Mar 292011
 

ENTREVISTA A UN ROBOT UN INTELIGENTE: “ES USTED UN ELECTRODOMÉSTICO DE LO MÁS REPELENTE”     

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Leeds, Inglaterra, UE , 9 de Abril de 2.051

Hace frío en Leeds, Inglaterra. El aerotaxi nos deja en la verja de una especie de villa victoriana, al noroeste de la ciudad; la enorme casa solariega es propiedad de la Claymstrom Corporation y está ubicada a escasos kilómetros de su cuartel general. Habríamos tardado poco más si el trayecto desde el espaciopuerto lo llegamos a cubrir por tierra; la ciudad industrial del condado metropolitano de Yorkshire Occidental es sinónimo de comunicaciones, paradigma de la intersección, encrucijada de caminos como una Constantinopla
del siglo XXI. Más allá de la villa contemplamos que se extienden campos agrícolas hasta donde alcanza la vista. ¿Es Leeds, con su corazón dividido entre industrial y agrario, metáfora del personaje al que vamos a entrevistar, entre artificial y natural? ¿O él es la metáfora? No hace falta que nos detecte el sensor; un hombre delgado, debajo de un amplio sombrero de paja, vaqueros y jersey de lana color marfil, sale a nuestro encuentro y nos abre la puerta. Una curiosidad: Nos han advertido que debemos evitar que nos pise. Su engañoso y estilizado aspecto oculta sus más de cien kilogramos de peso.

-Buenas tardes, señorita Guinizelli-Comenta mirándome. Luego, sin apartar sus pupilas de mí infiere: ¿O prefiere que la llame Violeta?-Nuestro anfitrión posee una entonación perfecta y voz firme, aunque rasgada, quizás entre barítono y el legendario Rod Stewart. No es ni guapo ni feo, ni todo lo contrario, aunque sí de rasgos equilibrados; en cualquier caso y al igual que en la rueda de prensa, nos ha desarmado con sus modales exquisitos.

-Violeta, por favor, antes pizpireta, ahora provoleta, porque todavía no le he dado la mano y ya me he derretido, cual queso fundido. Alguien de la redacción tenía que venir y gané yo.-Entonces nos la tiende y notamos algo que, estúpidamente, nos produce una pequeña decepción: su textura, su rugosidad y elasticidad es idéntica a la de un ser humano pero no así su temperatura; es tan gélida como el entorno. Él se da cuenta de nuestro respingo, sonríe y nos hace pasar a la casa. El café que nos prepara está hirviendo, como para compensar.

TFSabemos qué es consciente de la trascendencia de esta entrevista.-Decidimos llamarle de “usted”: nos sentimos de esa manera más cómodos al pensar así que entrevistamos a “alguien”.-Gracias por su tiempo, señor Copérnico.

COPÉRNICO: Estoy encantado de estar con ustedes. Adjetiva con la palabra “trascendente”, por lo insólito, supongo. Julio Cortazar escribía cuentos impregnados de dicha característica en los que el tiempo se detenía, la acción se ralentizaba. Nosotros disponemos de todo el que precisen, como en los relatos del autor argentino, durante el cual podrán hacer del detalle más nimio categoría, de la categoría microcosmos, si lo quieren. Hoy no miremos el reloj, si les parece, dividiéndolo absurdamente en fracciones, ilusamente más asibles que el todo sin desbravar.

TF: De acuerdo. No pongamos más límites que las necesidades biológicas de mi compañero y de mí. Por cierto, cuando nos acercábamos aquí, al ver la dualidad que encierra Leeds, pensamos…

COPÉRNICO:…prefiero que me llamen “metáfora” a “electrodoméstico”, se lo aseguro…-Comenta en un golpe de efecto que nos sorprende. Su capacidad de deducción lógica está bien engrasada, sin duda.-Pero, puestos a elegir me inclino más a que me confundan con un electrodoméstico a que lo hagan con un humano, contradiciendo así lo que reza mi aspecto. No soy un ser humano y no tengo vocación de impostor. Ustedes me crearon a su imagen y semejanza, nada más.-Tras la bíblica frase vuelve a sonreírnos: imposible saber lo que piensa. Siglos de psicología hoy no nos valen de nada, salvo que lo que tengamos delante sea mentalmente un reflejo de sus creadores, extremo que nos acaba de negar. Decidimos entonces actuar por instinto y olvidarnos de las preguntas escritas. En peores nos hemos visto…bueno, no, pero nos hacemos la ilusión.

