Abr 232010
 
2001: UNA ODISEA DEL ESPACIO. CUANDO A HAL 9000 SE LE INFLARON LOS CIRTUITOS (English version)

“…ya sé que no me he portado muy bien.

Tengo miedo, Dave…”

HAL 9000

Un leopardo yace sobre una cebra muerta en un punto indeterminado de África Oriental, hace varios millones de años. Al felino le refulgen los ojos, como si encarnara al mismísimo lucifer, en una estampa que parece salida del “Nacional Geographic”… Unos australopithecus afarensis de tristes ojos se arrejuntan para atemperar el frío más gélido que se puede sentir, el de la Noche de los Tiempos. Ellos no lo saben pero son los primeros ejemplares que salen de la cinta transportadora de la inteligencia humana, por eso sienten miedo… Un fémur, la primera herramienta, se transforma en una nave espacial. Han transcurrido millones de años: La materia inerme ha sustituido a lo biológico en la acción… ¿controla el Hombre las propias herramientas que ha construido con su inteligencia?

La lanzadera donde viaja el eficaz Heywood Floyd danza con la estación orbital al ritmo de Strauss, ¿me concede este baile? La enorme rueda que gira para generar gravedad artificial es un enorme vestido, el salón, el cosmos…La cúpula, prodigio de la arquitectura espacial, abre sus ocho enormes gajos y lo hace como los de una colosal flor, para que penetre la esférica nave, cual insecto polinizador. La escena podría constituir en si misma el salto en el tiempo de la humanidad, ¿Quizás desde la estática cúpula que concibió Filippo Brunelleschi, para la catedral de Florencia, en el siglo XV? Quizás no.

Uno no se puede morir sin leer “El rey Lear” de William Shakespeare, escuchar el “Concierto para Clarinete” de Mozart o experimentar la inquietante psicodelia visual y sonora del “2001” de Stanley Kubrick. Adoración o indignación, nada de medias tintas. Además, antes de dejar este mundo uno debería repetir la experiencia para descifrar las incógnitas que quedaron tras el primer visionado. “Hubiera fracasado” si el espectador hubiera asimilado el film a la primera, confesó su autor. “Sois libres de especular acerca del significado filosófico y alegórico de 2001″ añadió, ensanchando hasta el infinito los límites interpretativos del arte, convirtiendo a éstos en algo plástico, maleable, sujetos al relativismo. Ojo, porque estamos ante una obra descomunal, sin parangón, prodigio visual, sonoro y argumental, deleite sublime de los sentidos, poesía cinematográfica que fue concebida por uno de esos tándems-Clarke/Kubrick-irrepetibles, donde tanta genialidad nos supera. La perfección en el 7º arte nadie la conoce, por definición, pero debe parecerse mucho a este film.

El riesgo del crítico al abordar una obra universal es claro: ya se ha dicho ó escrito prácticamente todo del objeto de su crítica. No obstante intentaremos torear este morlaco sin caer ni el tópico ni en la idolatría; mastodonte cinematográfico que, por cierto, en este caso encierra su propia efigie adorativa, el monolito de origen extraterrestre datado en cuatro millones de años. Todo orbita alrededor de él, desde los primeros homínidos, pendientes de su socialización ¿miedo al extranjero?, pasando por Floyd, hasta terminar gravitando cerca el bueno de Dave Bowman, el mítico astronauta que se enfrentó a HAL 9000, venciéndole. El monolito es rotundo, demoledor desde su hieratismo, orgulloso incluso; castiga la frivolidad humana con un agudo pitido cuando en la base lunar “Clavius” se quieren retratar con él los hombres, como si fuera un enorme atún del Pacífico de 700 kilogramos. El negro poliedro representa lo irrepresentable, en hábil iconoclasia de los autores, la inteligencia extraterrestre. Por ser lo que es observa a la humanidad con cierta objetividad, supervisando los diferentes estadios de la evolución humana, divididos en tres actos, como un drama de Sófocles.

