es el amor o la pérdida de éste lo que le incita a sumergirse en el pasado para intentar fútilmente cambiar su presente: No puede y con sólo dos “viajes” lo comprueba. El destino está escrito según esta versión, recogiendo la enseñanza de teología cristiana de la predestinación o, sencillamente, el principio de causalidad aristotélico (un seguro anti-paradojas). Por eso comentaba que la segunda versión está infravalorada pues explora nuevas posibilidades que se le escapan a la anterior, convirtiéndola en complementaria. En la primera, en la entrañable (no en vano todas las citas iniciales de esta crítica pertenecen a esta versión), no abordan esta deriva a pesar de que Taylor tiene “todo el tiempo del mundo”: bastante tiene con el futuro.

Rod Taylor

Respecto a la atmósfera que se respira en ambas películas es excelente, con tintes modernistas (como el invernadero/laboratorio o los propios vehículos temporales), aliñadas con bandas sonoras más que correctas. El Technicolor de la antigua hace que juegue con ventaja, al igual que por contar con el Spielberg de la época, un George Pal soberbio. Para los amantes de las anécdotas la primera versión y su director/productor, Pal, es citada explícitamente en la segunda, junto al propio autor de la obra HG Wells, Harlan Elison e Isaac Asimov y la banda sonora de Andrew Lloyd Webber, al hablar de las obras de ficción que abordaron el viaje temporal. Lo hace un “fotónico”, un bibliotecario virtual que se erige, a nuestro juicio, como hallazgo genial del remake. Salvo en películas de humor no recuerdo tal pirueta argumental en ningún film de la historia del cine. Otra curiosidad: La segunda cinta fue dirigida por Simon Wells, bisnieto del autor del libro sobre el que se basan ambas.

La “Ventana indiscreta” de Hitchcock (1954) parece presente en ambas versiones siendo sustituido el voyeur James Stewart, que contempla como evolucionan sus coetáneos por las tres dimensiones, por unos viajeros temporales que espían desde su atalaya invisible como ¿avanza? el mundo a través de la cuarta. El escaparate de la tienda de modas es el genial termómetro que mide las tendencias a lo largo de las décadas, con más énfasis en la versión de 1960: “Me pregunté hasta donde serían capaces de llegar las mujeres”. Las velas y caracoles ¡ corriendo ! (1ª), la eclosión de las flores, de la vegetación y ciclos solares (ambas), el paso de los periodos geológicos (en ambas, pero sorprendentemente resuelto en la 2ª, teniendo la DreamWorks toda la culpa) son también los indicadores del paso del tiempo, deslumbrantes para el espectador.

En ambas cintas las primeras incursiones de los viajeros temporales hacia el futuro son frustrantes, desalentadores: Guerras y destrucción, introduciendo el remake la variante más que cuestionable de la destrucción de la Luna debido a una explotación indebida…que se cae a pedazos…literalmente. Quizá el efecto análogo en la que protagoniza Rod Taylor sea la violencia tectónica desencadenada a partir de nuestros desmanes, “respondiendo a la violencia humana”. El tono prebélico quizá responda al clima posbélico y ¿prenuclear? de guerra fría en el que fue rodada. ¿El equivalente de principios del siglo XXI sería el cambio climático presuntamente originado por el hombre? Las alarmas, las sirenas, son el denominador común de todas sus incursiones al futuro: La especie humana no ha aprendido nada.

Rod y la chica del futuro

Sigamos hacia delante. Venga… ¿les parece bien el año 802.701 por la mañana? (913.812 en la segunda, ¿qué mas da? 111.111 años más que en la primera versión, otra anécdota) La apuesta de Wells es arriesgada en grado sumo y les recomiendo el editorial de Tiempos Futuros donde se detalla lo complejo que es adentrarse en un futuro tan lejano; que si le quita 800.000 años podría haber contado la misma historia, vamos. La humanidad se ha escindido en dos subespecies, eloi-mansurrones, bucólicos-y los temibles morlocks-“neandertalizados”, caníbales. Éstos, a pesar de su aparente menor inteligencia, se alimentan de los primeros sin rubor, pues como las hormigas disponen de una organización perfecta, una maquinaria bien engrasada-literalmente-mediante la cual por una puerta entran en la cinta trasportadora los que empiezan a peinar canas y por otra salen sus huesecitos. Extrapolando y siendo políticamente correcto, los morlocks y los eloi ¿serían los ricos y los pobres de nuestro tiempo? No lo sé ni me importa, la verdad.

El caso es que nuestros viajeros Taylor/Pearce averiguan que la especie humana, no sólo no ha aprendido nada, sino que ha olvidado todo lo anterior. Ni saben lo que es el fuego, ni saben leer, ni saben qué es el pasado. “¿Existe el pasado?” pregunta la ursulina Weena, la chica que bate sus pestañas frente a Rod Taylor (en el remake la cantante irlandesa Samantha Mumba es su homónima). Se encuentra a un tío que ha viajado en el tiempo más de 800.000 años y su gran preocupación es cómo llevan el pelo las mujeres de principios del siglo XX. Esto se obvia en la versión del 2002 pues un regimiento de feministas hubiera puesto el grito en el cielo, con razón. La noche es de los morlocks(1ª): Bajo una estética arquitectónica que podríamos calificar de “neo-maya”, que brota en medio de un paraje selvático, los borreguiles eloi se dejan comer hasta que el héroe de otro tiempo viene a salvarles, dentro de esos templos desde los que se accede al mundo subterráneo. Muerto el morlock se acabó la rabia, el canibalismo y la movida.

Algunas luces y algunas sombras de la segunda versión: Las sombras se centran, a nuestro juicio, en la figura de Jeremy Irons, como actor y como siempre soberbio, pero inscrito en la historia con calzador; una especie de mulo asimoviano con poderes telepáticos, telequinéticos, líder de esa colonia de morlocks, que curiosamente no leer los pensamientos de Guy Pierce destinados a escapar y acabar con él. Es cierto que si esta subespecie no tiene muchas luces alguien tiene que gobernarlos para que sometan a los eloi pero…no sé, no me convence quizás por exceso de teatralidad (no en vano fueron los orígenes del excelente actor británico sobre las tablas). Un destello en medio de esa oscuridad: “Eres el resultado inevitable de tu tragedia… y yo soy el resultado inevitable de tu raza”. Algunas sombras más que desgranaré en el párrafo siguiente, junto a las de la primera versión.

Las luces, sin duda y como ya menté anteriormente, el bibliotecario virtual “fotónico” compendio de todo el saber humano. “Con estos fragmentos he apuntalado mis ruinas” cita a P.D. James, “muy deprimente”. “Henry James…, a ver…”-busca en la “P” el holograma: “Platón, Proust Poe Pinter… Quizás…Heminway,..¡sí!… Julio Verne…” “Imagínese como sería si lo recordáramos todo: Recuerdo el último libro que recomendé: “El Ángel que nos mira” de Tomas Wolfe”. Al final de la película él es el encargado de trasmitir la cultura a esa civilización desmemoriada, comenzando por los cuentos de Twain, para los niños… Por cierto, lo más parecido en literatura a este personaje-Fotónico-, el Bertrand Russell de “Los Océanos de Ío” de nuestro articulista y redactor Voyager. Más que recomendable: Imprescindible.

