Mar 312010
 
PLANETA 51: VENZAMOS EL MIEDO A LO DESCONOCIDO. ARRIESGUEMOS UN POCO (LEÑE)

“Si tiene familiares abducidos marque el 2”

Planet 51

“El futuro tiene muchos nombres: para el débil es lo inalcanzable,

para el miedoso, lo desconocido. Para el valiente, la oportunidad.”

Víctor Hugo

¡Por fin San Julio Verne, San Isaac Asimov, que presiden al alimón el Paraíso Celestial de la Imaginación escucharon nuestras plegarias!: Planeta 51 es un monumento artístico a la creatividad…, y ¡es español! (sí, sí, frótense los ojos y ponga cara de tonto). También es un enorme guiño a la almibarada USA de los 50 y sobre todo un maravilloso homenaje al celuloide de todos los tiempos, en especial al de ficción, para deleite supino de los cinéfilos hasta la médula. Los mimbres que trenzan Planeta 51 poseen detrás el laboriosísimo esfuerzo de las grandes obras, el trabajo artesanal preciso para alcanzar la excelencia. Leonardo de Vinci tardó tres años en pintar la Gioconda y Gabriel García Márquez más de un lustro en ensamblar El amor en los tiempos del Cólera. Por el contrario, desconocemos si algún cineasta, cantante o escritor de postín empleó una tarde o dos en perpetrar su gran obra maestra por la que se le conoce. Soy plenamente consciente de lo que es entregar muchos años de tu vida a un proyecto artístico (y no morir en el intento, pero casi). Planet 51, es una bella rapsodia a la imaginación, cuya trastienda entre billones de píxeles esconde sangre, sudor y lágrimas. ¡Olé y olé!

Nos enfrentamos a una película de una calidad técnica exquisita, casi sin parangón, con un guión entretenidísimo que encierra una moraleja cuya vigencia no tiene fecha de caducidad: ¡venzamos el miedo a lo desconocido! ¡Venzamos, por ejemplo, al miedo que produce un astronauta español en la corte del rey Obama I!,¿Es usted más infeliz que Calimero? ¿Su vida es soberanamente aburrida? ¿Tiene vocación de Puerta de Alcalá conformándose con ver pasar el tiempo? ¿Le gustaría dejar de ser una jodida seta y sentirse más vivo? Venza ya todos esos miedos que le atenazan, despoltrónese, des-a-gi-li-pó-lle-se en una palabra desmenuzadita para su más ágil comprensión: arriesgue un poco sin tanto temor a lo que vendrá, leñe. Los creadores de esta película lo hicieron: lo desconocido, en su caso, a lo que se enfrentaban era a crear primero unos estudios de cine ad hoc, una tecnología digital propia, asumir deportivamente que tardarían una semana en conseguir cada tres segundos de filmación, introducirse en el exclusivísimo y requetevip mercado americano, asimilar que las dificultades serían enormes. “Sí, ahora. Gracias”: es que he pedido a los de posproducción que suene algo épico mientras suelto la siguiente afirmación (“La B.S.O de Gladiator está muy bien, sí”): Los creadores españoles de Planeta 51fueron valientes, vencieron ese miedo lógico/cobardica a lo desconocido, arriesgaron y ganaron; y ganaron al margen, sin duda, de los resultados obtenidos en taquilla pues el estreno de la película puede considerarse un triunfo en sí mismo. ¿Qué es fácil disparar con pólvora del rey? Ummh, al parecer esta vez no.

¡Un momento!, ¡pare, pare, PAREEE!: si no ha visto Planeta 51 tómese un merecido break en este punto y después de visitar el cine siga leyendo…u opción B: no haga ni puñetero caso y apure ahora mismo la crítica carpediem-ando, que es gerundio. Simplemente recuerde: A ó B.

Pero volvamos a ese Planeta 51; volvamos a mundo allende nosotros, a tropocientos años-luz de la Tierra, de suaves y coloridas texturas en el que los ángulos rectos son proscritos (puertas, tanques, Cádillacs, y hasta las constelaciones de su mapas celestes tienen formas curvas). Sus habitantesandanrevolucionaditos perdidos por la llegada del extraterrestre, el capitán Charles T. Baker, que dice estar en el Facebook y parece el primo segundo del bueno de Buzz Lightyear; no dan crédito a lo que está sucediendo. A pesar de tener su rudimentario programa S.E.T.I. (quizás homenaje a Zemekis) de búsqueda de vida inteligente fuera del planeta, convencidos hasta sus puntiagudas y verdes orejas que su universo pre-copernicano posee un tamaño de 500 kilómetros y 1.000 estrellas flipan en al menos 32 millones de colores al conocer al humano. Cuando el supuesto alienígena (más americano que la Estatua de la Libertad y el Big King XXL) pisa el planeta no tiene reparos en tararear la música de fondo de 2001 emocionado; me comunica mi chivato celestial que se tiene constancia que Clarke y Kubrick se troncharon desde allá arribota al ver esa escena.