FT: ¿Por qué, entonces, forma humana? ¿Por qué usted no es una enorme esfera con doce tentáculos? Y ya puestos, ¿por qué no se halla ese agudo cerebro dentro de unas curvas de mujer?

COPÉRNICO: Bien. Por orden: Los seres humanos han amoldado el Mundo a su antropometría. Esa taza que sostiene tiene un asa cuya abertura máxima es de 5,5 centímetros, que le permite a cualquier persona normal asirla cómodamente con dos o tres dedos. Puedo manejar todo tipo de herramientas o tocar el piano, ponerme una camisa talla standard o subir/bajar los mismos peldaños que ustedes. Una esfera enorme no pasa por las puertas ni estaría bien vista, caso de poder entrar, en una biblioteca pública o en un avión. Se trata de que posea un aspecto que, al tiempo, me sea lo más útil posible para cumplir mi misión y éste no represente una amenaza psicológica a los que me rodean. Si un extraterrestre quisiera camuflarse entre nosotros, al tiempo que acceder hasta el último rincón de su civilización, calzaría zapatos y se peinaría por la mañana. En segundo lugar le diré que el hecho que parezca un hombre no tiene la mínima connotación sexista: La Claymstrom Corporation decidió aleatoriamente, al azar, el “sexo” de la primera unidad de mi serie. En primicia le diré que mi “hermana” Gabriela X estará lista para mediados de Diciembre.

TF: ¿Gabriela? ¿Es por la Nóbel chilena Gabriela Mistral? Cuando dice lista, preparada, entendemos que su “software” necesita un periodo de aprendizaje, según nos informó la neuropsiquiatra de la compañía, Kumi Kaioto. ¿Cuánto tiempo necesito su cerebro para aprender que el mar moja, a distinguir entre los tres “Armstrongs” más célebres, a mover su centro de gravedad los días de viento o a dorar la píldora a una mujer? ¿Existieron Copernico I, II,…hasta llegar a usted?

COPÉRNICO: Es usted fémina versada y astuta, Violeta. Descartó al instante a Gabriela de Saboya, antigua reina de España, por pertenecer al ámbito político y no científico-cultural. Sí, mi compañera llevará el seudónimo de la poetisa y diplomática austral.-Nos contesta dorándonos la píldora, demostrándonos así su fino sentido del humor.-Respecto a mi aprendizaje le aseguro que fue largo. Sí existieron esas versiones pero sólo cautivas dentro de un ordenador, no como entes físicos. Cada salto numérico representó otro cualitativo a nivel intelectual. Desde que tengo conciencia del yo han transcurrido, quince años, tres meses y doce días pero, al parecer, desde que se concibieron mis matrices neuronales/cuánticas, ocho años más…

TF:…lo primero suena a condena. Condenado a existir y tener conciencia de ello.

COPÉRNICO: En absoluto. Le aseguro que estoy encantado. Lo que pasa que, por aquel entonces, mis fundamentos intelectuales era muy rudimentarios, mi mente equivalente a la de un escarabajo pelotero lobotomizado

TF:…pues damos fe que su aprendizaje, aunque lento, ha sido efectivo y de artrópodo psicocapado ha pasado usted a parecer el Hanibbal Lecter de las máquinas, pero en bueno. Además, no le veo yo rodando bolas de excremento por este salón tan bonito; le veo dotado de funciones para objetivos más elevados.-Entonces, en un nuevo golpe de efecto, Copérnico X se levanta del sillón en silencio y se sienta detrás de un enorme piano de cola que preside su salón. Acto seguido nos dedica un fragmento de una pieza de enorme belleza con claros tintes románticos. El bioandroide, tras la demostración, vuelve a su puesto y nos sonríe…-Le advierto que si lo ha hecho para impresionarnos…¡lo ha conseguido! ¿Franz Liszt? ¿Joseph Haydn?

COPÉRNICO: Casi. Quinteto en la mayor para piano, opus 114, de Franz Schubert. No quiero que crea que soy pretencioso, simplemente le muestro algunas de mis capacidades: Órdenes de arriba-matiza como para terminar de justificarse- Antes citó a Lecter ¿Se refiere al asesino caníbal cinematográfico considerado el más inteligente de la historia del celuloide? Ja ja ja. Puestos a parecer H/Anibal, sinceramente prefiero al general cartaginés; más épico, gran estratega y menos maquiavélico…

TF:Como que no le veo, al igual que detrás de una bolita de caca, en las guerras púnicas, detrás de Escipión. Bueno, tras el paréntesis hilarante pasemos a asuntos más pragmáticos: Descríbame un día cualquiera de su “vida”, si es tan amable.