Como es mi obligación debo mirar con lupa los errores a nivel tecnológico/científico de ambas películas: ¿Qué energía impele a las máquinas del tiempo a través de los siglos? ¿Electricidad? Sí parece pero, ¿a través de un generador autónomo o de la red? En la primera versión, al parecer hay un corte en 1917 en el suministro pero no resuelven como es que sigue viajando una vez nuestra civilización ha quedado atrás, reducida el polvo. Vuelve a detenerse en 1966 a sólo 6 años vista de la realización de la película: Eso en mi pueblo se llama “no mojarse” siendo los autores ultra conservadores a la hora de dibujar el futuro. Una vez Rod Taylor llega a ese futuro remoto encontramos algunos errores antropológico que no se dan en la segunda versión: El más clamoroso es que los humanos son todos rubios y muy blanquitos y, siendo los responsables de tales características genes recesivos, no es descabellado (nunca mejor dicho) pensar que todos seremos, en un futuro remoto mulatos de cabellos oscuros, según apuntan muchos estudios genéticos. Por cierto, no hay mutaciones en los eloi cuestión más discutible en virtud de lo endogámico de su sociedad y su necesidad o no de adaptarse al medio.

La cuestión lingüística clama al cielo pues, de una manera u otra, conservan “la lengua de piedra” un inglés casi perfecto esos humanos de dentro de 8.000 siglos. Bueno, entiendo que la licencia artística es la patente de corso que pudieran esgrimir sus creadores para que tengamos manga ancha al respecto: Que es una peli. Vale, aceptamos inglés como lengua vehicular entre viajeros y “aborígenes del futuro”. En cuando al “atrezzo”, los morlocks de la primera versión, salvo alguna secuencia escalofriante, tienen las manos de trapo en la que casi se les ven las costuras, tipo teleñeco: “Hoooola, soy Morlock y hoy os voy a enseñar la diferencia entre antropofagia y alta cocina.” Sin embargo y gracias a los maravillosos píxeles, los neo-morlocks sí que acojonan que no veas. Se tratan de una especie de “Bob Marleys”, con sus rastas, pero con cuerpo de culturista estreñido y rostro neandertal, ojos de reptil, que saltan como felinos, fuertes y rápidos de narices. El caso es que el conjunto es escalofriante. (Ven como todo en la 2ª no es peor que en la 1ª).

Morlocks

Sin embargo en la última cometen algún error, a nuestro juicio, garrafal, consecuencia de mirarse demasiado el ombligo: ¿Cómo que “Brooklin Bridge”? Mirad, tíos, que ha pasado casi un millón de años. ¿Sabéis qué quedará del puentecito de marras, de la ciudad, del país al que alude indirectamente? Mil civilizaciones más poderosas sucederán al imperio actual por lo que es ridículo pensar que algo quede en pie, piedra sobre piedra. Que las pirámides tienen sólo 4.600 años y ya están medio gastaditas. Algo ya que no tiene nombre es cuando “viaja” al año 635.427.810 por la tarde-noche y ¡cáspita! La máscara gigante sigue en pie. No coments. Por otro lado, bien es verdad que se contemplan (magistralmente en la 2ª, por cierto), el paso de los periodos y épocas geológicas pero una supuesta máquina del tiempo tendría que situarse en la órbita terrestre o en un lugar inmune a los cambios físicos que acaecieran. Bueno, no ricemos el rizo demasiado que va a dar la sensación que no disfrutamos de ambas películas, algo muy alejado de la realidad. Esto último era por fastidiar un poco. Recomiendo “El Universo en una Cáscara de Nuez” de Stephen Hawking, para quien quiera profundizar técnicamente en los viajes temporales. Lo siento, Hawking”, esto te pasa por ser tan didáctico.

Al final de ambas versiones los eloi son liberados. ¿Quién dijo que los monos no hablaban porque si lo hicieran les obligarían a trabajar? Los eloi tienen ahora que buscarse la vida aunque, a cambio, pueden envejecer tranquilos sin estar en la sección de las carnes del menú de los morlocks; los viajeros en el tiempo que los liberaron dieron por hecho que preferirían ese cambio. Bromas aparte, y para concluir, ambas películas se ajustan-más o menos-a la novela de Wells, incidiendo ésta más en ensalzar valores, como la amistad la lealtad, el amor, y teniendo especial sensibilidad en los desequilibrios sociales-en este caso materializados en los eloi-temas que siempre le obsesionaron, así como el la dudosa supervivencia de la especie humana. La novela la escribió en sólo quince días, por encargo, y se convirtió automáticamente un hito en la historia de la literatura. Sus adaptaciones al celuloide, en especial la primera, recogen ese espíritu aventurero e inconoclasta que destilaban las páginas del libro.

¿”El Quijote”, “El amor en los tiempos del cólera” y “Cosmos”? ¿La Biblia, “Hamlet” y la serie “Fundación”? ¿La serie “En Busca del Tiempo Perdido”, “La Odisea” y “La Sombra del Viento”? ¿“Memorias de Adriano”, la serie de “El Clan de Oso Cavernario” y “Los Episodios Nacionales”? Si tuvieran que realizar un viaje en el tiempo,…¿qué tres libros se llevarían?. Uy, qué difícil.

(c), 2010 Ramón Galí. Crítica cinematográfica cedida por la revista Tiempos Futuros Future Times.
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Abr 302010
 
‘AGORA’, POR NEOHYPATIA DE ALEJANDRÍA: CUATRO ACIERTOS, CUATRO CUESTIONES.
“La única forma de conocer los límites de lo posible
es adentrarse un poco más allá, hacia lo imposible”
Arthur Charles Clarke

<<…POR FAVOR , no se asusten de mi trans-presencia, no soy peligrosa. He recorrido años-luz por el bello Kosmos, por el “hermoso orden de las cosas” griego; he dado un saludable paseo celestial y vuelvo a ti, aquella Alejandría…¡aunque sea de forma virtual! Y regreso para hablar de una obra de arte que a su vez habla de ella…y de mí. Y lo haré desde su misma perspectiva caprichosa, desde el rutilante firmamento. Sí: tras mi brutal asesinato y en virtud de una inentendible geometría de lo posible… ¡resucité!; acurrucada en los pliegues del tiempo vencí a lo único que parece irreversible, vencí a la muerte. Ahora, al parecer, estoy escrita con polvo de estrellas y casi me jacto de que no necesito cabalgar sobre la materia para poseer consciencia. En fin, se lo explico, insisto, para que no se asusten de mi presencia, se lo ruego; la matriz transenergética que me configura es totalmente inofensiva. Termino esta introducción indicando que tras morir conocí en mi maravillosa singladura a muchos hombres y mujeres sabios: hoy, aquí, ahora citaré algunas de sus perlas.

Ágora1_Crítica_Raymond Gali

MI ATENCIÓN, como decía, es ahora prisionera de una nueva obra de arte esculpida en el celuloide: Ágora. Recrea mi vida, mi muerte, la muerte de Hypatia, acaecida hace ya un eón ¿o ayer mismo?; vagar por universos paralelos despista a cualquiera, se lo aseguro. Mi regreso a la Tierra para abordar la tarea de analizarla podría antojarse un ejercicio cargado de geocentrismo y egocentrismo a partes iguales, dos errores gravitatorios que nos lastraron-y nos lastran-como especie, como individuo. Simplemente pienso, con humildad, que mi prisma, mi opinión al respecto podría ser interesante…siempre y cuando, claro, “el rayo divino de sabiduría” platónico me siga iluminando en mi actual estadio. También pudiera suceder que al ubicarme ahora mucho más cerca de la fuente emisora dicho rayo de inspiración en verdad me estuviera chamuscando los vectores energéticos que me configuran. Veamos si, tras transitar entre los pebeteros de la noche celestial, todavía puedo hilar como antaño…

Ágora2_Crítica_Raymond Gali

INCLUSO ANTES de contemplar Ágora mi primer sentimiento fue de respeto; respeto por la valentía (¿o temeridad?) de un artista que ha dedicado años de tu vida al lío monumental (literalmente, “la Ciudad de los Mil Palacios” la llamaban) de reconstruir el pandemónium de la Alejandría de finales del siglo IV, principios del V. Los que se entregan, junto a la ciencia y a la filosofía, a la disciplina más elevada y compleja a la que se puede enfrentar la mente humana, al arte, creo que a priori merecen respeto. Respeto y luego crítica razonada, constructiva; nada de despellejar, verbo contundente, que tiempo ha conseguía removerme, revolicar un poquito la energía que me constituye, (como me sucede cuando paso cerca de un campo electromagnético) debido a cómo me asesinaron. Ahora al recordar aquello sonrío estoica con mis labios de ámbar pintados con tinta de aurora boreal, aplicando mi sôphrosynê o autodominio espiritual (que les confieso es la versión neoplatónica del ommmh oriental). Un político tunecino reafirmaba a Sófocles: “feliz el hombre que puede reírse de sí mismo; nunca le faltará motivo de diversión.” Y esto viene de perlas en la eternidad, se lo aseguro.