El guirigay que se origina a continuación tiene como protagonistas, desde el lado terrestre del cuadrilátero al intrépido astronauta y a su fiel escudero sideral-un Sancho Panza estelar, un rover llamado Robert- que podría ser Wall-E, pero también un R2-D2 tuneado o sus padres cinematográficos, cualquiera de los entrañables robotijos de Naves Misteriosas; en todo caso de un tamaño más manejable que su tatarabuelo Robby, del Planeta Prohibido. Jugando en casa, en la otra esquina, tenemos a una preciosa señorita ovípara, cuyos carnosos labios recuerdan a los de su propia dobladora norteamericana, Jessica Biel (aunque quizás más a los de otra heroína del celuloide, la pluscuamperfecta tocaya Alba). Ella tiene un amigo hippioso con su fregoneta Volkswagen que irradia paz y amor pero la chica no llega a ser tan rebelde como Barbra Streisand en Tal como éramos. Le ronda un atolondrado jovenzuelo verdoso pues ella le pone lo de abajo arriba y lo de arriba abajo. Como alter-ego del rover Robert-que mea aceite- tenemos a un fantástico perrito con cabeza de alien, nada evil como su primo de zumosol, pues rebosa bondad aunque (éste) mea ácido, jodiendo las farolas allá donde va. Ah, que no se me olvide: y Jack Nicholson o Gene Hackman (elijan ustedes, alguien que cuando se pone marcial no hay quien le chiste) se pixelaron para encarnar al general malo malísimo que persigue sin tregua a nuestro héroe terrestre, o a uno de los dos actores me recordaba el pollo de uniforme lleno de galones y bastante cabroncete.

Los guiños cinematográficos se prodigan velocidades próximas a la de la luz; se extienden no sólo a la serie B sino a todo el abecedario, por lo que hay que estar muy muy atento para pillarlos todos en un divertido juego para toda la familia, para el niño y la niña: seguro que se me escaparon un montón.  Todo quizás comience cuando la señal que llega a los aparatos de radio del Planeta 51 empieza a fluctuar, avisando que algo sobrenatural está a punto de suceder, y sino que se lo digan a Richard Dreyfuss en Encuentros en la tercera fase: en Planeta 51 City tienen un problema, sin duda, porque el terror vendrá del espacio exteriory podría originar una Guerra de los mundos. Una invasión que se producirá no por una Mujer de 50 pies, ni de un Joda de mil años, sino de un humano Elegido para la gloria. Pero al final, tras persecuciones vertiginosas incluso en bicicleta, tras incluso Cantar bajo la lluvia de piedras tipo Gene Kelly, tras creerse infectados por un virus alienígena que posee su cuerpo, la cosa al final no se queda ni en un Mars Attack de coña, ni eso, porque nuestro Buzz Lightyear tuneado y repixelado es muy fanfarrón, más chulito que un ocho tumbado… pero buena gente. El bombardeo audiovisual por tierra, mar, aire y espacio es despiadado y los cinco sentidos deben estar alerta para correlacionar en nanosegundos la iconografía cinematográfica de Planeta 51 con la nuestra, con una Marilin ToMorrow verdosilla pero igual de sexi a la que también se le levantan las faldas (o la Tentación vive MUY arriba),  la ventosa en la frente del prota con Toy Story,  las gafas destroyer y el “Sayonara baby” del cyborg más famoso de la historia del cine y si incluso uno tiene el oído (y la memoria) muy finos puede correlacionar el sonido del los coches ingrávidos (allí casi todo lo es) del Planeta 51 con el de las cuadrigas atómicas de Star Wars Episodio I, aunque esto ya es para nota (o paranoia mía), y…bufff…y mucho, mucho más: el ejercicio es tan agotador como gratificante, se lo aseguro…

Quizás sea todo esto una excusa para su re-visionado de la movie, que no me importaría pues está plagada de millones de detalles/segundo (¿o eran polígonos?) imposibles de asimilar. Por eso recomiendo estar muy muy atentos: tómense un café cargadito o algo y no pestañeen durante 91 minutos. Of course, reto a los valientes con buena memoria que plasmen en los comentarios de esta crítica más guiños cinematográficos que a un servidor se le hayan colado…que serán unos cuantos.

Como han podido comprobar no he entrado a valorar en ningún momento el guión de la película, pues hoy se me antoja ejercicio tan evitable como subjetivo, y no me apetece compararla con otras producciones anteriores porque considero que Planet 51 es, sencillamente, otra cosa: véanla y decidan por sí mismos. Sólo puedo afirmar me he partido de risa como el niño que soy, como el niño que fui y que me ha entretenido mucho.

Termino diciendo que todo lo anterior expuesto no es más que la punta del iceberg (o de la nave comandada por Charles T. Baker). Ese astronauta dio un pequeño paso para un hombre, pero un gran salto-no sé si para la humanidad- pero sin duda enorme para la industria de la animación española. Por favor, animémosles a dar muchos más saltos, pues sus creadores constituyen un oasis de talento en medio de un desierto de mediocridad. Lo dicho: ¡olé!

(c), 2010 Raymond Gali.

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GRACIAS POR TUS COMENTARIOS

  2 Responses to “Planeta 51: Venzamos el miedo a lo desconocido.”

  1. Muchas gracias por tu comentario Jorge: que sepas que reestrenas mi blog (perdí algunos comentarios anteriores, sorry José Alfonso y Mariano).
    Totalmente de acuerdo con las dos cosas, con la diferencia de división entre Pixar y todos los demás (Dreamworlds también pudo competir con ellos con alguna de animación de igual a igual) y que es un orgullo que Planet 51 sea made in Spain. Además, creo que rentable, cosa que en los tiempos que corren no es ninguna tontería.

  2. Yo la vi un par de veces. La primera me gustó, y la segunda me gustó aún más. Para mí hay un buen trecho entre las pelis de Pixar y todas las demás de animación, pero desde luego me atrevería a decir que sin contar con las de Pixar, Planet 51 es una de las mejores pelis que hay en su estilo, y es un orgullo que sea cosa de españoles, y sobre todo, que lo hayan conseguido en su primer intento a lo grande.

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