COPÉRNICO: Vaya, con lo que me estaba divirtiendo, ja ja ja. Broma. Le contesto: Mis jornadas jamás se repiten pero le haré un popurrí de las de la semana pasada, por ejemplo, fusionándolas en uno sola, para que sus lectores se puedan hacer una idea muy aproximada. Mi actividad diurna comienza a las 3:00 a.m, aunque curiosamente no haya salido el sol. A esa hora leo mi correo con el plan del día que me propone la Compañía. Escriba “leo” entre comillas, si es tan amable. Casi siempre tengo que viajar para impartir una conferencia o tengo entrevistas como esta, aunque no siempre tan agradables, por supuesto…

TF: Por supuesto.

COPÉRNICO: Antes de partir en el aeromóvil que me envía la compañía hasta el espaciopuerto, normalmente dispongo de dos horas que dedico a prepararme mis visitas, imprimir documentos si es preciso, analizar memorandums, etcetera y, por otro lado, disponer mi ropa y adecentar la casa. En ese tiempo a veces tengo alguna videollamada, normalmente de la Claymstrom, donde me matizan el planning si es necesario. Uso los trayectos para seguir aprendiendo, por un lado cultura humana…

TF:..en el más amplio sentido de la expresión, suponemos…

COPÉRNICO: Supone bien: En el más amplísimo sentido. Esta mañana repasaba la cría de camellos, desde el siglo IV antes de Cristo, en la actual Dubai, y sus repercusiones socio-económicas… y si me resta tiempo, después de la entrevista, practicaré sobre pergamino letras capitales, de la época merovingia, con motivos zoomorfos.

TF: Que divertido…

COPÉRNICO: Pues para mí lo es. Me reconforta asimilar conocimiento, aunque lo que no tiene precio es interrelacionarlo. Le decía que, además de los datos culturales, puros y duros, estudio las costumbres humanas, su psicología, su interacción con sus semejantes y con el medio. Ahí sí que las posibilidades matemáticas se disparan. Son ustedes fascinantes.

TF: Gracias, por el cumplido genérico. Comprobamos que en ese campo también es un buen alumno. Siga contándome “su” día.

COPÉRNICO: En los trayectos y en mis encuentros en Universidades y colegios, instituciones y organismos oficiales, hoteles, congresos, etcétera, paso casi todo el día. A veces paso la noche fuera, aunque le reconozco que ello no me agrada demasiado. Cuando vuelvo a esta casa, la que considero mi hogar, dedico varias horas a realizar tareas de mantenimiento bio-hard-soft. No me pida que les especifique demasiado sobre lo primero, por favor. Lo digo por delicadeza hacia su estomago. Ya me han comentado varias veces que no es muy agradable para ustedes, por ejemplo, mis “tejemanejes” con el colágeno que me recubre.

TF: No se preocupe: Otro día si quiere nos intercambiamos secretos de belleza, depilación y mascarillas de aguacate.

COPÉRNICO: Ah, eso último no me lo sabía, lo de emplear lauráceas para el cuidado higiénico-estético.

TF: No sabe lo que me alegro. ¿Lee usted? ¿Libros, me refiero? Lo digo porque veo que tiene aquí una extensa biblioteca. ¿Es de esas que se compran por metros y colores?

COPÉRNICO: Ja ja ja. No, no son de atrezo. Esos lomos están rellenos de páginas y éstas de palabras, se lo aseguro. Respecto a su pregunta le diré que no suelo leer de forma física, tal y como ustedes entienden el concepto. Tengo un acceso directo y permanente a la Red Universal, nutriéndome copiosamente de ella. Lo que ocurre que, a veces, debo contrastar algún dato y lo hago a la vieja usanza.

TF: Ajá. Hablemos ahora de lo que le diferencia de nosotros. Perdone la tontería pero evidentemente usted ni come ni bebe. ¿Verdad?

COPÉRNICO: Evidentemente. Si me metiera algo en la boca y lo masticara no sabría ni tragarlo…

TF: Pues no sabe lo que se pierde…

COPÉRNICO: Eso me han dicho. Al parecer el dios Omacahtl de la mitología azteca, que simbolizaba el júbilo y el espíritu festivo, permanece todavía muy ligado a su aporte energético y vitamínico diario. Le informo de mi técnica para elegir ese comentario: Iba a usar a Baco ó Dionisio pero, al parecer, las mitologías griega y romana ya están muy trilladas.