Ágora3_Crítica_Raymond Gali

COMENZARÉ DESORDENADAMENTE por una anécdota, por una curiosidad, por un chascarrillo: A pesar de apodarme en vida “la perfecta” (he leído estos días: “cuerpo de Afrodita y la mente de Platón”…, ya me gustaría a mí…) les revelaré lo que es más bien una intimidad: he sentido casi insana envidia de la dulce belleza de la protagonista del film, más morena y joven, con una mirada más cargada de Homero y Eurípides incluso que la mía cuando me asesinaron: la elección de la actriz que me encarnara es, a mi juicio el… PRIMER ACIERTO DEL DIRECTOR. Para rematar mis observaciones sobre la otra forma de la verdad, sobre la belleza (un dramaturgo español dixit), afirmaré que el esclavo que nunca tuve y que aparece en la película también me hubiera puesto difícil mantener mis principios, entregarme sólo al Conocimiento… ¿De mármol de Éfeso? En absoluto; de vocación de cariátide… ¡nada de nada!

Ágora4_Crítica_Raymond Gali

¿ANTICRISTIANA? UMMH… , no lo sé. Sí parece un intento de ser anti-fanática como demuestra, por ejemplo, que en la filmación me lapidaran en vez de… En ya no sé qué universo paralelo, pues a veces me lío,  un escritor alemán manifestó: “Me aburren los ateos. Siempre están hablando de Dios”. No me refiero al director de Ágora en absoluto, pero quien me quiera reclutar en la filas del agnosticismo para usarme de ariete contra los creyentes que se olvide, que abdique de su enfermizo propósito: siendo la ciencia mi religión, sin duda, siempre escribí CREER; sí, con mayúsculas (y negrita si hubieran existido ese modo tipográfico). Mis mejores amigos, y alumnos, fueron cristianos. Siempre percibí la figura de Cristo como sagrada. Siempre, con el beneplácito de mi idolatrado Platón sentí la astronomía y la geometría como formas divinas de conocimiento.  Siempre concebí ciencia y religión como las dos caras de la misma moneda (creo que el otro día mi filósofo le ganó por fin la primera partida de ajedrez al hijo de Dios, allí sentados encima de una estrella). Me gustaría que todo esto hubiera sido reflejado (¡¡aconteció, en verdad, un asesinato político, no religioso!!), en la obra de arte que abordo: PRIMERA CUESTIÓN AL DIRECTOR…¿si su película no pretende ser anti-cristiana, sino que refleja un hecho histórico, qué falta hacía dibujar determinados personajes con ropajes oscuros, con rostros siniestros, para que a la gente le quepa la duda? Los que me mataron no estaban tan caricaturizados, no eran tan feos, de veras. Cuidado además con hacer de la anécdota categoría: unos cristianos concretos y fanáticos acabaron entonces con la guardiana del Conocimiento, pero otros lo conservaron en monasterios durante la Edad Media. “Eran parabolanos, no hiperbólicos” quizás hubiese dicho el gran Euclides en sus clases de geometría.

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DICEN QUE todo viene de nuestra cultura, de la griega: a mi pesar, nada más alejado de la realidad. Si el bueno de Pitágoras levantara la cabeza…; su famoso teorema ya había sido descubierto en China, Egipto, Babilonia, India y Japón. ¿Catetos? Tampoco es eso. Sólo al cuadrado y en el teorema 😉 Tenemos que asumir con flagelante deportividad que nuestros Siete Grandes Sabios aprendieron a su vez de los ecos de las enseñanzas de otra maravillosa cultura sita en una zona concreta: el valle del Nilo. Pero si tramposamente, con la sutil destreza de un tahúr, obviáramos esta realidad, corriéramos un tupido velo, ¿se podría afirmar, como dijo un escritor austral, que todo fue ya codificado por nosotros, los griegos? Puede que sí en cuanto a las relaciones humanas, pero no respecto a la interacción del ser humano con la ciencia, la tecnología y el conocimiento en general. Cuento esto porque mis sospechas de que algo no cuadraba en el firmamento, que las órbitas planetarias no podrían ser circulares (eso me lo encontré en mi particular periplo después de morir, en los albores del siglo X, en alta mar…), que ya por entonces se barruntaba la esfericidad de la Tierra y su atracción a través de una poderosa fuerza… Sí, a su vez nosotros nos adelantamos a los genios que (oficialmente) descifraron los cielos más de mil años después. “Mi” amado Uomo, caso aparte, claro, pues él y quizás gracias a una distorsión cuántica se solía dar un garbeo por el futuro y tomar notas. Plasmar en el celuloide estas inquietudes y los posibles avances de lo que quedaba de la civilización helena, sin duda: SEGUNDO ACIERTO DEL DIRECTOR.
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VUELVO A él, sí, a uno de mis maestros griegos para contar una anécdota: dicen del (que creía ser el) descubridor de un gran teorema matemático que curó a un joven de una importante melopea al prescribirle una melodía concreta a determinado ritmo: la música es clave como vehículo y generador de emociones, es… “la voluptuosidad de la imaginación” dijo un enorme pintor, tanto que hubo que apretarse en los cielos cuando subió a ellos. La del film es buena, más que correcta diría yo…¡pero le falta el último requiebro melódico para llegar al corazón del espectador, la última vuelta de tuerca que separa la excelencia de la genialidad! La música es más que correcta pero prima lo cuantitativo frente a lo cualitativo. En mi modesta opinión tienen la fortuna compartir una época y un planeta con dos de los compositores cinematográficos más extraordinarios de todos los tiempos (para no herir sensibilidades, sólo sus iniciales: J.W., y H.Z., pero ssssh, chitón) LA SEGUNDA CUESTIÓN AL DIRECTOR es obvia, ¿por qué precisamente sus gloriosas partituras, o incluso las de él mismo, no sublimaron, no condujeron al paroxismo los sentimientos del espectador? Si lo intentó no lo sabemos. “La música empieza donde acaba el lenguaje”, afirmó un tenor germano y por eso esta humilde aprendiz va a ser osada y atreverse a sugerir una idea: sin cambiar ni una coma del guión o del montaje sustituya la banda sonora por otra, absolutamente sublime, maravillosa,… ¡y reestrene el film! ¿Por qué no? Estoy convencida que, siendo otra, la sensación para el espectador será totalmente diferente.

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VENÍA A decir un arquitecto visionario que una vez una obra de arte se ha hecho orgánica se convierte en eterna, ad infinitum. Sólo el tiempo dirá si Ágora posee en sus ruedas dentadas las proporciones divinas de la naturaleza, si lleva implícita los números áureos de la perfección. Es evidente que he contemplado otra versión de la Alejandría que fue, apreciando las diferencias en “mi” Biblioteca (la de la película es ¡incluso más bella), en la geometría de las calles, en las fisonomías de sus habitantes, en algunas indumentarias y complementos (aunque son casi todos muy muy correctos), en algunos comportamientos, en algunos nimios detalles pero, en general, la recreación es asombrosamente fidedigna, incluyendo la del fabuloso cíclope de mármol, esa maravilla del mundo que, envolviéndolas dentro de su haz, conducía a las naves al buen Portus Eunostos; puedo afirmar que su escenografía me parece sorprendente, “deliberadamente estética”, como le dijera un autor a otro. Me he despepitado para mis adentros, y me hubiera descacharrado, desencajado si hubiera tenido cuerpo físico, al comparar los actores elegidos con los personajes que me rodearon en vida (por diferentes, no por inadecuados: estos, en general y como decía antes, más bellos, más esbeltos denotando la mejora de la raza, salvo los monjes “señalados”) pero insisto en que jamás desde entonces se reconstruyó mi ciudad y sus gentes con ese grado de perfección histórica, con ese preciosismo resplandeciente: TERCER ACIERTO DEL DIRECTOR.  Opino que la hazaña visual alejandrina rebasa todo lo nunca conocido y por sí misma justifica el visionado del film.