La cinta es un valiente salto al vacío del director, ¿cine experimental?, que en verdad tiene absolutamente todo tan controlado y monitorizado como tiene H(I)A(B)L(M) la nave “Discovery” rumbo a Júpiter; cada fotograma es una instantánea perfecta, su lenguaje visual tiene vocación de universal. Hablamos de HAL 9000, el cerebro artificial mas avanzado existente. Éste es el segundo hilo conductor de la historia, además del enigmático monolito, que se entrecruza con el primero más o menos entre la órbita de Ganímedes y la de Calixto, lunas jovianas. La máquina se autodefine como un prodigio de exactitud y perfección y tiene una gemela en la Tierra. La máquina observa que los hombres son seres frágiles y falibles (“…lo siento, jaque mate…”) ¿Qué es lo que la hace enloquecer? ¿el misterioso monolito? ¿enloquece en verdad o tan sólo considera prescindible al eslabón más débil de la cadena evolutiva? La novela de Clarke complementa a la película de Kubrick y viceversa. Vean la película. Lean el libro. Hilen después, valientes, …si pueden. El caso es que a la computadora, de un momento para otro, le sobra un tornillo, justo el que le faltaba para ser humana, es decir, mentirosa y asesina. No pestañea su enorme y convexo ojo rojo a la hora de eliminar a los hibernados, que ya yacen en su propio sarcófago. Escalofriante. Sobre todo cuando esa condición humana queda enmarcada en sus expresiones, además de en sus actos: “Honradamente…” “Eso es algo que yo no puedo permitir que suceda (su desconexión)” “Tengo miedo, Dave”. Dicha condición humana llega a la apoteosis en uno de los momentos más gloriosos de la historia del cine, según nuestra humilde perspectiva: En el momento que David Bowman lo está desconectando, el ordenador experimenta una regresión infantil, como un enfermo de Alzehimer, y se pone a cantar “Daisy”. Sublime.

El manejo del tempo, del ritmo narrativo, es revolucionario, rompedor, y a un millón de espectadores logra exasperar, acostumbrados a otro sistema de coordenadas. Otro millón cae en la red cronológica, abducido por los silencios más atronadores de la historia del cine, los del espacio exterior, que se desarrollan en singular oxímoron, donde el vació más absoluto provoca una tormenta de sensaciones en nuestra mente. Hay momentos en los que la acción se desarrolla casi en tiempo real y queda así brillantemente subrayada, confiriéndole un realismo total, por los espacios en blanco intermedios. Sin todavía la tecnología para generar efectos por ordenador, la película es fruto de la más concienzuda artesanía cinematográfica, en buena medida gracias al genial maquetista Douglas Trumbull; su creador tuvo que ir inventando/usando sobre la marcha la novedosa tecnología óptica necesaria para rodar tan particulares escenas, por ejemplo, una lente con forma de paraboloide hiperbólico, para rodar con un ángulo total, es decir, de 360º. Que cosas. Y los hermanos Lumiere con la escenita del tren; bueno, es que esos 73 años cundieron, cundieron.

Ante el espectáculo grandioso en estado puro, ante la puesta en escena soberbia que constituye la “Odisea” de Kubrick, cabe preguntarse si Nietzsche al verla pensaría que “así hablaría Zarathustra” o, sin embargo, tanto él como el filósofo persa pondrían un pleito al director británico por la alusión herética, tan alejada de su pensar. Eso sí, parece verosímil que ambos alucinaran como espectadores con la catarata psicodélica que experimenta el astronauta Bowman, que quizá reflejaba los delirios psicotrópicos de la Europa de finales de los 60 del siglo XX. ¿Se puso hasta arriba de cannabis el bueno de Dave cuando HAL no podía verle? ¿Salieron los espectadores del cine con cara de haber fumado de todo? Bueno, es lo que tiene viajar a través de la puerta cósmica que constituye el gran monolito, que conduce hasta el fin del universo. Si no quieres flipar no viajes. Si no quieres “viajar” no flipes… con el monolito. Si finalmente decides hacerlo terminas en una habitación estilo “Luis XVI” (¿un universo paralelo?) contemplándote a ti mismo en diferentes momentos de tu vida, (¿está el ser humano preparado para asumir su propia muerte?) para terminar por el principio, con un renacer (¿un nuevo salto evolutivo?), quizá significando lo cíclico que es la vida, el universo. Quizá no. Gracias Kubrick por esta libertad.

Para concluir algunas reflexiones rápidas: Uno, que nadie nunca tenga el brillante pensamiento de realizar un remake de 2001. Probablemente sería la idea más estúpida de la historia de la humanidad. Dos, que la obra sirva de referente a los “artistas” que crean por encargo, a matacaballo, sin destilar el producto final. La “O/odisea” del director para filmar la idem duró cuatro años. Un respeto sagrado al espectador. Tres, que muchos genios de la cámara ulteriores admitieron que la obra “kubrickiana” fue piedra angular básica para, sobre ella, edificar sus obras. Les honra el reconocimiento, por otro lado, evidente. “2001” constituyó un salto evolutivo de la ciencia-ficción en el cine, en el que las aletas mutaron bruscamente convirtiéndose en patas, con las que el género dio un salto a tierra definitivo. Y cuatro, que las relaciones hombre-máquina, en la que abunda el libro y orla la película, son cuestiones clarividentes que pronosticaron los autores y que marcarán todo el siglo XXI y posteriores.