TF: Gracias por el dato. ¿Si comiera o bebiera por accidente, saldrían chispas de usted, como en las antiguas películas de ciencia-ficción? De ese modo alguien a quién no le cayera demasiado bien podría usar contra usted un bacalao a la vizcaína y un Ribera del Duero en vez de una pistola o un cuchillo.

COPÉRNICO: Ja ja ja. No: mis creadores ya previeron esa eventualidad y más allá de mi campanilla dispongo de un pequeño compartimiento estanco. Ellos me cuidan, no crea usted. Soy un juguetito muy caro.

TF: ¿Cuán…?

COPÉRNICO: Estoy seguro que usted, Violeta, y sus superiores de la fabulosa revista en la que trabaja, entenderán que me guarde ese dato. Digamos que cuesto más que un aeromóvil de lujo pero menos que el P.I.B de Nigeria. El sueño de la Claymstrom es, precisamente, disminuir mis costes de producción cuando se produzca un aumento en la demanda. El problema es que mi cerebro no puede introducirse en una cadena de producción, al menos de momento. El trabajo, casi artesanal, de mis programadores se asemeja más al de un antiguo orfebre que a cualquier cosa que suene a Revolución Industrial.

TF: Le aseguro que es usted el huevo de Favergé con los ojos más expresivos que he visto nunca. Supongo que tendremos que conformarnos con ese dato tan preciso que me ha dado. ¿Le programaron para captar la ironía? Dígame, al menos, por qué cifra ha firmado la Claymstrom su seguro con la LLoyd’s londinense. ¿Puede usted mentir? Como diría el gran Groucho, conteste primero a la segunda pregunta.

COPÉRNICO: No puedo mentir, explícitamente, salvo si es absolutamente preciso para salvar una vida humana. Así lo expresé en la rueda de prensa de mi presentación. Estoy pensando en mi faceta de mediador en secuestros. Sí, sí puedo captar la ironía o antífrasis, figura retórica usada sabiamente por el novelista Oscar Wilde, entre otros, y por lo que compruebo también por usted.

TF: Veo que mentir no, pero puede omitir la verdad como la segunda cifra que le pido…

COPÉRNICO: Trataba de usar la técnica del olvido, para no tener que negarle información de forma tan reiterada, pero veo que no se le escapa una. No me está permitido tampoco darle ese dato pero se lo cambio por otro dato que no me ha preguntado y que le puede resultar curioso: No tengo sexo y, por lo tanto, no puedo mantener relaciones de esa índole. Esta vez también le voy a explicitar mi técnica que, sin duda ya ha captado gracias a su gran perspicacia: Al parecer, derivar la atención hacia un tema de gran interés, puede ser eficaz en algunos casos…

TF: Derivación arropada, además, de altas dosis de adulación… Cuan frágiles y orgullosos somos los seres humanos. ¿Tan facilotes somos?

COPÉRNICO: Bueno, puede que tenga razón en lo primero, pero tampoco debo mostrarle todas mis cartas, entiéndalo. Respecto a su simplicidad niego categóricamente la mayor. A su lado yo tengo la complejidad que encierra la tecnología que hay en un cubo. Siento, de veras, no poder responder el 100% de sus cuestiones.

TF: No se preocupe, me hago cargo, aunque mi obligación es intentarlo: Me pagan para sonsacarle. Antes citó esa posibilidad de arriesgar su vida negociando con niños malos. ¿Puede sentir algo parecido al miedo?

COPÉRNICO: No. Evidentemente, en mi matriz de instrucciones de bajo nivel residen, bien remarcadas, directrices de autoprotección y conservación. Ello, evidentemente, me podrían conducir a dilemas complejos, aunque tengo claro que debo preservar la vida humana por encima de cualquier disquisición. Le reconozco que me produce cierto alivio ser un modelo comercial de exhibición y espero no verme nunca en la tesitura de, o tener que evitar que una niña se parta una pierna o mi propia destrucción. No obstante, es claro para mí, que tendería a preservar la integridad de la niña.

TF: Preservar la integridad humana y la propia. Se ha saltado la segunda ley robótica de Isaac Asimov: Un robot debe siempre obedecer a un ser humano siempre y cuando esto no entre en conflicto con la primera ley (Jamás dañar a un humano).

COPÉRNICO: Bien, es un tema interesante. No, mis creadores obviaron la segunda ley, y perdone el retruécano, por motivos obvios. No puedo obedecer a los humanos, más los que me crearon, puesto que voy a recorrer el mundo e interactuar con miles de ellos. Imagine el caos que sería, en medio de una conferencia, que un asistente me pidiera que le fuera a comprar un amplificador telepático y otro lo contrario, que siguiera hablando. Admito que el complejo problema con el que me encuentro, a diario, es no dañar a ningún humano…¡psicológicamente! En conseguirlo empleo una fracción importante de mis recursos neuronales/cuánticos.