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PARA UNO de los más grandes cerebros de la historia de la humanidad en cualquier universo paralelo del que se tenga constancia de su presencia, “El misterio es la cosa más bonita que podemos experimentar. Es la fuente de todo arte y ciencia verdaderos”. Mi perspectiva quizás no sea significativa pues contemplé la película con ojos tan inmateriales como vírgenes (por favor, no se rían de mí: es mi primer film: todavía no tengo las pupilas gastadas, resabiadas, de tantos impactos visuales del siglo XXI; admito que mi capacidad de asombro, afortunadamente, sigue incólume ¿no les da pena que la suya se pueda haber erosionado, que muchos niños de 5 años de su época moderna ya tengan las retinas más viejas que las de un anciano de la mía, de la grecolatina? (“Eso lo entendería hasta un niño de cinco años: ¡tráiganme un niño de cinco años!”-gritó uno de los más grandes humoristas de todos los tiempos, adelantándose a mi pregunta anterior) Si queda amputada nuestra capacidad de sorpresa, si el humano inteligente rechaza que le conduzcan como a los borregos por un carril, si le repele todo lo que tenga la vitola de muy comercial, si como decía Epicteto la mente humana precisa aventura pero sobre todo libertad, si la clave del disfrute es la relación entre las expectativas y la realidad (y es inversamente proporcional a la cola que guardemos para contemplar dicha realidad), ¿por qué esa brutal campaña publicitaria que elevaba el listón de las mencionadas expectativas a unos niveles estratosféricos? Esa sería mi humilde TERCERA CUESTIÓN QUE PLANTEARÍA AL DIRECTOR. Quizás esa estrategia concreta de difusión del hecho devalúa al hecho en sí.

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LA CUARTA Y ÚLTIMA CUESTIÓN AL DIRECTOR vuelve a suscitar dudas sobre mi ego/geocentrismo, es decir, que termino donde empecé. Alabando como he hecho la elección de la actriz que me encarna en la gran pantalla, creo que su papel resulta finalmente cargado de humildad (muy bien) pero quizás un poco plano (mmmh). Esa Hypatia redidiva, inscrita en su indiscutible belleza, posee en ocasiones una expresión propia de estar eternamente cayéndose de un guindo, cual Sísifo subiendo la piedra a la montaña castigado por Zeus. Quizás suene mal pero quiero pensar, con toda la modestia que me enseñaron mis maestros griegos, que mi personalidad fue mucho más rica en matices, más poliédrica, ¡con más sentido del humor! ¡Apenas sonríe la actriz en el film! Si esa fue una de mis armas para lidiar con la dura realidad, fuese el obispo Cirilo o el sursuncorda quien me pusiera palos en las ruedas de la vida. Tengo por maravilloso a mi padre, el gran astrónomo Teón, sin duda, y su carácter fue diferente al actor que lo representa, pero gracias su buen hacer y al del director éste resulta extraordinariamente convincente. ¿Por qué no se atrevió a profundizar en la condición humana de la protagonista de su película?  “El cuerpo humano no es más que apariencia, y esconde nuestra realidad. La realidad es el alma”, manifestó un soberbio novelista francés. Esta humilde abajofirmante es la constatación más preclara, la constatación definitiva de esa gran verdad. Que te descuarticen y que luego quemen tus restos puede ser un pequeño inconveniente, un percance más o menos molesto pero en modo alguno determinante para acallar tu voz en medio de la eternidad.

Ágora11_Crítica_Raymond Gali

PIENSO QUE la creatividad va mucho más allá de la inteligencia, es una segunda derivada de ésta que muchos poseen pero que muy pocos subliman de forma deslumbrante; su génesis roza lo divino o eso rezan los frescos más famosas de todos los tiempos sitas en una bóveda vaticana (¿o transmitía mero y aburrido conocimiento?).  Termino mi relación con el que considero CUARTO ACIERTO DEL DIRECTOR, que ha sido… ¡arriesgar!: homogeneizar todos los fanatismos con sus perspectivas cenitales, alejarse del esquema y tensión narrativas convencionales, insertar un avance del propio film antes de éste, elegir un tema y época tan complejos como controvertidos, ejecutar rotaciones imposibles de la cámara, etc: “En el arte la única manera de acertar es estar siempre en peligro de equivocarse”; afirmó un escultor español. ¿Acertó o se equivocó? Juzguen por sí mismos. Sean libres, gran máxima griega: saquen el látigo y mantengan a raya sus prejuicios o mejor, déjenlos directamente en casa y vístanselos coquetos al retornar de nuevo: siempre tendrán luego tiempo de ponderar los pros y contras de lo que visionen, despacharse a gusto y/o separar el polvo de la paja si es que les apetece. Si buscan sensaciones concretas, mirlos blancos o comparan (quizás inevitablemente) con otros éxitos cinematográficos-de análogo final dramático -fracasarán en el intento: Ágora, con sus luces, con sus sombras,es otra cosa. Rían, emociónense, lloren o cabréense.

Ágora12_Crítica_Raymond Gali

TIENEN LA oportunidad de viajar en el tiempo e impregnarse de aquella Alejandría, en el mismísimo ocaso de aquella época jaspeada de perfección que fue la Antigüedad. Pueden rescatar para sus pupilas los nenúfares y la hiedra que se derramaba por las calles alejandrinas, los mármoles de los Mil Palacios, el eco de los yunques, el bullicio del Bruquión, la explosión de aromas y color de las plazas de la ciudad que me vio nacer.  Los egipcios consideraban las montañas alejandrinas guardianas de la eternidad: esas murallas encierran el secreto de la vida eterna que soñaron para sus muertos. Como les decía al comienzo no se asusten de mi presencia, se lo ruego; la matriz transenergética que me configura es totalmente inofensiva. Pero, ¿se acordará alguien de mí, de la que fui en vida, dentro de millones de años? Quizás sí gracias a Ágora o a pesar de. En cualquier caso, dentro de unos eones hablamos...>>

ESTAREMOS ENCANTADOS (RAYMOND GALÍ Y UNA SERVIDORA) EN RESPONDER A TUS COMENTARIOS. GRACIAS.