Fundido en negro. Réquiem del compositor austríaco Gyorgy Ligeti, de fondo.

(c), 2010 Ramón Galí. Crítica cinematográfica cedida por la revista Tiempos Futuros Future Times.
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GRACIAS POR TUS COMENTARIOS

  6 Responses to “2001: Una odisea del espacio. Cuando a Hal 9000 se le inflaron los circuitos.”

  1. Toni,

    Gracias por tu nuevo comentario. Entiendo perfectamente lo que dices: la memoria es mentirosa. Además, si tuviera que comparar las que se supone son las dos obras maestras del cine de CF (siendo ultradiferentes), simplificando mucho diría que Blade Runner es ‘redonda’ y 2001 no.

    Yo la vi hace poco en versión original y en pantalla gorda (y home cinema) y sí que flipé. Como recordaba más larga la escena psicotrópica todavía se me hizo corta, jjaaja (creo que son 7 u 8 minutos, que ya le vale al Kubrick).
    En fin, una obra única e irregular con momentos brillantísimos y otros más cuestionables.

    Un abrazo.

  2. Ramón, esta noche pasada volví a visionar 2001. Tenia pensado comprarla con el suplemento del País el próximo sábado por 1€ pero justo por azar me la encontré en un canal local.
    Tuve sensaciones encontradas y me quedó una sensación agridulce. Disfruté especialmente con la parte de la película del trayecto de la nave hacia Júpiter y encontré un poco pesada la etapa previa con la música de Straus como hilo conductor y una alucinada propia de un viaje de LSD la parte final después de la desconexión de HAL.
    Un ejemplo más de como los seres humanos tendemos a dulcificar los recuerdos !!!!!

    Un abrazo

  3. Toni,

    Muchas gracias como siempre por tus comentarios y lisonjas. La situación que describes de Pumares me la perdí, y bien rabia me da, porque tuvo que ser graciosísima. Si re-visionas 2001 te recomiendo que la veas en condiciones, en pantalla lo más grande posible y con el mejor sonido que puedas, es crucial. Yo hace un eón leí 2001 y 2010, Odisea dos y flipé en casi tantos colores como salen en la peli. La película de esta segunda parte que cito juega en otra división pero vista de forma aislada, no está nada mal.

    Otro abrazo para ti.

  4. Ramón, ha sido un placer leer tu crítica !!!
    La verdad es que aun recuerdo las explicaciones de Carlos Pumares sobre el monolito y el recurrente cachodeo de su audiencia durante años, jajajaja.
    Lo que te puedo decir es que leyéndote me ha cogido mono de volver a ver 2001 y quitarme el sombrero delante de un genio como es Arthur C. Clarke.

    Un abrazo

  5. José Alfonso,

    Mis “zenkius” como siempre por tu comentario. Es cierto lo que dices: Kubrick es un artesano genial del celuloide, primando lo cualitativo y abordando muy diferentes géneros; a mi humilde entender son señas inequívocas de la excelencia. Spielberg, tan criticado (y poco valorado) en sus comienzos es otro ejemplo de un tío que cosa que toca, cosa que borda. Lo que pasa es que como ellos ha habido cuatro.
    Con respecto a la comprensión de la película reconoce que aunque tú lo viste claro a millones de espectadores se les quedó cara de tonto ante esa psicodelia en marcos tan diferentes (prehistoria y el futuro). Sobre todo, el final, final (incluyendo los 10 minutos psicotrópicos) tienen su miga. En fin, qué película. Sonando a abuelo cebolleta…”ya no se hacen cosas así” 😉

    Hasta la próxima crítica, tuya o mía.

  6. Que alarde cultural chavalote! La verdad que nunca le he visto tan complicada de entender. Para mi no hace otra cosa que expresar que la historia del hombre es un ciclo que se repite de continuo. Las tres historias tienen el mismo fondo y al monolito le veo como un reflejo de su propio ego. Un director que en casi cincuenta años de carrera apenas tien diez peliculas (creo). Cada una un simbolo en su genero. SI una pelicula ‘envejece’ bien, es que tiene algo y…esta tiene mucho.

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