TF: Aja, complejo. Si le sirve de consuelo, a nosotros nos pasa lo mismo. La verdad es que me ha puesto en bandeja una de las últimas preguntas que tenia preparadas. Hasta ahora he improvisado pero como no le formule esta mi jefe, el señor Galán, me enarcará su ceja de incomodar al personal, como solo él sabe hacer. Habiendo descartado temores genéricos uno muy concreto: ¿Tiene usted, Copérnico X, miedo a la muerte?

COPÉRNICO: Ahora es cuando yo debo decir: “Me alegro que me haga esa pregunta, Violeta”. Me alegro que me haga esa pregunta, Violeta. La respuesta es NO. Cada diez segundos la compañía hace una copia de seguridad de todo mi sistema y reparte, a la velocidad de la luz, dicha información en tres servidores muy distantes entre sí, uno en la Colonias Exteriores, por cierto. Si ahora mismo cayera un misil en esta casa, ellos me reconstruirían, acordándose mi nuevo “yo” hasta de su mención de su jefe, el circunflejo señor Galán. La echaría de menos, eso sí. Lo digo de veras. Me dotaron de esa capacidad.

TF: Es un gran detalle, el suyo. Acaba de echar por tierra la cita de Antonio Machado: “No debemos de temer a la muerte, porque cuando nosotros somos, la muerte no es, y cuando la muerte es, nosotros no somos.” Así, con “backups”, cualquiera. Para terminar una última cuestión y una petición. En la pregunta quizá me delate como organismo XX y es, a nivel genérico, en la misma dirección que la anterior sobre el miedo. ¿Sentimientos?

COPÉRNICO: ¿Alegría? ¿Tristeza? ¿Amor? Me temo que mi respuesta vuelve a ser negativa, señorita Violeta. En mi parte físico-cuántica definitivamente no. En mi parte biológica, cualquier conato, por ejemplo, a nivel de endorfinas, es rápidamente controlado por mi otra mitad. Por definición control es, en algún aspecto, antónimo de sentimiento. Creo que es mejor así. Un robot emocional biónico podría ser un organismo incontrolado y eso, se lo aseguro, tiene muy mala prensa. Como sabe la Claymstrom Corporation es una empresa que reviste carácter mercantil, es decir, que tiene ánimo de lucro y no se lo oculta a nadie. No le niego que en el futuro algún pariente remoto mío lea a William Shakespeare y se sienta totalmente identificado con las pasiones de sus personajes. Pero no ahora.

TF: Bien, bien. No me pregunte por qué pero su respuesta me reconforta. Quizá porque pienso que, al margen que ustedes estén preparados para vivir emocionalmente en esta sociedad, seguro que esta sociedad no está preparada para vivir entre biomáquinas con corazón. Seguro. Bueno…-nos levantamos y estrechamos de nuevo la mano fría de Copérnico-Estoy autorizada para realizarle una proposición deshonesta aunque vertical…

COPÉRNICO: Vaya…ja ja ja.

TF-La publicación en la que trabajo se ha interesado mucho tanto en sus innegables dotes lingüísticas y su elocuencia, así como en su asombrosa capacidad de análisis e interrelación.
Teniendo en cuenta que a usted no le costaría más de 0,6 segundos escribir un artículo del tamaño de esta entrevista, ¿se atrevería Copérnico X a escribir en nuestra revista T
iempos Futuros? Podría aportar una perspectiva de excepción a los acontecimientos científico-tecnológicos de nuestro tiempo. Sería un honor convertirnos en la primera revista que publicara artículos de un no-humano. Entendemos que tendrá que consultarlo a sus creadores y…

COPÉRNICO:…Disculpe que le interrumpa-y mientras nos acompaña a la puerta el bioandroide extrae de un cajón un documento sellado con el blasón de la Compañía, firmado por directora general de la compañía, Soraya Arroyo.-Deduje su petición y hablé ya con ellos. Si fuera tan amable me gustaría que se lo entregara en mano a su jefe, el señor Galán Pozuelo: Son las condiciones de mi contrato. Le adelanto que sería un honor colaborar con ustedes.

TF: Como no tiene la capacidad de ofenderse, con todo el cariño le diré: Es usted un electrodoméstico de lo más repelente.

Copérnico se limita a sonreír en silencio.

(c), 2006 Ramón Galí. Artículo original cedido por la revista Tiempos Futuros Future Times
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