NeoHypatia de Alejandría
© 2009, Raymond Galí, autor de Hypatia y la eternidad

 
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ANEXO, POR RAYMOND GALÍ
Circula por internet un ‘power point’ que tilda ‘Hypatia y la eternidad’-junto a otros libros posteriores con Hypatia de Alejandría como protagonista-de oportunista, subvencionada y anti-cristiana. Nada más lejos de la realidad. Aquí mi derecho legítimo de réplica:
 
1º Mi novela es MUY anterior a la película ‘Ágora’ dirigida por Alejandro Amenábar y, me atrevería afirmar sin temor a equivocarme, anterior a todas las novelas relacionadas con Hypatia de Alejandría publicadas en 2.009. Ya en 2.002 gané un concurso de microrrelatos del periódico El Mundo con el núcleo, con el tema central, con el germen de la novela (LEER AQUÍ). A mi primera versión la de novela le di entrada en el Registro de la Propiedad Intelectual de la Comunidad de Madrid el 8 de septiembre del año 2004, con el numerito M-006439/2004, para más señas. y, de hecho, la presenté ese año al concurso de la Universidad Politécnica de Cataluña. Por cierto, antes de presentarla al Planeta, el 13 de junio de 2008, volví a registrar la segunda versión. La película de “Ágora ” se estrenó en octubre de 2009.
2º Mi novela no es anti-cristiana, nada más lejos de la realidad; estoy convencido que respeta escrupulosamente todas las creencias. Para empezar después de morir “mi” Hypatia resucita. En junio de 2009, antes del estreno de la película, la periodista Eva Orúe me realizó una entrevista. Ante su pregunta…”Por lo que has podido saber de Ágora, ¿crees que vuestras Hypatias son la misma?” respondí: “Hasta donde yo sé los proyectos de Amenábar son absolutamente secretos y creo que este especialmente. Hasta su preestreno en el Festival de Cannes hace pocos meses nadie supo de la película más que lo que quiso Amenábar dejar entrever en el tráiler. La verdad es que no tengo ni idea pero creo que la película equivaldría al primer capítulo de Hypatia y la eternidad. Si plantea el film, (que no creo que caiga en esa simplificación injusta e infantil, que este tío parece muy inteligente) como “malos los cristianos” y “buenos los ateos” no tendrá nada que ver con mi novela, que dibuja religión y ciencia como las dos caras de la misma moneda”. AQUÍ la entrevista completa.
3º Mi novela no es una biografía: es una novela de ciencia-ficción histórica o ucronía.
4º Nadie me ha dado ni un duro, al contrario: no tengo padrino, nadie poderoso me ha apoyado. A pesar del esfuerzo de mis editores mi novela se ha visto poco, aplastada y desplazada por la poderosa maquinaria mediática de las de las otras editoriales; la pasta manda, poderoso caballero, don dinero. Conste que jamás entraría a valorar la calidad de las otras obras.
5º Tengo un concepto científico de lo que es Dios pero, como explico al final de mi novela, totalmente compatible con la religión cristiana (y las otras). Yo soy cristiano. En la página 249 de Hypatia y la eternidad detallo mi postura al respecto, aunque en realidad la novela entera aborda la dicotomía “Jesucristo Vs Platón” o “La era de Dios y la era de los genios” desde el máximo respeto a las dos formas de entender el universo, subrayando que, a mi humilde entender, han sido y son totalmente complementarias.
6º En el blog de la página de mi novela (ahora reproducido aquí en mi web-blog oficial) escribí una crítica de Ágora, desde el punto de vista de mi protagonista, elogiando lo que me pareció bien, criticando-entre otras cosas-la parte anti-cristiana del film.
7º Con esfuerzo titánico (soy hombre de ciencias) estuve 6 años documentándome y escribiendo las diferentes versiones de la novela. Para retratar de la forma más fidedigna posible la figura de Hypatia de Alejandría usé como base las fuentes originales en inglés (cartas de Sinesio de Cirene a Hypatia) y la biografía de la que probablemente sea la mayor experta del mundo en Hypatia de Alejandría, la profesora de Historia de la universidad de Cracovia María Dzielska. Ella afirma rotundamente que aconteció un asesinato POLÍTICO, no RELIGIOSO en ALEJANDRÍA. Así lo plasmé en mi novela y repetí en la entrevista radiofónica que me hicieron en RNE el 31 de julio de 2009. 
8º Hay que ser idiota (pero de concurso de idiotas) para meter a todo el mundo en el mismo saco sin informarse primero.
Abr 232010
 
2001: UNA ODISEA DEL ESPACIO. CUANDO A HAL 9000 SE LE INFLARON LOS CIRTUITOS (English version)

“…ya sé que no me he portado muy bien.

Tengo miedo, Dave…”

HAL 9000

Un leopardo yace sobre una cebra muerta en un punto indeterminado de África Oriental, hace varios millones de años. Al felino le refulgen los ojos, como si encarnara al mismísimo lucifer, en una estampa que parece salida del “Nacional Geographic”… Unos australopithecus afarensis de tristes ojos se arrejuntan para atemperar el frío más gélido que se puede sentir, el de la Noche de los Tiempos. Ellos no lo saben pero son los primeros ejemplares que salen de la cinta transportadora de la inteligencia humana, por eso sienten miedo… Un fémur, la primera herramienta, se transforma en una nave espacial. Han transcurrido millones de años: La materia inerme ha sustituido a lo biológico en la acción… ¿controla el Hombre las propias herramientas que ha construido con su inteligencia?

La lanzadera donde viaja el eficaz Heywood Floyd danza con la estación orbital al ritmo de Strauss, ¿me concede este baile? La enorme rueda que gira para generar gravedad artificial es un enorme vestido, el salón, el cosmos…La cúpula, prodigio de la arquitectura espacial, abre sus ocho enormes gajos y lo hace como los de una colosal flor, para que penetre la esférica nave, cual insecto polinizador. La escena podría constituir en si misma el salto en el tiempo de la humanidad, ¿Quizás desde la estática cúpula que concibió Filippo Brunelleschi, para la catedral de Florencia, en el siglo XV? Quizás no.

Uno no se puede morir sin leer “El rey Lear” de William Shakespeare, escuchar el “Concierto para Clarinete” de Mozart o experimentar la inquietante psicodelia visual y sonora del “2001” de Stanley Kubrick. Adoración o indignación, nada de medias tintas. Además, antes de dejar este mundo uno debería repetir la experiencia para descifrar las incógnitas que quedaron tras el primer visionado. “Hubiera fracasado” si el espectador hubiera asimilado el film a la primera, confesó su autor. “Sois libres de especular acerca del significado filosófico y alegórico de 2001″ añadió, ensanchando hasta el infinito los límites interpretativos del arte, convirtiendo a éstos en algo plástico, maleable, sujetos al relativismo. Ojo, porque estamos ante una obra descomunal, sin parangón, prodigio visual, sonoro y argumental, deleite sublime de los sentidos, poesía cinematográfica que fue concebida por uno de esos tándems-Clarke/Kubrick-irrepetibles, donde tanta genialidad nos supera. La perfección en el 7º arte nadie la conoce, por definición, pero debe parecerse mucho a este film.

El riesgo del crítico al abordar una obra universal es claro: ya se ha dicho ó escrito prácticamente todo del objeto de su crítica. No obstante intentaremos torear este morlaco sin caer ni el tópico ni en la idolatría; mastodonte cinematográfico que, por cierto, en este caso encierra su propia efigie adorativa, el monolito de origen extraterrestre datado en cuatro millones de años. Todo orbita alrededor de él, desde los primeros homínidos, pendientes de su socialización ¿miedo al extranjero?, pasando por Floyd, hasta terminar gravitando cerca el bueno de Dave Bowman, el mítico astronauta que se enfrentó a HAL 9000, venciéndole. El monolito es rotundo, demoledor desde su hieratismo, orgulloso incluso; castiga la frivolidad humana con un agudo pitido cuando en la base lunar “Clavius” se quieren retratar con él los hombres, como si fuera un enorme atún del Pacífico de 700 kilogramos. El negro poliedro representa lo irrepresentable, en hábil iconoclasia de los autores, la inteligencia extraterrestre. Por ser lo que es observa a la humanidad con cierta objetividad, supervisando los diferentes estadios de la evolución humana, divididos en tres actos, como un drama de Sófocles.

La cinta es un valiente salto al vacío del director, ¿cine experimental?, que en verdad tiene absolutamente todo tan controlado y monitorizado como tiene H(I)A(B)L(M) la nave “Discovery” rumbo a Júpiter; cada fotograma es una instantánea perfecta, su lenguaje visual tiene vocación de universal. Hablamos de HAL 9000, el cerebro artificial mas avanzado existente. Éste es el segundo hilo conductor de la historia, además del enigmático monolito, que se entrecruza con el primero más o menos entre la órbita de Ganímedes y la de Calixto, lunas jovianas. La máquina se autodefine como un prodigio de exactitud y perfección y tiene una gemela en la Tierra. La máquina observa que los hombres son seres frágiles y falibles (“…lo siento, jaque mate…”) ¿Qué es lo que la hace enloquecer? ¿el misterioso monolito? ¿enloquece en verdad o tan sólo considera prescindible al eslabón más débil de la cadena evolutiva? La novela de Clarke complementa a la película de Kubrick y viceversa. Vean la película. Lean el libro. Hilen después, valientes, …si pueden. El caso es que a la computadora, de un momento para otro, le sobra un tornillo, justo el que le faltaba para ser humana, es decir, mentirosa y asesina. No pestañea su enorme y convexo ojo rojo a la hora de eliminar a los hibernados, que ya yacen en su propio sarcófago. Escalofriante. Sobre todo cuando esa condición humana queda enmarcada en sus expresiones, además de en sus actos: “Honradamente…” “Eso es algo que yo no puedo permitir que suceda (su desconexión)” “Tengo miedo, Dave”. Dicha condición humana llega a la apoteosis en uno de los momentos más gloriosos de la historia del cine, según nuestra humilde perspectiva: En el momento que David Bowman lo está desconectando, el ordenador experimenta una regresión infantil, como un enfermo de Alzehimer, y se pone a cantar “Daisy”. Sublime.

El manejo del tempo, del ritmo narrativo, es revolucionario, rompedor, y a un millón de espectadores logra exasperar, acostumbrados a otro sistema de coordenadas. Otro millón cae en la red cronológica, abducido por los silencios más atronadores de la historia del cine, los del espacio exterior, que se desarrollan en singular oxímoron, donde el vació más absoluto provoca una tormenta de sensaciones en nuestra mente. Hay momentos en los que la acción se desarrolla casi en tiempo real y queda así brillantemente subrayada, confiriéndole un realismo total, por los espacios en blanco intermedios. Sin todavía la tecnología para generar efectos por ordenador, la película es fruto de la más concienzuda artesanía cinematográfica, en buena medida gracias al genial maquetista Douglas Trumbull; su creador tuvo que ir inventando/usando sobre la marcha la novedosa tecnología óptica necesaria para rodar tan particulares escenas, por ejemplo, una lente con forma de paraboloide hiperbólico, para rodar con un ángulo total, es decir, de 360º. Que cosas. Y los hermanos Lumiere con la escenita del tren; bueno, es que esos 73 años cundieron, cundieron.

Ante el espectáculo grandioso en estado puro, ante la puesta en escena soberbia que constituye la “Odisea” de Kubrick, cabe preguntarse si Nietzsche al verla pensaría que “así hablaría Zarathustra” o, sin embargo, tanto él como el filósofo persa pondrían un pleito al director británico por la alusión herética, tan alejada de su pensar. Eso sí, parece verosímil que ambos alucinaran como espectadores con la catarata psicodélica que experimenta el astronauta Bowman, que quizá reflejaba los delirios psicotrópicos de la Europa de finales de los 60 del siglo XX. ¿Se puso hasta arriba de cannabis el bueno de Dave cuando HAL no podía verle? ¿Salieron los espectadores del cine con cara de haber fumado de todo? Bueno, es lo que tiene viajar a través de la puerta cósmica que constituye el gran monolito, que conduce hasta el fin del universo. Si no quieres flipar no viajes. Si no quieres “viajar” no flipes… con el monolito. Si finalmente decides hacerlo terminas en una habitación estilo “Luis XVI” (¿un universo paralelo?) contemplándote a ti mismo en diferentes momentos de tu vida, (¿está el ser humano preparado para asumir su propia muerte?) para terminar por el principio, con un renacer (¿un nuevo salto evolutivo?), quizá significando lo cíclico que es la vida, el universo. Quizá no. Gracias Kubrick por esta libertad.

Para concluir algunas reflexiones rápidas: Uno, que nadie nunca tenga el brillante pensamiento de realizar un remake de 2001. Probablemente sería la idea más estúpida de la historia de la humanidad. Dos, que la obra sirva de referente a los “artistas” que crean por encargo, a matacaballo, sin destilar el producto final. La “O/odisea” del director para filmar la idem duró cuatro años. Un respeto sagrado al espectador. Tres, que muchos genios de la cámara ulteriores admitieron que la obra “kubrickiana” fue piedra angular básica para, sobre ella, edificar sus obras. Les honra el reconocimiento, por otro lado, evidente. “2001” constituyó un salto evolutivo de la ciencia-ficción en el cine, en el que las aletas mutaron bruscamente convirtiéndose en patas, con las que el género dio un salto a tierra definitivo. Y cuatro, que las relaciones hombre-máquina, en la que abunda el libro y orla la película, son cuestiones clarividentes que pronosticaron los autores y que marcarán todo el siglo XXI y posteriores.


Fundido en negro. Réquiem del compositor austríaco Gyorgy Ligeti, de fondo.

(c), 2010 Ramón Galí. Crítica cinematográfica cedida por la revista Tiempos Futuros Future Times.
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Abr 162010
 
BLADE RUNNER: “YO, HE VISTO COSAS QUE VOSOTROS NO CREERÍAIS” (English version)

“Yo, he visto cosas que vosotros no creeríais…”

“… todos esos momentos se perderán en el tiempo,

como lágrimas en la lluvia. Es hora de morir.”

Roy Batty.

Comencemos por una joya de increíble belleza lírica: LA joya de la corona del género para casi todos, expertos y legos. Orfebrería cinematográfica de incalculables quilates. Poema escrito en el celuloide que nos desnuda la condición humana. Deslumbrante hazaña visual gótica y barroca al mismo tiempo. Obra que redefine mitos y factoría de nuevos modelos iconográficos; la lata de Warhol o la silueta de James Dean quedan atrás. Alta ciencia-ficción que no es que se anticipe al futuro sino que contribuye activamente a esculpirlo, a modelarlo. Horizonte inalcanzable para una galaxia de imitadores posteriores. Punto de inflexión en nuestras vidas.

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La película ha generado ríos de tinta, un sinfín de debates, con sesudos análisis desde todos los ángulos, no sólo cinematográficos, sino filosóficos, mitológicos, sociales, etcétera. El gran Garci, con gran valentía, incluyó la obra en la lista de títulos imprescindibles a diseccionar y que engrandecieron el séptimo arte hasta… “más allá de Orión”. No es nuestra intención entrar en este artículo en tales disquisiciones, sobre todo porque el género literario que pretendemos mutaría diametralmente pareciéndose el resultado a “Los Episodios Nacionales” del concienzudo Galdós. Quizá, eso sí, alguna aproximación a vuelapluma orillando el análisis: No sabemos si con una capacidad anticipatorio paranormal el filósofo alemán Arthur Schopenhauer escribió sobre la muerte pensando en Blade Runner; es más lógico pensar que los guionistas le leyeron y, como guiño cinematográfico-o al traicionarles el subconsciente-pusieron en la boca del replicante Roy Batty, antes de morir: “He visto brillar rayos C brillar en la oscuridad cerca de la puerta de Tannhauser-Schopenhauer” o pongamos otro vocablo germánico para disimular.

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Desde el punto de vista clásico los replicantes representan la perfección física y mental que buscaban los antiguos griegos, como neo-Teseos, con fuerza e inteligencia como maravillosa combinación de cualidades. Mary Shelley y su “Frankenstein” está presente, indefectiblemente, en la cinta”: “Yo diseñé tus ojos. Preguntas: “Morfología Longevidad Fecha de Nacimiento”. William Blake también quiso participar de la fiesta: “Y los ángeles ígneos cayeron. Profundos truenos se oían en las costas ardiendo con los fuegos de Orc”, con su poesía profética, original y romántica, como la película. Establecer paralelismos entre las sociedades decadentes que dibujaba Kafka y la de la película se nos antoja kafkiano, sobre todo hacerlo en un solo artículo.

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Blade Runner es mucho más que una película, es una de las metáforas sobre la muerte, sobre la insoportable levedad de los seres humanos, más ajustadas de la historia del arte. Y además es mágica: Sorprendentemente no caduca ante los embates del tiempo, como las obras maestras deslumbrantes. Basada en la mediocre “¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? Del gran Philip K. Dick probablemente sirvió para acuñar la máxima que de grandes libros se hacen malas películas y de libros pésimos estupendos films. La película, encuadrada en el género de ciencia-ficción, pero que sin duda tiene tanto de cine negro como las que generaban los libros de Dashiell Hammett, te envuelve desde la primera escena con su atmósfera opresiva de la que es imposible escapar. El espectador, no es que se acerque desde su butaca a una urbe superpoblada del 2019, sino que se convierte en un habitante más de Los Ángeles, en ese futuro lluvioso, en el que puede encontrarse de bruces con cualquier Replicante al doblar una esquina. “Cruce Ahora, Cruce Ahora”. Y cruzamos, claro. En la city fritzlangiana en la que nunca amanece, que se ha convertido en una torre de Babel, a pesar de la interlingua, todos tienen los papeles invertidos: Los humanos caminan como autómatas solitarios y los replicantes buscan respuestas que les suscitan su lado más humano.

Blade Runner - Crítica cinematográfica Ramón Galí

Blade Runner – Crítica cinematográfica Raymond Gali

Densa. Densísima, en la que casi cada fotograma es una reflexión profunda disfrazada de poema. Sobre la memoria: “No sé si podría tocar (el piano), recordaba las lecciones” “No me puedo fiar de mis recuerdos“. Sobre lo efímero de la existencia: “Todos esos momentos se perderán en el tiempo, como lágrimas en la lluvia. Es hora de morir”. Sobre Dios: “No es cosa fácil conocer al creador”. Sobre el paso del tiempo: “Yo quiero vivir más” ¿Tiempo? El suficiente. Escenas irrepetibles como clásica de la aeronave de Deckard pasando por delante del enorme neón de Coke, que le roban el puesto, o al menos rivalizan, con Paul Newman bajo un bombín a bordo de la bicicleta en “Dos Hombres y Un Destino” o a King Kong pegándose con los biplanos en el State, o a Julie Andrews sobre las verdes praderas o Gary Grant corriendo bajo la avioneta con “La muerte en los Talones”. ¿Qué dice la gran Geisha que nos atrapa con su magnetismo exótico? ¿Qué dice Tyrrell-Prometeo?: ¿Más humanos que los humanos? ¿Por eso coleccionan fotos? Si tienen, como mucho, cuatro años. Por eso mismo. ¿Alguien más se percató que una de las fotos cobra vida durante un segundo en una genialidad infinitesimal, de bolsillo, de pitiminí? El replicante habla despacio, en el edificio en ruinas, y en una escena de asombroso lirismo besa a su compañera muerta para corregir su indecoroso rictus. El test Voight Kampf, moderno oráculo que mide el grado de empatía (“…El galápago yace sobre su espalda con el estómago cociéndose al sol y moviendo las patas para darse la vuelta, pero sin su ayuda no puede. Y usted no le ayuda…”), al que le preguntamos quién o qué somos, “¿Este test es para saber si soy una replicante o una lesbiana?”

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Y sí, en Blade Runner también tiene cabida una historia de amor, ¿hombre?-replicante. Si Stendhal levantara la cabeza… Ella le salva la vida; Leon Kowalski quiere sacar a Deckard de este mundo por la puerta de atrás pero Rachel lo impide con una bala calibre XXL. En el apartamento de él ella se acerca, con el rimel corrido que le confiere aspecto siniestro aunque delicado a la vez: ¿Rachel matará también a Deckard por haberla descubierto con el test Voight Kampf? No. Salta la chispa, nace la llama, el yin y el yang se unen. Perseguidor y perseguida. Cada uno es lo que necesita el otro y llena de esperanza ese espacio que antes ocupaba esa soledad ya asumida. Cada uno le da al otro un motivo para vivir tras una existencia de mera superviviencia. Gaff sentencia lapidario: “Lástima que ella no pueda vivir. Pero ¿quién vive?” Pero el amor obra el milagro, incluso aunque haya cristalizado entre un ¿ser humano? y otro sintético ¿o quizás precisamente por eso? ¿Está ya muerta? No. Ocho palabras sellan la unión…¿simbiótica o entre iguales?

Deckard: ¿Me quieres?
Rachel: Te quiero.
Deckard: ¿Confías en mí?
Rachel: Confío.

BladeRunner4_Critica_Raymond Gali

Y el final, glorioso, definitivo. Y nuestras lágrimas se confunden con las gotas de agua de la lluvia, como los recuerdos del replicante más perfecto, como dijo nuestro director en el editorial de bienvenida a nuestro magazín ucrónico. Roy Batty no solo que no le mata sino que le salva la vida al borde del abismo imposible que se cierne bajo sus pies. A punto de fenecer indefectiblemente valora la vida más que nunca, la suya, la de los demás. La muerte más bella de la historia del cine. Una paloma al viento; ¿su alma? “De donde vengo, a donde voy, cuanto tiempo me queda”.

En fin, para concluir y como empezamos: Blade Runner, para muchos, punto de inflexión en nuestras vidas. Cada vez que visionamos el film nos quedamos sumergidos en un profundo silencio, pensando…

(c), 2010 Raymond Gali. Crítica cinematográfica cedida por la revista Tiempos Futuros Future Times
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Mar 312010
 
PLANETA 51: VENZAMOS EL MIEDO A LO DESCONOCIDO. ARRIESGUEMOS UN POCO (LEÑE)

“Si tiene familiares abducidos marque el 2”

Planet 51

“El futuro tiene muchos nombres: para el débil es lo inalcanzable,

para el miedoso, lo desconocido. Para el valiente, la oportunidad.”

Víctor Hugo

¡Por fin San Julio Verne, San Isaac Asimov, que presiden al alimón el Paraíso Celestial de la Imaginación escucharon nuestras plegarias!: Planeta 51 es un monumento artístico a la creatividad…, y ¡es español! (sí, sí, frótense los ojos y ponga cara de tonto). También es un enorme guiño a la almibarada USA de los 50 y sobre todo un maravilloso homenaje al celuloide de todos los tiempos, en especial al de ficción, para deleite supino de los cinéfilos hasta la médula. Los mimbres que trenzan Planeta 51 poseen detrás el laboriosísimo esfuerzo de las grandes obras, el trabajo artesanal preciso para alcanzar la excelencia. Leonardo de Vinci tardó tres años en pintar la Gioconda y Gabriel García Márquez más de un lustro en ensamblar El amor en los tiempos del Cólera. Por el contrario, desconocemos si algún cineasta, cantante o escritor de postín empleó una tarde o dos en perpetrar su gran obra maestra por la que se le conoce. Soy plenamente consciente de lo que es entregar muchos años de tu vida a un proyecto artístico (y no morir en el intento, pero casi). Planet 51, es una bella rapsodia a la imaginación, cuya trastienda entre billones de píxeles esconde sangre, sudor y lágrimas. ¡Olé y olé!

Nos enfrentamos a una película de una calidad técnica exquisita, casi sin parangón, con un guión entretenidísimo que encierra una moraleja cuya vigencia no tiene fecha de caducidad: ¡venzamos el miedo a lo desconocido! ¡Venzamos, por ejemplo, al miedo que produce un astronauta español en la corte del rey Obama I!,¿Es usted más infeliz que Calimero? ¿Su vida es soberanamente aburrida? ¿Tiene vocación de Puerta de Alcalá conformándose con ver pasar el tiempo? ¿Le gustaría dejar de ser una jodida seta y sentirse más vivo? Venza ya todos esos miedos que le atenazan, despoltrónese, des-a-gi-li-pó-lle-se en una palabra desmenuzadita para su más ágil comprensión: arriesgue un poco sin tanto temor a lo que vendrá, leñe. Los creadores de esta película lo hicieron: lo desconocido, en su caso, a lo que se enfrentaban era a crear primero unos estudios de cine ad hoc, una tecnología digital propia, asumir deportivamente que tardarían una semana en conseguir cada tres segundos de filmación, introducirse en el exclusivísimo y requetevip mercado americano, asimilar que las dificultades serían enormes. “Sí, ahora. Gracias”: es que he pedido a los de posproducción que suene algo épico mientras suelto la siguiente afirmación (“La B.S.O de Gladiator está muy bien, sí”): Los creadores españoles de Planeta 51fueron valientes, vencieron ese miedo lógico/cobardica a lo desconocido, arriesgaron y ganaron; y ganaron al margen, sin duda, de los resultados obtenidos en taquilla pues el estreno de la película puede considerarse un triunfo en sí mismo. ¿Qué es fácil disparar con pólvora del rey? Ummh, al parecer esta vez no.

¡Un momento!, ¡pare, pare, PAREEE!: si no ha visto Planeta 51 tómese un merecido break en este punto y después de visitar el cine siga leyendo…u opción B: no haga ni puñetero caso y apure ahora mismo la crítica carpediem-ando, que es gerundio. Simplemente recuerde: A ó B.

Pero volvamos a ese Planeta 51; volvamos a mundo allende nosotros, a tropocientos años-luz de la Tierra, de suaves y coloridas texturas en el que los ángulos rectos son proscritos (puertas, tanques, Cádillacs, y hasta las constelaciones de su mapas celestes tienen formas curvas). Sus habitantesandanrevolucionaditos perdidos por la llegada del extraterrestre, el capitán Charles T. Baker, que dice estar en el Facebook y parece el primo segundo del bueno de Buzz Lightyear; no dan crédito a lo que está sucediendo. A pesar de tener su rudimentario programa S.E.T.I. (quizás homenaje a Zemekis) de búsqueda de vida inteligente fuera del planeta, convencidos hasta sus puntiagudas y verdes orejas que su universo pre-copernicano posee un tamaño de 500 kilómetros y 1.000 estrellas flipan en al menos 32 millones de colores al conocer al humano. Cuando el supuesto alienígena (más americano que la Estatua de la Libertad y el Big King XXL) pisa el planeta no tiene reparos en tararear la música de fondo de 2001 emocionado; me comunica mi chivato celestial que se tiene constancia que Clarke y Kubrick se troncharon desde allá arribota al ver esa escena.

El guirigay que se origina a continuación tiene como protagonistas, desde el lado terrestre del cuadrilátero al intrépido astronauta y a su fiel escudero sideral-un Sancho Panza estelar, un rover llamado Robert- que podría ser Wall-E, pero también un R2-D2 tuneado o sus padres cinematográficos, cualquiera de los entrañables robotijos de Naves Misteriosas; en todo caso de un tamaño más manejable que su tatarabuelo Robby, del Planeta Prohibido. Jugando en casa, en la otra esquina, tenemos a una preciosa señorita ovípara, cuyos carnosos labios recuerdan a los de su propia dobladora norteamericana, Jessica Biel (aunque quizás más a los de otra heroína del celuloide, la pluscuamperfecta tocaya Alba). Ella tiene un amigo hippioso con su fregoneta Volkswagen que irradia paz y amor pero la chica no llega a ser tan rebelde como Barbra Streisand en Tal como éramos. Le ronda un atolondrado jovenzuelo verdoso pues ella le pone lo de abajo arriba y lo de arriba abajo. Como alter-ego del rover Robert-que mea aceite- tenemos a un fantástico perrito con cabeza de alien, nada evil como su primo de zumosol, pues rebosa bondad aunque (éste) mea ácido, jodiendo las farolas allá donde va. Ah, que no se me olvide: y Jack Nicholson o Gene Hackman (elijan ustedes, alguien que cuando se pone marcial no hay quien le chiste) se pixelaron para encarnar al general malo malísimo que persigue sin tregua a nuestro héroe terrestre, o a uno de los dos actores me recordaba el pollo de uniforme lleno de galones y bastante cabroncete.

Los guiños cinematográficos se prodigan velocidades próximas a la de la luz; se extienden no sólo a la serie B sino a todo el abecedario, por lo que hay que estar muy muy atento para pillarlos todos en un divertido juego para toda la familia, para el niño y la niña: seguro que se me escaparon un montón.  Todo quizás comience cuando la señal que llega a los aparatos de radio del Planeta 51 empieza a fluctuar, avisando que algo sobrenatural está a punto de suceder, y sino que se lo digan a Richard Dreyfuss en Encuentros en la tercera fase: en Planeta 51 City tienen un problema, sin duda, porque el terror vendrá del espacio exteriory podría originar una Guerra de los mundos. Una invasión que se producirá no por una Mujer de 50 pies, ni de un Joda de mil años, sino de un humano Elegido para la gloria. Pero al final, tras persecuciones vertiginosas incluso en bicicleta, tras incluso Cantar bajo la lluvia de piedras tipo Gene Kelly, tras creerse infectados por un virus alienígena que posee su cuerpo, la cosa al final no se queda ni en un Mars Attack de coña, ni eso, porque nuestro Buzz Lightyear tuneado y repixelado es muy fanfarrón, más chulito que un ocho tumbado… pero buena gente. El bombardeo audiovisual por tierra, mar, aire y espacio es despiadado y los cinco sentidos deben estar alerta para correlacionar en nanosegundos la iconografía cinematográfica de Planeta 51 con la nuestra, con una Marilin ToMorrow verdosilla pero igual de sexi a la que también se le levantan las faldas (o la Tentación vive MUY arriba),  la ventosa en la frente del prota con Toy Story,  las gafas destroyer y el “Sayonara baby” del cyborg más famoso de la historia del cine y si incluso uno tiene el oído (y la memoria) muy finos puede correlacionar el sonido del los coches ingrávidos (allí casi todo lo es) del Planeta 51 con el de las cuadrigas atómicas de Star Wars Episodio I, aunque esto ya es para nota (o paranoia mía), y…bufff…y mucho, mucho más: el ejercicio es tan agotador como gratificante, se lo aseguro…

Quizás sea todo esto una excusa para su re-visionado de la movie, que no me importaría pues está plagada de millones de detalles/segundo (¿o eran polígonos?) imposibles de asimilar. Por eso recomiendo estar muy muy atentos: tómense un café cargadito o algo y no pestañeen durante 91 minutos. Of course, reto a los valientes con buena memoria que plasmen en los comentarios de esta crítica más guiños cinematográficos que a un servidor se le hayan colado…que serán unos cuantos.

Como han podido comprobar no he entrado a valorar en ningún momento el guión de la película, pues hoy se me antoja ejercicio tan evitable como subjetivo, y no me apetece compararla con otras producciones anteriores porque considero que Planet 51 es, sencillamente, otra cosa: véanla y decidan por sí mismos. Sólo puedo afirmar me he partido de risa como el niño que soy, como el niño que fui y que me ha entretenido mucho.

Termino diciendo que todo lo anterior expuesto no es más que la punta del iceberg (o de la nave comandada por Charles T. Baker). Ese astronauta dio un pequeño paso para un hombre, pero un gran salto-no sé si para la humanidad- pero sin duda enorme para la industria de la animación española. Por favor, animémosles a dar muchos más saltos, pues sus creadores constituyen un oasis de talento en medio de un desierto de mediocridad. Lo dicho: ¡olé!

(c), 2010 Raymond Gali.

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